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Educacion para la sexualidad y la afectividad: una vieja deuda

Actualizado el 17 de agosto de 2012 a las 12:00 am

El programa “Educación para la afectividad y la sexualidad integral” es un gran logro

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Hace aproximadamente 15 años, un grupo de profesionales tuvimos la oportunidad de trabajar con población joven –hombres y mujeres– de diferentes comunidades pobres, y yo, particularmente, tuve relación y acercamiento con jóvenes que cursaban su secundaria en colegios privados, en su mayoría hombres. En ambos casos, cuando se conversó sobre los temas que más les preocupaban o inquietaban, señalaron la sexualidad como una de los principales. Su interés se ubicaba tanto en poder conocer lo más básico de su funcionamiento, como en el establecimiento de relaciones con el sexo opuesto.

Este planteamiento, para el grupo de profesionales, fue una sorpresa, porque en general este era un tema más individual y del ámbito privado, y nos enfrentábamos a la realidad de lo delicado del asunto y de que no teníamos las herramientas para una pronta y adecuada respuesta. Haciendo un esfuerzo grande, se buscó apoyo en diversas organizaciones y con algunas personas que habían tratado la temática, pudimos hacer algunos talleres, muy puntuales y básicos. Los resultados fueron muy reveladores: en los dos grupos de referencia y para ambos sexos había un gran desconocimiento de su sexualidad, tanto en su individualidad como en la relación social.

Percepciones negativas.

Las percepciones respecto a la sexualidad eran bastante negativas, tanto para los que habían recibido algo de formación, como para los que “aprendieron en la calle”, que eran la mayoría de forma general se resumía en que “el sexo produce enfermedades y embarazos”, por lo que es malo e inconveniente... pero está presente en sus vidas, como un peligro que atrae, como una realidad de la que no pueden escapar.

En el caso de los hombres, manifestaban que les hubiera gustado establecer una relación pero no sabían cómo lograrlo; por lo tanto, su acercamiento tenía un carácter puramente sexual y con gran temor a que se diera un embarazo y tener que pagar pensión, pero sin que ello los llevara a tomar medidas concretas para evitar que esto se produjera.

En el caso de las muchachas, que provenían de comunidades pobres, que eran madres adolescentes, en su mayoría, además del gran desconocimiento de su sexualidad tanto a nivel de su cuerpo como en su relación social, mostraban los estragos psicológicos de enfrentar una situación (embarazo y maternidad) para la que no estaban preparadas, ni comprendían claramente lo que sucedió.

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Me quedó grabado el comentario de una niña de 15 años, que me dijo “en mi casa sí me hablaron de sexo, pero lo que me explicaron nada tiene que ver con lo que pasa afuera, y lo que me dijeron no me sirvió de nada; cuando me di cuenta, estaba embarazada, y el que era mi novio me dijo que yo no era su novia y se fue".

Cuántas como ella y otras peor, cuántos niños y niñas naciendo marcados por la ignorancia y una buena parte también por la pobreza... y aun así nos negamos a darles educación para una vida mejor, con conocimiento y capacidad para relacionarse y decidir. No es difícil suponer que esas madres adolescentes del ayer, hoy, en buena parte, ya sean abuelas.

En el caso de los muchachos, los de las comunidades pobres y los de educación privada, en asuntos de sexualidad, eran lo mismo, irresponsables, con una consideración de la mujer “objeto sexual”, sin disposición al compromiso, ni a formar un proyecto de pareja, intentando aprovechar la oportunidad y el momento, asustados por leyes que no conocían con claridad, pero que tenían ejemplos que los marcaban, con un desprestigiado concepto de “familia”, con miedo a relacionarse con la mujer actual en un plano de igual a igual.

Ante esta contundente situación, surgen las preguntas: ¿Por qué habrían de ser diferentes los adolescentes de hoy? ¿Qué se les ha dado para que modifiquen estos conceptos? Televisión, Internet u otros medios de comunicación, que presentan valores que apuntan a la “cosificación” de las personas o peor, a la agresión, al irrespeto... Con todo esto, no podemos como sociedad, negarnos a la educación amplia y real de la sexualidad y la afectividad, más que ofrecer un programa de educación, es un deber, un derecho humano, dar a nuestra juventud conocimientos y herramientas para una vida más plena.

Si bien lo expuesto es una experiencia particular, los resultados generales según la CCSS, el MEP y otras organizaciones, en su manifestación más visible, el embarazo adolescente persiste, lo cual es una consecuencia de situaciones mucho más complejas, por lo que educar para la sexualidad y la afectividad es, ¡por fin!, saldar una vieja deuda.

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Límite a derecho a la educación.

Lástima que esta deuda vaya a ser saldada parcialmente, dado el fallo “salomónico” de la Sala Constitucional, que otorga a los padres, madres o representantes, la potestad de autorizar a sus hijos el recibir, o no, las lecciones relacionadas con la sexualidad y la afectividad.

Pese a estas condiciones, no deja de ser un gran logro para la sociedad costarricense el incorporar en sus planes de estudio un programa de “Educación para la afectividad y la sexualidad integral”, sobre todo cuando trata un tema tan propio del ser humano y a la vez, tan rodeado de tabúes, ignorancia, morbo y tradicionalmente abordado desde las doctrinas religiosas. Sin embargo, este debería considerarse un primer avance hacia la consolidación de una política de estado con la obligatoriedad de impartir una educación integral a su población estudiantil.

En este momento, dada la inevitable situación de contar con dos grupos de estudiantes, los que reciben educación sexual en sus centros educativos y los que no, podría resultar ciertamenteinteresante dar seguimiento y analizar el comportamiento de algunos indicadores entre ambos grupos, para determinar las diferencias que podrían manifestarse, en un mediano plazo, en cada uno de estos.

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