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Actualizado el 26 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

Nuestro sistema educativo tiene graves problemas estructurales que debemos corregir

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Nuestro sistema educativo tiene graves problemas estructurales que debemos corregir para tener una sociedad más equitativa y próspera. Nuestra escolaridad promedio se ha mantenido en nueve años y solo el 47% de los jóvenes entre los 19 y los 22 años completa la secundaria, a pesar de que los gastos reales por alumno se han duplicado en los últimos siete años.

Los resultados del bachillerato se mantienen en niveles muy insatisfactorios, especialmente en inglés y matemáticas. Las pruebas PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) nos ubica en la posición 57 de 65 naciones calificadas.

Resultados preocupantes, cuando la inversión en educación se ha duplicado en los últimos 20 años hasta alcanzar el 8,1% del PIB, incluyendo el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y la Universidad Técnica Nacional (UTN).

El Ministerio de Educación (MEP) y más de 70.000 educadores con salarios promedio de ¢1,2 millones no han alcanzado las mejoras en la calidad y pertinencia que requiere nuestra educación. Hoy tenemos muchos más educadores que hace 10 años y no hemos logrado mejoras importantes.

Causas. En nuestro sistema educativo público, que absorbe al 90% de los educandos, la calidad de los docentes no se evalúa periódicamente con gran rigor, debido a la fuerza política de los sindicatos.

En el proceso de contratación del Servicio Civil no se prioriza si los egresados universitarios provienen de carreras acreditadas por el Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (Sinaes).

Para escoger un educador, cualquier título universitario tiene el mismo valor. Es preocupante que, a pesar de la importancia del dominio del inglés para el desarrollo de cualquier profesional, solo el 27% de los profesores de inglés en la educación pública tienen un dominio aceptable del idioma.

En el campo de las matemáticas, solo el 46% de los profesores cumplen al responder a las preguntas de exámenes de bachillerato.

En Costa Rica, ningún educador quiere ser evaluado. De hecho, esta palabra está asociada a castigo y no a oportunidad de mejorar.

Los incentivos financieros para nuestros educadores son automáticos, las anualidades, escalafones y más de 95 incentivos no están ligados a altos niveles de desempeño.

En países más competitivos, para obtener incentivos, todos los educadores se someten a pruebas muy rigurosas que les exigen una mejora continua.

Los incentivos de los educadores que alcanzan el 41% se visualizan como un derecho adquirido, con lo que resulta difícil llegar a acuerdos para mejorar la calidad.

Actualmente, el 70% de los diplomados en educación corresponde a centros privados y más del 80% de esos centros no tienen acreditadas las carreras ante al Sinaes.

Por otra parte, el estatuto del Servicio Civil establece un jurado para los concursos de contratación que está conformado por los sindicatos, la UCR, el MEP y los colegio de profesionales, con lo que prácticamente el Estado renuncia a buscar la calidad.

Esto obliga al Estado a invertir miles de millones de colones todos los años para mejorar la calidad de los contratados.

Por otra parte, es preocupante la diferencia de calidad entre la enseñanza pública y la privada, lo que obliga a muchos hogares de clase media a endeudarse o a invertir una parte muy importante de sus ingresos en escuelas y colegios privados.

Pero ¿qué alternativa le queda a un padre de familia si quiere que su hijo tenga una educación bilingüe y de calidad? ¿Qué tiene que hacer el Estado para mejorar este problema? ¿Estamos avanzando a pesar de nuestra millonaria inversión? ¿Es acaso la mayor inversión la solución a los problemas de nuestro modelo educativo? ¿Qué está pasando con la emisión de títulos de universidades privadas y públicas no acreditadas?

Equidad. No puede ser que solo el 30% de los estudiantes entre los 18 y los 24 años pertenecientes a hogares más pobres están en las universidades públicas. Por la calidad de la enseñanza privada, el 70% de los estudiantes que aspiran a estudiar en las universidades privadas son admitidos. De más de 50.000 graduados por las universidades, muy pocos provienen de carreras acreditadas.

No cabe duda de que nuestro modelo educativo requiere reformas ante los problemas reiterativos de desarticulación, contenidos, calidad, desigualdad, repitencia, mediciones, equidad, nombramientos de educadores, enseñanza del inglés y matemáticas, pertinencia, competencias, equipamiento, infraestructura, duración de los cursos y mejora continua.

Claves del éxito. Lo primero que hay que hacer es ver la educación de calidad como la clave del desarrollo del país. No hay inversión más importante para mejorar nuestra competitividad que una educación de calidad.

Esta es una filosofía que debe estar en toda la sociedad, basándose en la meritocracia y competitividad. Por lo que nuestro sistema educativo debe ser de altos estándares saliendo del sistema de memorización al de investigación y la búsqueda de respuestas.

Nuestro sistema educativo debe evolucionar con la tecnología y las nuevas opciones que ofrece el mercado. Hay que ofrecer distintas materias en la secundaria con posibilidad de especialización desde el principio y permitir a los estudiantes brillantes avanzar y cambiar el curso de acuerdo con su ritmo y cualidades.

Todo aprendizaje debe ser integral para lograr que los alumnos descubran sus habilidades y talentos al máximo en un ámbito artístico, deportivo y académico. Elementos claves para lograr mayor eficiencia en nuestro sistema educativo son mayor independencia, un currículum común, mayor participación de la sociedad civil y el gobierno local, definir metas y objetivos claros que se evalúen cada año y una auditoría externa para valorar resultados cada seis años.

Otra práctica que se debe revisar es que los alumnos, al terminar la primaria, puedan decidir la modalidad de enseñanza a seguir (académica, técnica o vocacional), dependiendo de sus destrezas y capacidades.

Está claro que no todos los estudiantes están preparados para ingresar a las universidades, por lo que debemos ofrecer capacitación muy puntual en el campo técnico de alta tecnología que cada vez más demanda el sector privado. Tenemos que incorporar el sistema dual en nuestra educación técnica.

En cuanto al estatus de los profesores, debe haber un alto reconocimiento social, y sus salarios deben ser muy competitivos con respecto a otras carreras. Si queremos mayor competitividad, debemos hacer grandes esfuerzos para lograr que el inglés sea obligatorio desde primaria para tener una población bilingüe.

Solo el 1% de nuestros estudiantes en la educación pública domina en primaria el inglés y un 10% en los graduados de secundaria.

Técnicos. Graduamos al año unos 15.000 estudiantes en educación técnica, tales como secretariado, contabilidad, ejecutivos para centros de servicios, informática, finanzas, etc. Gracias a la presión del sector privado y a la Ley 7372 de 1993 para el desarrollo de la educación técnica profesional, se dedica el 5% del presupuesto del INA para que las juntas administrativas de los colegios técnicos adquieran equipo.

La población de estudiantes en colegios técnicos supera los 95.000 en 130 centros de estudio. Costa Rica invierte en educación técnica más de ¢140.000 millones, sin tomar en cuenta los recursos del INA.

Nuestro sistema educativo, a pesar de que invierte grandes recursos en educación, no cuenta con centros politécnicos e instituciones técnicas especializadas. El INA no ha modificado su perfil de egresados en forma acelerada de acuerdo con el nuevo modelo de desarrollo de Costa Rica, y la UTN está lejos de ser una institución especializada y dar cursos de alta tecnología.

Algo tenemos que hacer cuando nuestro desempleo está entre el 9% y el 10%, y en los jóvenes, un 23%. Se están creando pocos puestos de trabajo, ante la falta de oferta de técnicos y profesionales que sean bilingües y con los perfiles técnicos que demanda el mercado.

Hoy, más de 800.000 costarricenses están en el mercado informal y hay más de 172.000 “ninis”, es decir, jóvenes que ni estudian ni trabajan.

Tenemos que cambiar el sistema educativo si queremos crecer a niveles de un un 6% a un 8% anual. El mundo cambió y la tecnología y la educación son el centro del desarrollo y la equidad. Reflexionemos para buscar soluciones y dejemos de hablar de los éxitos del pasado.

Analicemos críticamente nuestra realidad. Comparémonos con los mejores. Los cambios en nuestro sistema educativo no pueden ser pospuestos por más tiempo.

El autor es ingeniero.

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