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Eduardo García de Enterría: In memóriam

Actualizado el 25 de septiembre de 2013 a las 12:05 am

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Eduardo García de Enterría: In memóriam

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Ha partido de este mundo el muy apreciado y admirado profesor Eduardo García de Enterría, brillante catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, maestro de maestros, libre pensador y columna paradigmática del Derecho Público comparado. Además, fue un luchador incansable por los derechos humanos y por la efectividad de los límites contra los abusos del poder público, de la Administración central y de las descentralizadas, de nivel institucional, territorial y corporativo.

También se distinguió como pensador insigne, con amplísimo manejo complementario de la ciencia política, filosofía, historia, sociología y literatura, con las que se lució indiscutiblemente a través de la expresión doctrinal y de sus amplias, ricas y sesudas conferencias, fuente de inspiración y guía para quienes transitamos por el camino pedregoso de la ciencia social.

Amplia formación. Su formación no quedó circunscrita al derecho de base latina –que dominó perfectamente– pues también anduvo con pasión animosa por el derecho anglosajón, en el que encontró muchos elementos positivos para la formación de nuevas generaciones de estudiantes y estudiosos. Esto, tras retomar, adaptar y agudizar institutos procesales de oralidad, con justicia pronta y cumplida, y con un redescubrimiento del derecho no escrito a través de la costumbre, la jurisprudencia, los principios generales y la fuerza vital de los pueblos civilizados. Ahí fue donde otro gran jurista, llamado Savigny, pudo sentar las bases de su destacada escuela histórica.

No fue menor su preparación desde la raíz germánica, a través de la cual mantuvo un vínculo estrecho y admirable –según la evolución de la legislación, doctrina y jurisprudencia–, abocado a la defensa de la democracia y al Estado social de derecho, sin perjuicio de la economía social de mercado, ni de la adaptación de las administraciones públicas al desarrollo de la sofisticada tecnología de punta, con respeto de los derechos fundamentales. Su voz en la Unión Europea seguirá haciendo eco en la conciencia ciudadana, como soldado y baluarte.

Humanista. Tuve el privilegio de compartir con el maestro su cátedra, dentro y fuera del horario estrictamente académico, a través de la activa tutoría doctoral, siempre vibrante, con un manejo extraordinario de la cultura humanista y con cuestionamientos directos para el fortalecimiento del debate y el ejercicio permanente y agudo del racionalismo crítico. Su pasión por la verdad, la objetividad y la justicia lo hicieron ser un apóstol de la libertad, en su doble dimensión individual y colectiva, con la fuerza pretoriana de quien lucha contra las inmunidades del poder, nefasta herencia de tesis absolutistas y autocráticas.

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Afecto a Costa Rica. Siempre estuvo ligado a Costa Rica, y conservaba un profundo afecto y respeto por su democracia, además de grandes amigos juristas nacionales y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Su apreciada nota del 22 de abril del 2000, enviada a quienes fuimos parte de la comisión redactora del Código Procesal Contencioso Administrativo, es otra muestra inequívoca que lo describe:

“He leído con atención el proyecto del Código Procesal Contencioso Administrativo, que tan amablemente me han enviado a través de Jesús González Pérez. Mi juicio global es completamente positivo y felicito a ustedes por su excelente trabajo. La existencia de una justicia administrativa sin los viejos complejos restrictivos con que esta nuestra rama de la justicia se inició, es un postulado del Estado de Derecho que caracteriza, ya definitivamente, a nuestro tiempo. La democracia se expresa, sobre todo, en la Ley, que es la única fuente de autoridad que pueden ejercer los gobernantes. Asegurar el imperio de la Ley ha pasado a ser, por tanto, una exigencia de la democracia y de la libertad.

“Es, también, inexacto que una justicia administrativa rigurosa pueda afectar la eficacia de la actividad de la Administración; antes bien su seguridad canaliza esa eficacia hacia los objetivos de verdad relevantes. La experiencia de la justicia administrativa allí donde acuda más vinculante a la voluntad de la ley, así lo demuestra concluyentemente. He leído con atención todo el texto y no puedo por menos de felicitarlos por el buen criterio de que hacen gala en cuantas innovaciones introducen.

“Me parece innecesario detenerme en puntualizaciones y detalles, pues todo el proyecto es excelente. Les deseo que sean capaces de llevarlo a término, finalmente, y que las resistencias, que no pueden basarse más que en las condiciones generales por un sistema insuficiente y lleno de lunares, terminen, finalmente, por alinearse al lado de proyecto tan progresivo. Reciban, con mi felicitación sincera, un saludo muy cordial. Eduardo García de Enterría”.

Mucho queda por agregar a una vida dedicada a los suyos y a la ciencia jurídica más allá de la simple exégesis normativa, sin imaginación, interpretación ni creatividad; el maestro fue siempre partidario de una de las máximas de Epicteto: “Lo más insufrible para el hombre razonable es lo que carece de razón”.

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Que su espíritu eterno descanse en la morada del ser, con el abono fértil y deslumbrante de un ser que nunca dejará de ser.

¡Vida eterna a quien eternidad merece!

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