Opinión

Deudas con salud de las mujeres

Actualizado el 28 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Quedan pendientes avances en la salud sexual y reproductiva de las mujeres

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Deudas con salud de las mujeres

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Hoy, 28 de mayo, se conmemora el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, establecido en 1987 durante el V Encuentro Internacional Mujeres y Salud. Veintiséis años después, es necesario preguntarse ¿cuánto hemos avanzado? El discurso oficial sin duda hablará de los logros, que por supuesto los hay, pero la intención de este artículo es evidenciar algunas de las deudas que el Estado y la Región aún tienen con las mujeres.

El cuerpo y la salud de las mujeres ha sido espacio de control histórico por la cultura patriarcal en la que está inserta nuestra sociedad, por los fundamentalismos de diversa índole y por el conservadurismo médico, entre otros factores. Acá tenemos varios ejemplos de ello.

Al día de hoy, en Costa Rica una mujer no puede optar por realizarse una Fertilización In Vitro, pese al fallo emitido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en diciembre anterior. Este atraso burocrático sigue lesionando los derechos de las mujeres que quieren acceder a esta técnica de reproducción asistida.

Actualmente en este país una mujer no puede optar por adquirir en una farmacia una píldora con la dosis única para la anticoncepción de emergencia, aun cuando la Organización Mundial de la Salud ha recomendado su uso para situaciones de emergencia como violaciones sexuales o relaciones sexuales sin protección y ha probado que no es abortiva, pues inhibe la salida del óvulo y, en caso de que este ya esté fecundado, no provoca daños al embrión.

Hoy, en El Salvador, una mujer de 22 años llamada Beatriz se debate entre la vida y la muerte porque el Estado salvadoreño no le permite interrumpir su embarazo, aunque el feto padece anencefalia y no tiene posibilidades de vivir fuera del útero; ella padece de un grave cuadro de lupus, y los fundamentalismos que están poniendo en grave riesgo su vida son los mismos que extendieron el sufrimiento físico y psicológico de Aurora, una mujer costarricense que tuvo que enfrentarse el año anterior a un embarazo en que el feto sufría del síndrome abdomen pared, sin posibilidades de vivir fuera del útero.

La salud de Aurora se vio afectada gravemente y el Estado costarricense la forzó a continuar con su embarazo, el cual se convirtió en una cruel tortura hasta el final. A la fecha no existe un protocolo que haga efectivo el cumplimiento del artículo 121 del Código Penal Costarricense, en donde se especifica que el aborto es no punible en caso de que sea necesario para salvar la salud o la vida de una mujer.

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En Costa Rica, hablar de interrupción del embarazo –aún en casos extremos– es un tema prohibido. Nuestra propia hipocresía nos hace miopes ante las cifras. Según un Informe de la Asociación Demográfica Costarricense publicado en el 2008, en Costa Rica se realizan cerca de 27.000 abortos clandestinos al año, y considerando que esto constituye un delito según nuestro Código Penal, es fácilmente presumible pensar en las condiciones insalubres y peligrosas en las que se realiza este procedimiento, sobre todo para las mujeres más excluidas, pues las que cuentan con los recursos y que deciden interrumpir un embarazo se suben a un avión y se lo practican de forma segura.

Las estadísticas indican que la penalización de la interrupción del embarazo no reduce su práctica pero sí incrementa las muertes de las mujeres. Hoy es 28 de mayo, pero como estamos en el país más feliz del mundo, la salud de las mujeres no será tema de discusión, ¿o sí?

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