Opinión

Don Luis Guillermo: enrumbe a Costa Rica hacia el futuro

Actualizado el 18 de abril de 2016 a las 12:00 am

Quienes consideren que hacer ciencia es caro, deberían probar la ignorancia

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Don Luis Guillermo: enrumbe a Costa Rica hacia el futuro

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Señor presidente: Como ciudadano costarricense, me permito escribirle de forma abierta y sincera acerca de las preocupaciones que inquietan a varios miles de personas investigadoras en las ciencias y las ingenierías tanto dentro como fuera del país.

Costa Rica tiene todo para ser exitosa, pero no lo es. Cuenta con un territorio y una población de tamaño apropiado para ser manejable y competitiva; una percepción internacional favorable; una riqueza biológica que ofrece cientos de años de trabajo a la ciencia; y, sobre todo, una posición estratégica en la geografía del magno continente americano.

Tenemos todo, excepto la inteligencia colectiva para decidirnos de una vez por todas a definir conscientemente nuestro futuro.

Deseo sugerirle que enfoque la segunda mitad de su administración a un objetivo que cambie nuestra historia de raíz: que Costa Rica se convierta en el mejor ejemplo de un país que, al salvaguardar sus recursos naturales y la justicia social, extiende la supervivencia de la especie humana en la Tierra el tiempo suficiente para luego conquistar las estrellas. Y ese enfoque, para no quedar en un discurso político vacío, se inicia con un proyecto fundamental.

Nuevo modelo de desarrollo. El proyecto más importante de nuestra generación es la construcción de una sociedad y economía basadas en el conocimiento. Se requiere un ministerio eficiente y enérgico que funcione bajo salario único para extender su personal con perfiles de alto calibre en concordancia con nuestras aspiraciones a acceder la OCDE.

El Micitt ha sido el eterno desvalido, sin recursos, mientras que en otros países es el brazo potente que levanta a las naciones hacia horizontes más altos.

Telecomunicaciones, como tema propiamente económico y de regulación de mercados con múltiples marañas legales, no debe distraer la atención de la tarea de crear el futuro y debe ser una cartera aparte.

Micit (sin la última T) debe enfocarse en diseñar el modelo económico del país de aquí a cien años a partir de la riqueza del intelecto tico. Sí, el futuro se diseña, no solo ocurre. No podemos seguir pensando en saltos míseros de cuatro años como si el futuro de Costa Rica fuese una gigantesca rayuela.

Debe contarse con inversión estatal para proyectos de primer mundo, capaces de construir infraestructura público-privada que parta de la ciencia básica hasta llegar al mejor tipo de innovación: aquella que desborda sesos en vez de elevator pitches.

Es ridículo imaginar un país que dedique a la renovación de la fachada del edificio de la Corte Suprema de Justicia seis veces más dinero de lo que invierte en ciencia y tecnología al año. Lo lamentable es que no necesitamos imaginarlo, pues esta es Costa Rica hoy donde la ley parece haber encarcelado a la lógica.

Debemos repatriar a quienes son exitosos fuera y desean volver a su país. Esto requiere al menos un presupuesto para el fondo de incentivos de un monto anual mínimo de ¢25.000 millones, ejecutados con planificación estricta y con exigencias claras para quienes accedan: excelencia internacional, independientemente de si es investigación básica o aplicada.

Bastaría con trasladar un modesto 6% del superávit anual del Estado para resolver muchos problemas del país y crear nuevas fuentes de empleo en vez de estar en un banco ganando intereses.

Un solo microscopio de transmisión electrónica, una de las ventanas al mundo de los átomos que nos susurran los secretos del mañana, cuesta ¢1.000 millones.

Liderazgo. La única forma de vencer a la pobreza, a la ignorancia, a la injusticia y a la corrupción es mediante la luz redentora del conocimiento.

Su liderazgo como jefe de Estado es clave para que, en el océano de lo inmediato, el futuro no quede indefinidamente postergado.

Parafraseando a David Bok, presidente de la Universidad de Harvard, quienes consideren que hacer ciencia es caro, deberían probar la ignorancia: en Costa Rica no solo la hemos degustado, sino que estamos indigestos.

Con la esperanza de estas reflexiones tengan algún mérito, me despido.

El autor es investigador.

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