Opinión

Discutamos también nuestra demanda de energía

Actualizado el 21 de junio de 2013 a las 12:00 am

Reducir la demanda podría ser más económico y amigable con el ambiente

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Discutamos también nuestra demanda de energía

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El debate nacional sobre energía se amplía y es muy esperanzador observar participación ciudadana aportando creativamente, sugiriendo nuevas tecnologías, fuentes energéticas e innovadoras políticas públicas. Con la misma creatividad, el debate debe considerar la demanda, no solo la oferta: una introspección necesaria.

El artículo sobre geotermia del Ing. González (La Nación, Foro, 17/6/2013) presenta un resumen de dicha tecnología y apoya su implementación en nuestras áreas protegidas más emblemáticas, partiendo del supuesto de que es obligación producir más electricidad. Se limita a referirse a la alta entalpía, que se encuentra en las zonas más cercanas a nuestros volcanes, sin explorar la opción de la alternativa que no requeriría acercarse tanto: la baja entalpía.

Aparte los ejemplos en el Reino Unido, España, Alemania y Nueva Zelanda, en Costa Rica esta tecnología ha sido investigada y probada como una opción limpia y firme, con un alto factor de planta. Mi pregunta es, ¿por qué no explotar esta alternativa aquí en Costa Rica dado que ofrece mayor flexibilidad geográfica, usando terrenos fuera de nuestros parques nacionales? Así se evitarán los onerosos costos de mitigación ambiental relacionados con perforar en un lugar declarado de interés natural extraordinario por la Unesco, además de evitar la discusión legal que actualmente representa el proyecto de ley 17680.

Enfrentar el tema desde atender la demanda creciente es característico de la mayoría de expertos que se han pronunciado hasta la fecha. Reitero la importancia de discutir no solo otras opciones renovables como la solar y mareomotriz, sino que también el consumo: nuestra demanda energética. A pesar de la preocupación por el cambio climático y la seguridad energética, hay una pregunta fundamental que no nos hacemos: ¿Por qué ocupamos tanta energía?

El debate se centra en la oferta de energía. Una reducción en la demanda general podría resultar ser una solución más económica, comparativamente más fácil y definitivamente más amigable con el ambiente. Para reducir nuestra demanda, primero tendríamos que discutir nuevas políticas energéticas: el primer paso sería reconocer la energía como bien público, no como mercancía a comercializarse dentro y fuera del país.

El Gobierno tendría que tomar el rol principal en dirigirnos hacia resultados factibles de políticas públicas energéticas de reducción de demanda, de la misma manera en que nos dirige hacia resultados específicos en salud y educación. Haría falta incentivos para cambiar la manera en que consumimos, directo e indirectamente –sobre todo en edificios, alimentación, comercio y transporte. Se tendría que estimular una planificación más eficiente de nuestros espacios urbanos, dando mayor importancia a zonas peatonales con ciclovías, con centros de comercio y empleo más cercanos a los intercambios de transporte público y viceversa.

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Habría que enfrentar las implicaciones energéticas de la alimentación y la agricultura, las cuales son enormes pero casi que ignoradas por políticas públicas. Incentivos por un mejor manejo de terrenos, promoviendo productos locales y de temporada, harían una enorme diferencia, ayudando sobre todo a las zonas rurales de nuestro país. También significaría enfrentar las realidades del comercio internacional y la energía representada en productos que importamos del exterior. Al tomar esto en consideración, nos damos cuenta de que nuestras emisiones de carbono siguen aumentando, mientras tampoco está ayudando nuestro balance de pagos.

Así que seamos creativos. Necesitamos políticas que no pretenden resolver nuestros dilemas energéticos con intervenciones técnicas por grupos pequeños de expertos, sino que reconoce que la energía ha sido decisiva en la historia humana y que en el futuro lo será también.

Hagamos las preguntas fundamentales sobre cómo y por qué usamos energía, en vez de asumir que el progreso y el desarrollo dependen de una oferta continúa de energía abundante. ¿Qué tal una política que dejaría nuestro país “a prueba del futuro”, preparándonos para la escasez de recursos del mañana?

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