Opinión

Después de la ‘platina’

Actualizado el 24 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

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Después de la ‘platina’

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El puente de la “platina”, el más famoso de Costa Rica, al fin, fue reabierto. Han sido ocho años, un mes y once días de tortura para miles de conductores que han sufrido, a diario, congestionamientos kilométricos por reparaciones y reconstrucciones.

Este puente de la “platina” es otro, nuevo y más grande, pues se ensanchó de cuatro a seis carriles. Nada que ver con aquel que pasó a la fama al atardecer del lunes 13 de abril del 2009 cuando sufrió un “daño superficial”, como lo calificó entonces el Conavi: el desprendimiento de la pletina, la placa metálica que cubre una junta de expansión. Esa noche comenzaron las presas de tres kilómetros que se hicieron comunes en muchos de estos 2.963 días.

Erróneamente, lo pronunciamos “platina” y así quedó bautizada esta tragicomedia en la que tres gobiernos aplicaron el método de “prueba y error”. Los resultados pusieron en duda la capacidad de sus ingenieros para arreglar un “daño superficial”.

La “platina”, con sus pifias, es una enciclopedia de lo que un gobierno debe evitar en adelante. Entre ellas:

1. Confiar en unos pocos. Los profesionales del MOPT y del Conavi ignoraron la gravedad del daño. Incluso, comenzaron a arreglarlo por arriba, hasta le quitaron toneladas de peso, cuando el problema estaba en todo lo que sostenía la estructura.

2. Apostar por remiendos. El primer arreglo duró dos días y, el segundo, que costó $4 millones, 7 horas.

3. Permitir la impunidad. Tanto dinero perdido en pruebas y errores quedaron sin sanción. Nadie perdió el puesto por los millones que perdieron conductores, trabajadores, pasajeros de avión y exportadores por tiempo perdido en presas y cierres.

4. Olvidar el mantenimiento. Esto es quizás lo más preocupante. La “platina” es el resultado del abandono en que están los puentes más importantes del país. De hecho, el Juan Pablo Segundo, el Tempisque, el Chirripó, el del Saprissa, por citar unos, están abandonados, y pasar por ellos, da miedo.

Esta es la mayor lección de la “platina”: el MOPT y el Conavi deben priorizar un plan, una estrategia, para dar continuo mantenimiento a puentes clave. Dinero y créditos hay. Falta la iniciativa.

El autor es jefe de redacción en La Nación.

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Armando Mayorga

amayorga@nacion.com

Jefe de Redacción

Ingresó a La Nación en 1986. En 1990 pasó a coordinar la sección Nacionales y en 1995 asumió una jefatura de información; desde 2010 es jefe de Redacción. Estudió en la UCR; en la U Latina obtuvo el bachillerato y en la Universidad de Barcelona, España, ...

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