Opinión

Desarrollo, ambiente y derechos humanos

Actualizado el 10 de junio de 2013 a las 12:00 am

La relación entre desarrollo y ambiente constituye hoy un desafío

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Las desafortunadas declaraciones dadas por don Alfio Piva a CNN, al explicar que Jairo Mora, biólogo asesinado la semana pasada, se “expuso”, y que por ello ocurrió la tragedia que llenó de luto la Semana del Ambiente en Costa Rica, constituyen sin lugar a dudas una nueva fuente de preocupación para el movimiento ecologista. El pedir presencia policial, y recurrir a la prensa para denunciar amenazas recibidas, es para que las autoridades reaccionen con miras a evitar una posible tragedia.

Un discurso presidencial inaudito. La reciente columna “Al Vuelo” de la filósofa Laurencia Sáenz (La Nación, 2/6/2013) y el artículo del abogado Ávaro Sagot (“¿Es peligroso ser ambientalista en Costa Rica?”, La Nación, 4/06/2013), así como otros artículos, hacen hincapié en un curioso precedente: el discurso de la presidenta Laura Chinchilla, oído en octubre del 2010. La curiosidad proviene del hecho –que solo historiadores podrían esclarecernos para saber si estamos ante una “première”– de que raramente un mandatario costarricense llama, en tiempos de paz, a un sector a luchar contra otro sector.

La ausencia de rectificación o aclaración posterior sobre el contenido de este discurso podría explicar que algunos lo hayan interpretado como una señal para emprenderla contra activistas, líderes comunitarios, organizaciones y académicos abocados a la defensa del ambiente. Este discurso, digno de escuchar una y otra vez, pareciera fundamentarse en la (falsa) dicotomía tendiente a oponer desarrollo y ambiente, haciendo a un lado la noción de desarrollo sostenible consagrada en 1992 en una Conferencia Mundial de las Naciones Unidas precisamente denominada “Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo”.

La relación entre desarrollo y ambiente constituye un desafío lanzado por la comunidad internacional desde 1992. Los países más desarrollados han buscado y encontrado la manera de incorporar el ambiente en sus políticas de desarrollo. Algunos han incluso incorporado una útil herramienta como la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE), normada en Costa Rica desde el 2004 sin aún haber sido usada: en vez de una consulta amplia, organizada y planificada, sobre temas sensibles (al tratarse de megaproyectos de alto impacto social y ambiental), se opta por decretos ejecutivos de dudosa procedencia que terminan analizándose en los tribunales de justicia.

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Ambiente, desarrollo y DD. HH. Desde hace 19 años, el Estado de la Nación elabora informes anuales titulados Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible en los que desmenuza los vacíos y lagunas del quehacer estatal en Costa Rica. Esta misma necesidad de unir desarrollo, ambiente desde la perspectiva de los derechos humanos llevaría a la adopción de la Declaración de la Conferencia Mundial de Viena de junio de 1993 sobre Derechos Humanos, la cual, por vez primera en la historia, establece el carácter indivisible e interdependiente de todos los derechos humanos entre sí, superando la (falsa) dicotomía consagrada normativamente en 1966 en las Naciones Unidas entre los llamados derechos civiles y políticos y los denominados derechos económicos, sociales y culturales.

El punto 5 de la Declaración establece que: “5. Todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí. La comunidad internacional debe tratar los derechos humanos en forma global y de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso /'/ los Estados tienen el deber, sean cuales fueren sus sistemas políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

Años después, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estableció un indicador con base en varias mediciones que incluyen indicadores sociales además de los económicos: el Índice de Desarrollo Humano (IDH). A este respecto, vale la pena indicar que en los últimos años Costa Rica viene conociendo un deterioro generalizado de su IDH: del puesto 48 (años 2006 y 2007), pasó al 50 (2008), 54 (2009), 62 (2010) y 69 (2011) según reporta el último informe del Estado de la Nación (p. 363).

El contenido del discurso presidencial del 2010 ha preocupado a muchos, tanto a organizaciones sociales como a analistas; el llamado público de Jairo Mora a las autoridades, seguido por su muerte, más aún. La deuda acumulada en relación con los derechos de los pueblos indígenas en Costa Rica (LaNación, 4 de junio del 2013), y una larga lista de defensores del ambiente asesinados u objeto de amenazas (provocando un repudio generalizado), son indicaciones de una lectura correcta por parte de mucha organizaciones de lo alcanzado en Río en 1992 y en Viena en 1993.

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No obstante, algunas autoridades dejan entrever que la superación de ambas dicotomías constituye aún todo un desafío conceptual.

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