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Desempleo juvenil: un reto mayúsculo

Actualizado el 17 de agosto de 2016 a las 12:00 am

Un joven sin formación y sin empleo o con un empleo inestable es un candidato a la pobreza

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Desempleo juvenil: un reto mayúsculo

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En desempleo juvenil creció en los últimos 13 años hasta ubicarse en el 18% de la población entre 20 y 24 años –más del doble del desempleo general–. Por su parte, el desempleo en jóvenes entre los 15 y los 19 años se ubicó en el 31,9% –casi tres veces la tasa de desempleo general–.

Costa Rica es el país con las tasas de desempleo más elevadas de Centroamérica.

Entre las causas destaca la baja formación académica o técnica de los desempleados en un país que, como el nuestro, demanda relativos altos grados de formación para encontrar un puesto de trabajo.

Los desempleados jóvenes son aquellos con escolaridad más baja y, por ende, menores ingresos y expectativas de un trabajo estable y bien remunerado.

Definitivamente, el desempleo o el empleo en situación de informalidad son retos que debemos enfrentar de manera inmediata, deliberada y específica. Un joven sin formación y sin empleo o con un empleo inestable e informal es un candidato a un futuro de pobreza que, además, replicara al constituir una familia.

Este círculo perverso debe ser roto de manera definitiva; nadie puede quedar a la vera del camino en el proceso de desarrollo.

Capacitación. Las oportunidades educativas –tanto formales como informales– deben diseñarse de manera tal que busquen a los desempleados y a los trabajadores en informalidad sin formación a fin de capacitarlos para que puedan ingresar al mercado laboral formal y a las actividades productivas ya sea como empleados o como emprendedores.

El desempleo, la informalidad, la falta de oportunidades educativas y, por ende, la pobreza, no deben contemplarse como destino manifiesto de ninguna persona en Costa Rica.

Lo que hemos logrado desde los años cuarenta a la fecha en términos de ingreso per cápita, ascenso social y ruptura de los círculos de pobreza se debe, en mayor medida, al énfasis que hemos puesto en la educación como un vehículo de movilidad social.

A ese vehículo debemos ahora hacerle importantes ajustes de manera tal que se adapte a las necesidades particulares de quienes ya no están en las aulas y es difícil que vuelvan a ellas a pesar de que urgen de un proceso de formación que deberá ser dado en los términos y condiciones que esta población requiere de manera específica.

Medidas. El Programa Empléate del Ministerio de Trabajo debe ser ampliado cualitativamente; hay que pensar en un programa de becas Avancemos diseñado para la población que ha desertado de las aulas pero requiere formación técnica para incorporarse al mundo del trabajo; debemos avanzar hacia un consenso que permita aprobar una ley de educación dual que, al mismo tiempo que permite que el joven acumule experiencia no se convierta en un estímulo para abandonar los estudios formales; y, finalmente, el INA debe ser el buque insignia de un vigoroso proceso de formación e incorporación de los jóvenes al mundo del trabajo. El INA tiene que ir más allá de lo alcanzado.

Desde luego que la formación de recurso humano tendrá sentido en la medida en que la actividad económica genere la demanda suficiente para que quienes se forman tengan un puesto de trabajo o una oportunidad para emprender; de lo contrario, la educación formal e informal podrían convertirse en un gran engaño.

Para ello, la mejora en las condiciones de competitividad del país es crucial y urgente: el recurso humano formado debe ser laboralmente incorporado cuanto antes mejor.

No lograremos superar las conquistas alcanzadas en materia de justicia social y desarrollo humano si no somos capaces de diseñar programas, modelos y oportunidades laborales que nos permitan sacar a esta población de la situación de postración laboral en que se encuentra.

El autor es diputado del PUSC.

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