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Edificio legislativo

Actualizado el 13 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

El primer poder de la República debería encabezar la política ambientalista

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Desde Babilonia hasta Versalles y la Ciudad Prohibida, pasando por los jardines romanos y renacentistas, desde Cusco hasta el palacio de Ankor: en todas partes el gobierno se dotó de un edificio que lo representara. La casa simboliza la legitimidad del poder (o al menos lo pretende, cuando esta legitimidad es falsa o usurpada).

Los imperios, los reyes, incluso viles dictadores han expresado la importancia de un centro arquitectónico como sede.

Hoy, gracias a las luchas democráticas modernas que se iniciaron con el pensamiento ilustrado, el poder tiene que legitimarse de otra forma, y no solo por su presencia física monumental, por la capacidad de imposición armada o religiosa, o por distribuir tierras como en el feudalismo. Aun en la tesitura democrática, la sede del poder exige la dignidad de la representación.

Un ejemplo es Alemania, después de la reunificación. El Parlamento Federal conservó en Berlín el viejo edificio restaurado del Reichstag (o dieta imperial). Hoy sigue llamándose así, aunque ya no existe el Reich prusiano. El edificio funciona como sede del Bundestag (o Parlamento Federal).

Cerca del Reichstag se construyeron los despachos de trabajo de los diputados. Esas oficinas dan a la calle y las ventanas no tienen cortinas. El diseño con muchos cristales y luz abundante emite un mensaje de transparencia: el ejercicio del poder deber ser visible.

¿Qué imagen darán los diputados costarricenses con su nueva casa? Nada más curioso: la Asamblea Legislativa se rodea de concreto, en una mole sin ventanas al exterior, condenada a mirar hacia dentro.

No puedo dejar de sorprenderme por otro asunto que salta a la vista. Siendo Costa Rica un país que pone tanto empeño en la cuestión ambientalista, el primer poder de la República debería encabezar esta política; pero no, más bien parece haber renunciado a la oportunidad única de construir un edificio ecológico, en parte al menos autosostenible energéticamente, y más bien hace lo contrario. Nueva contradicción. Lástima.

El autor es filósofo.

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