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Educación y competitividad

Actualizado el 21 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Educación y competitividad

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El pasado 19 de octubre fui invitada a participar como panelista en uno de los foros de la Tercera Edición de la Cumbre sobre Competitividad organizada por AMCHAM. El tema central del evento: “¿Cuál es la Costa Rica que necesitamos al 2020?,” y, más importante aún, ¿cuáles acciones prioritarias debemos efectuar en los próximos 8 años a fin conseguir los objetivos trazados?

A lo largo de las constructivas reflexiones, si algo quedó claro, fue el rol estratégico que la educación y la innovación están llamadas a cumplir, como el nervio de un más potente motor de crecimiento y de generación de riqueza desde la formación y desarrollo de un recurso humano que produzca con un alto nivel de valor agregado.

Apostar a la educación no es una receta nueva. La educación, ha sido uno de los pilares de nuestra madurez democrática, estabilidad política y de la paz social. Ha sido también una piedra angular para contar con una fuerza laboral que hizo posible nuestro crecimiento económico y el multiplicar nuestras exportaciones a $10.000 millones de dólares, atraer anualmente inversión extranjera por el orden de los $2.000 millones, y aumentar el ingreso per cápita a $9.000 dólares.

Sin embargo debemos reconocer que ese crecimiento económico no ha beneficiado por igual a todos. Llevamos ya varios años sin poder disminuir significativamente la pobreza del 20%, y, si queremos alcanzar los niveles de productividad y competitividad que el país requiere, para avanzar significativamente en nuestros índices de desarrollo humano, debemos realizar cambios más profundos.

Se requieren mejoras en cobertura, calidad y pertinencia. Debemos también adoptar la recomendación realizada por los tres informes del Estado de la Educación y declarar como obligatoria la educación diversificada; claro está, acompañando tal decisión con los recursos técnicos y monetarios que tal compromiso demande.

Como país debemos concentrarnos en fortalecer la educación técnica y aspirar a subir la matrícula del 20% al 60%, como lo hacen países con modelos exitosos como Holanda, Suiza y Finlandia.

Hay que reforzar áreas estratégicas como la enseñanza de las ciencias y las matemáticas. Mejorar la articulación entre las instituciones de la educación superior y parauniversitarias, teniendo en mente las demandas del mercado. No estamos renunciando a los humanistas, sino aspirando a tener más personas en las ingenierías.

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Soy una convencida de que lograr una más amplia fuerza laboral altamente calificada es la mejor receta para ser grandes ganadores en la era del conocimiento y poder garantizarles a las nuevas generaciones mejores niveles de bienestar.

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