Opinión

Educación sexual al descubierto

Actualizado el 22 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Costa Ricanecesita niñosy mayor ayudaa las madres

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Desde que el Consejo Superior de Educación emitiera su plácet el pasado mes de junio, encontramos noticias relacionadas con el programa de educación sexual del Ministerio de Educación Pública –monocordemente laudatorias- hasta en la sopa.

La “educación para la afectividad y la sexualidad integral” que los estudiantes de 7.º, 8.º y 9.º de secundaria recibirán durante el curso lectivo de 2013, se puede calificar de cualquier cosa menos de original: es un calco de los programas que sobre esta materia, con el auspicio de la ONU y desde sus Objetivos del Milenio, se multiplican por el planeta, con nefastos resultados. No está pensada para Costa Rica, sino para homogeneizar la cosificación de lo humano como cultura.

En cuanto a los publicitados 14.000 embarazos adolescentes anuales en Costa Rica (el monto real en 2011 es 13.867; es decir, el 96,5% de las adolescentes no estuvo en esa situación), la estadística se encarga de ubicar las cifras en su contexto. En primer lugar, el informe Panorama Demográfico 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) establece una comparativa reveladora que abarca dos decenios: “Al calcular las tasas específicas de fecundidad, el grupo de mujeres entre 15 y 19 años muestra una reducción significativa, ya que para el año 1990 era de 92,10 hijos, y para el 2010, este indicador disminuyó a 61,85 hijos por cada mil mujeres” (Fuente: INEC). ¡Prodigio sin vademécums sexuales! Por otra parte, la edad de las madres adolescentes se clasifica en dos rangos quinquenales, a saber: de 10 a 14 años (476 nacimientos en 2011; esto es, el 0,2% de la población de mujeres en ese rango de edad) y de 15 a 19 años (13.391 nacimientos en 2011; esto es, el 6,5% de la población de mujeres en ese rango de edad); esta última categoría comprende mujeres mayores de edad, de 18 años (el 59,2% casadas o en unión libre) y 19 años (el 60% casadas o en unión libre), que representan el 54,5% del total de embarazos adolescentes. Proteger al vulnerable es prioritario, pero meter variables distintas en el mismo saco es demagógico y arroja conclusiones falsas.

El Fondo de Población de la ONU se saca de la manga que en Costa Rica el 47% de los embarazos a cualquier edad son no deseados. Pretenden asimilar el embarazo a una enfermedad, como si los bebés fueran poco menos que bombas radiactivas por evitar en vez de una maravillosa bendición por celebrar. Mientras tanto, el INEC advierte de que en Costa Rica la tasa de fecundidad en 2011 se sitúa en 1,87, bastante por debajo del nivel mínimo de reemplazo generacional de 2,1 (con tendencia a la baja). Singapur también fue víctima de estas mentiras hasta que, ostentando actualmente el nada halagador récord del país con la tasa de fecundidad más baja del mundo (0,78 en 2011), se hizo consciente de esa senda autoextintiva, sustituyendo sus políticas contraceptivas por otras de incentivo a la natalidad. ¡Costa Rica necesita niños (desde la paternidad responsable) y mayor ayuda a sus padres, especialmente a las madres!

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Si se tira del hilo de la madeja de la “educación sexual”, vamos topando, por fases, con la Mesa de Trabajo en Educación Integral para la Sexualidad (MEIS) que participó directamente en la redacción de la guía sexual del MEP y que recibió, a su vez, asesoramiento de la Red Nacional de Defensa y Promoción de Derechos Sexuales y Reproductivos (RED DESER), vinculada a la Asociación Demográfica Costarricense (ADC), ambas directamente financiadas por la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF por sus siglas en inglés), apoyada por la Organización Mundial de la Salud y por el Fondo de Población de la ONU, el mismo que acaba de publicar el informe Estado de la Población Mundial 2012 (La Nación, 15/11/12) abundando, casualmente, en la anticoncepción rampante. Desdevanado el hilo, llegamos a la punta del ovillo de una nueva epistemología de la sexualidad, basada en la venenosa ideología de género: promiscuidad exaltada, abstinencia defenestrada, hedonismo alienante, género reinventado como identidad (la biología estorba), familia natural –unión entre hombre y mujer– atacada ferozmente en virtud de diversidades totalitarias, un suma y sigue de ignominias con las que nos obligan a transigir so pena de exilio de lo políticamente correcto y éticamente inaceptable.

Los jóvenes están hartos de monsergas y sermones desde insoportables dogmas. La autenticidad que buscan únicamente se halla en un comportamiento íntegro, muchas veces a contracorriente, no en repetir palabrería de autómata.

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