Opinión

Educación para la sexualidad

Actualizado el 22 de febrero de 2017 a las 12:00 am

Este año los temas de afectividad y sexualidad se incorporan a todos los niveles de primaria

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Educación para la sexualidad

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Desde nuestra llegada al Ministerio de Educación Pública (MEP) señalamos como uno de los logros de la anterior administración la aprobación de un programa para el III ciclo ( 7°,8° y 9° año), esfuerzo relevante que nos ha permitido seguir avanzando en este enorme reto de dotar al estudiantado de herramientas para una vida sexual sana y responsable, que involucre el factor afectivo y emocional.

El aula: espacio clave. La educación para la sexualidad debe encontrar en el aula un espacio de formación y diálogo abierto, transparente, libre de prejuicios y discriminación. Vemos con gran optimismo que, según se plasma en la II Encuesta sobre Salud Sexual y Reproductiva, la incorporación de la educación en sexualidad dentro del currículo se refleja en el cambio de las fuentes de guía e información: nuestro estudiantado hoy busca con más confianza a madres, padres y docentes.

El sistema educativo es un espacio fundamental para lograr revertir datos alarmantes como los siguientes: una de cada tres mujeres menores de 15 años tuvo su primera relación con una pareja más de cinco años mayor; una de cada tres mujeres manifestó haber sufrido algún tipo de abuso u hostigamiento sexual. En esta lucha los padres y madres, los jóvenes no están solos.

Nuevos esfuerzos. Somos conscientes de que los cambios requeridos no sucederán si no ponemos nuestro trabajo planificado en función de este objetivo. Por ello, también en este campo, hemos desarrollado varias iniciativas.

Impulsamos un nuevo programa de Afectividad y Sexualidad para 10° y11° año que muy pronto conocerá el Consejo Superior de Educación. Con la colaboración del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu), trabajamos en la revisión y mejora del programa existente para el tercer ciclo.

A partir de este año, los temas de afectividad y sexualidad se incorporan en el programa de todos los niveles de la educación primaria, con un abordaje acorde con la edad y el nivel de desarrollo psicológico y emocional de niños y niñas.

Entre otros temas, en primer grado se educa para el reconocimiento de situaciones que afectan el bienestar personal, medidas preventivas y de denuncia contra manifestaciones de violencia. En el segundo año se aborda el cuidado de la salud y las relaciones humanas. En tercer grado se profundizan medidas contra manifestaciones de violencia en instituciones, hogares o comunidad.

En cuarto año se habla de estigmas sociales y discriminación; se reconocen los órganos de los sistemas reproductores y su cuidado. En quinto se aborda el inicio de la madurez sexual, la reproducción humana, la relación entre sexo, género y sexualidad. En sexto se aborda la madurez sexual y la reproducción y la importancia de la maternidad y paternidad responsables.

El programa de III ciclo dejará de ser el “único espacio” con que se cuenta para abordar esta temática para convertirse –como debe ser– en un hilo conductor a lo largo de las diversos niveles formativos. Además de estos espacios curriculares específicos, estamos incorporando el tema en programas de estudio como Ciencias, Psicología y Orientación, con lo cual conformaremos un modelo más integral e integrador. Incluimos un eje relacionado con el tema de educación para la afectividad y sexualidad en los programas de estudio de Orientación desde primaria hasta secundaria.

Toda esta transformación está siendo orientada por una nueva “Política de Educación para la Afectividad y Sexualidad Integral” que hemos actualizado con el valioso apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), con lo cual podremos presentar a consideración del Consejo Superior de Educación un nuevo marco que renueva la “Política de Educación Integral de la Expresión de la Sexualidad” que data del año 2001.

Apoyamos al profesorado por medio de la capacitación. Desde el 2014 formamos en temas como: la aplicación del programa de estudio en Ciencias y Orientación, salud sexual y reproductiva, promoción de derechos humanos, habilidades para la vida y proyecto de vida, prevención de la violencia en el noviazgo, atención al embarazo y la maternidad/paternidad, prevención y atención de situaciones de violencia, enfoque de género, hostigamiento sexual contra los niños, las niñas y las mujeres.

Coherencia. Lo que se desarrolla en las aulas debe reforzarse con el ejemplo. La cultura institucional también debe cambiar. En armonía con la visión orientadora emanada desde la Presidencia de la República, declaramos al MEP como espacio libre de discriminación por orientación sexual e identidad de género, reformamos el marco legal para garantizar el derecho a la identidad de género y la no discriminación de la población LGTB, además emitimos una resolución para reconocer, en la documentación oficial, la identidad de género de la población “trans”.

Mediante el proyecto Mesoamericano –que se inició en la administración anterior–, nos proponemos contribuir a la reducción del embarazo adolescente, apoyando el desarrollo de un modelo intersectorial a través de redes locales para la prevención del embarazo.

Reforzamos el órgano investigador en materia de hostigamiento y abuso sexual mediante la capacitación y el recurso humano. Estamos claros de que quienes eduquen a las personas menores de edad no pueden ser quienes violenten sus derechos de ninguna forma.

Hemos logrado el apoyo económico, técnico y académico de instancias externas como UNFPA, el Inamu, el Poder Judicial, el Colypro y la UNA, entre otros.

Estamos conscientes de que los retos son inmensos. Los prejuicios, la visión estereotipada, las resistencias, los temores, la violencia, conspiran para amarrarnos a los vicios del pasado. Esta importante tarea debemos enfrentarla con mayor capacitación, sensibilización e innovación pedagógicas.

El cambio cultural en esta materia es un proceso cuyos resultados se alcanzan progresivamente; requiere además una evaluación permanente. Formar para una afectividad y sexualidad sana es una tarea que debemos enfrentar de manera conjunta: como sistema educativo, familia, medios de comunicación y sociedad en general. Enfrentamos ingentes retos, es cierto, pero en el MEP estamos haciendo la tarea.

Sonia Marta Mora es ministra de Educación Pública.

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