Opinión

Don Armando y el dogma fiscal

Actualizado el 04 de octubre de 2014 a las 12:00 am

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Don Armando y el dogma fiscal

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Escribe don Armando González, en su columna del pasado 21 de setiembre, a propósito de mi disputa con don Ottón Solís acerca del Presupuesto Nacional, que la “disciplina fiscal” es un dogma positivo.

En su criterio, en nombre de aquel dogma, no hay más remedio que recortar ¢300.000 millones o más. El criterio es sencillo: 20% aquí, otro 30% allá y el 50% en lo que sea. Ciertamente, es tan arbitrario e irresponsable como afirmar cero consultorías, cero horas extras, cero anualidades o ninguna seguridad del Estado.

Se trata, en criterio de los dogmáticos, incluyendo a don Ottón y a don Armando, de imponer la disciplina fiscal a rajatabla y un recorte presupuestario ejemplar, sin diferenciación alguna, sin que las consecuencias importen, sin que se conozca su impacto en políticas y programas públicos, de los anteriores o del actual Gobierno. Lo importante es el porcentaje de recorte. Cuanto más alto, mejor, coinciden los dogmáticos.

Tal como lo señalé en mi intervención en el Plenario legislativo del pasado 16 de setiembre, compartimos la preocupación por la salud de las finanzas públicas, pero nos oponemos al criterio ciego de querer aplicar el recorte indiferenciado en el debate sobre el Presupuesto Nacional, independientemente de sus efectos.

Como lo mencioné ese mismo día, “tenemos que bajar el déficit, claro que sí, pero hay que manejar la forma, no es un tema de quien se levanta y simplemente impone; aquí hay que convencer y hay que convencer de buena manera para permitir que el buque se mueva los grados necesarios y volver de nuevo al Estado social de derecho”.

En nuestro criterio, cualquier imposición unilateral resultará infructuosa e insostenible, y hasta peligrosa, para la estabilidad del país. Nuestro lema, por el contrario, siempre ha sido: “Con tijeras, no con hacha o machete”.

Vemos con satisfacción que esta posición ha ido ganando terreno y que el clima inquisidor de los primeros días ha empezado a dar paso al debate serio y responsable, incluso en el propio don Ottón, que ha empezado a moderar su posición inicial.

Espero que, con el tiempo, don Armando comprenda su falta de rigor para referirse a nuestra intervención del 16 de setiembre en el Plenario y la razonabilidad de nuestra posición sobre este tema. Tal vez, así, logre escapar de su propio dogmatismo.

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