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Educación, educación y más educación

Actualizado el 01 de agosto de 2016 a las 12:00 am

Tenemos más de una década de no saber dónde poner a las personas que delinquen

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Más que seguir sumando legislación penal o punitiva para todo lo que se nos ocurra, creo que nuestro pequeño gran país debe volver a sus raíces: educación y cultura. Nos hemos convertido en un país secuestrado por un espectacular y, en buena medida, retrógrado sistema legal.

Pretendemos arreglar todo con una nueva disposición de carácter legal. Los diputados se mal acostumbraron a creer que su éxito se mide en cantidad de legislación aprobada en su período de ejercicio.

También preferimos hacer legislación nueva en lugar de actualizar legislación existente. Nos falta humildad para trabajar, enmendar y actualizar los éxitos de nuestros antecesores.

Somos un país pobre y abrumado por una institucionalidad y una burocracia exasperantes, con un enorme y disfuncional aparato estatal que, de múltiples e imaginativas maneras, se las arregla para imposibilitar un rápido y necesario desarrollo de todo nuestro potencial económico, algo fundamental para transformar pobreza en riqueza y bienestar para reducir la creciente brecha social.

Hacinamiento. Tenemos más de una década de no saber dónde poner a las personas que delinquen. No tenemos los recursos necesarios para dar el trato correcto a los privados de libertad; sin embargo, nuestra ciudadanía, como en un circo romano, le exige a sus gobernantes más y mayor legislación punitiva.

¿Es que acaso no sería más fácil invertir más en educación dirigida, que se puede coordinar con los programas de enseñanza de escuelas y colegios, y al mismo tiempo hacer campañas dirigidas hacia la temática de interés?

Hay demasiada legislación que corregir o actualizar como para seguir sumando ocurrencias de altísimo costo para la hacienda pública y para la ciudadanía en general.

Somos un país con cinco universidades estatales que bien podrían colaborar en el desarrollo y ejecución de dichas campañas. La empresa privada, las ONG, los organismos internacionales, las fundaciones y otros colaborarán gustosos sí se les pide su apoyo.

La Educación, sí, con mayúscula, es la clave de la formación ciudadana, es algo en lo que debemos trabajar día a día. Respeto y comprensión por todos los seres con que convivimos en nuestro propio ambiente es una meta totalmente alcanzable.

Es mucho más rentable y perdurable lo que hagamos a través de la formación de nuestros ciudadanos que lo que pretendamos corregir con más legislación de carácter punitivo; educar es sostenible, mucho mejor que demandar, exigir y castigar.

El autor es agroecólogo.

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