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¿Día de quién?

Actualizado el 21 de junio de 2013 a las 12:00 am

Las familias consideradas tradicionales comienzan a ser minoría en el país

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La celebración del Día del Padre en Costa Rica este pasado 16 de junio, es una fecha propicia para que miremos con facilidad los cambios profundos que vive nuestra sociedad y notemos cómo ha ido evolucionando con el tiempo la concepción de una familia, aunque muchas personas se nieguen a aceptarlo y se aferren a posiciones más conservadoras.

En nuestro país, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), entre el 2000 y el 2011, el sector de hogares llamados “tradicionales” –papá, mamá e hijos– apenas creció en menos de un 5%. En cambio, el número de hogares con madres solteras como jefes de hogar, y en general aquellos considerados “no tradicionales”, crecieron en más de un 50%.

La Ley de Paternidad Responsable, promulgada en el 2001, mejoró los derechos de las madres y de los niños nacidos fuera de un matrimonio y el desarrollo de pruebas genéticas facilitó las declaraciones de paternidad. A pesar de esto, existen madres que renuncian a estos derechos o bien, en muchos casos, la paternidad termina siendo una imposición legal que solo conlleva responsabilidades económicas y los padres no forman parte de la crianza de sus hijos.

Esto, sin duda, nos pone ante un escenario en el que días como este encajan en la realidad de gran número familias costarricenses y que, ante el estigma social, muchos niños se sientan excluidos o fuera de lugar cuando en sus centros educativos celebran esta fecha.

Hace 50 años era más habitual que los niños tuvieran una mamá y un papá viviendo en la misma casa. Sin embargo, hoy sabemos que la mayoría de hogares en nuestro país no son tradicionales y eso nos obliga a dar respuesta al contexto cambiante que vivimos. Países más desarrollados viven esta misma situación y en lugar de celebrar el Día del Padre o de la Madre, han creado el “día de la familia” pues, al igual que nosotros, las familias consideradas tradicionales comienzan a ser minoría.

Sin embargo, más allá de cambiar de nombre a una celebración, lo que requerimos son cambios más profundos como sociedad para dejar de lado los estigmas y los prejuicios, con el fin de que las personas, desde pequeñas, puedan desarrollarse sanamente y que desaparezca la concepción de que viven en un hogar “disfuncional” si no cumplen con los paradigmas que la sociedad machista ha interpuesto como correctos.

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También pueden ser familias funcionales los hogares compuestos de una pareja sin hijos, los que tienen dos madres, dos padres, una mamá o aquellos familiares como tíos o abuelos que educan a sus niños. Es tarea de todos, de nosotros mismos y de los gobernantes no temerles a los cambios sociales y en lugar de ello facilitar las condiciones para que las familias, sea cual sea su composición, gocen de los mismos derechos.

Sabemos que eso no es tarea fácil en un país como el nuestro, en el que legisladores y gobernantes son claros en cuanto a sus posiciones religiosas e insisten en defender la “familia tradicional” como único medio para obtener un desarrollo emocional y mentalmente sano. Por eso está en cada uno de nosotros avanzar hacia una sociedad inclusiva, reconociendo los cambios y tratando de ver en ellos la oportunidad de construir un país mejor.

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