Opinión

Derechos humanos y politiquería

Actualizado el 04 de marzo de 2013 a las 12:00 am

La chusma politiquera ha secuestrado a nuestra democracia

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En mi carrera de profesora de Lógica y Filosofía jamás he leído ni oído tantos adefesios de argumentación como los que el diputado Orozco es capaz de infligirnos, a pesar de que se ufana de manejar el pensamiento lógico-matemático. Yo tengo que darle las gracias porque sus múltiples falacias constituyen todo un compendio para mis próximos cursos de Introducción a la Lógica.

Su última joya: del hecho de que una característica no se note a simple vista en un grupo de personas, deduce que, automáticamente, se disculpa cualquier expresión o acción que pueda maltratar a dicho grupo. No entiendo cómo una cosa se sigue de la otra (esto es lo que en lógica se llama un non sequitur ).

A mi parecer, el diputado en cuestión no es más que lo que en jerga boxística se llama “un llevador”. En efecto, él pone la cara, lleva los golpes, hace el trabajo sucio para un montón de gente en la que no pensamos cuando este individuo profiere sandeces. La grosería y vulgaridad con que se expresa no son más que distractores de lo que realmente está ocurriendo aquí.

Si Orozco está presidiendo la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa y avergonzándonos ante el mundo, se debe a la colusión entre los grupos más conservadores de diferentes religiones y la chusma politiquera que tiene secuestrada nuestra democracia. Una fracción parlamentaria incapaz de mantener el control de la Asamblea en el 2011, se vio, en el 2012, en la necesidad de pactar con un grupo de impresentables dentro de los que figura el mencionado personaje. (Véase La Nación , 31/5/2012) ¡Qué verguenza! ¡¿Eso fue lo mejor que pudieron hacer?!

Se entiende que este Gobierno está comprometido con grupos de la Iglesia católica, grupos que se consideran de élite y que se oponen a construir una democracia más inclusiva. Pero ¿echar mano de alguien que confesó, en entrevista con Pilar Cisneros, que él no entiende mucho de derechos humanos?

Finalmente, sabemos a qué nos enfrentamos. En el buen tico, diríamos que “son capaces de cambiar a la madre por una yegua”. Inclusive, podríamos hablar de una salida de clóset de los sectores más retrógrados y mojigatos de nuestra sociedad. Nunca ha estado más claro quiénes están en disposición de aniquilar toda diferencia que se deje ver, quiénes todavía hablan de curar enfermedades que no existen.

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Afortunadamente, el futuro cercano ofrece la buena oportunidad de cobrar en las urnas estas afrentas a la decencia y la inteligencia de un pueblo que, sigo pensando, merece algo mejor.

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