Opinión

Derechos sagrados

Actualizado el 19 de agosto de 2008 a las 12:00 am

 La discriminación contra homosexuales contradice principios religiosos como el amor al prójimo

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Dicen que las leyes que legalizarían las uniones civiles entre personas del mismo sexo o prohibirían la discriminación de gais y lesbianas promoverían los “mal llamados derechos de los homosexuales.”

El matrimonio civil es un contrato legal entre dos personas sin requisitos religiosos que tampoco requiere la generación de prole para su validez. Una pareja heterosexual atea, con un pasado criminal y que no puede o quiere tener hijos tiene acceso al derecho civil del matrimonio que ahora se le niega a ciudadanos decentes, respetables y contribuyentes al fisco, por la sola virtud de su orientación sexual. El matrimonio civil o equivalente para todos reconocería la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos sin excepción.

Prestigiosos grupos científicos reconocen que la orientación sexual no es un desorden mental y no se escoge. La cruel discriminación y todo tipo de agresión en contra de los homosexuales van más allá de “criticar” y contradicen principios religiosos como el amor al prójimo. Más grave aún es que son verdaderas violaciones a derechos humanos y a protecciones constitucionales en una sociedad democrática y de derecho, sean las personas creyentes o no.

Derechos civiles. Se habla también de un atentado a la libertad de culto. Cuando surgieron movimientos históricos que posteriormente garantizaron derechos civiles como la igualdad de la mujer, el fin de la esclavitud y el matrimonio interracial, también surgieron oponentes que, temerosos a perder el statu quo, ofrecieron argumentos similares y hasta citas bíblicas para oponerse. Sí, existen citas bíblicas que, fuera de contexto, pueden ser usadas para justificar la esclavitud y tratar a la mujer como una pertenencia del hombre que hasta puede ser apedreada a muerte por un acto de infidelidad. Esas luchas históricas fueron por derechos civiles y no por derechos religiosos. Afortunadamente, siempre triunfó la razón.

Cada familia, sea heterosexual u homosexual, tiene la libertad de educar a sus hijos con una religión de su elección o sin ella, pero todas tienen la obligación de enseñarles las normas del respeto y convivencia con los demás y los derechos y deberes básicos de todos los ciudadanos.

Los “mal llamados derechos de los homosexuales” se llaman derechos civiles, derechos sagrados que la patria nos da. A todos, sin excepciones.

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