Opinión

Demos tiempo al Gobierno

Actualizado el 16 de julio de 2014 a las 12:00 am

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Las contiendas electorales son especiales en la democracia: en ellas se decide quién triunfa, quién asume el poder y quién gobierna. En las pasadas elecciones, los costarricenses, descontentos con la administración anterior, votaron por el cambio. Han querido que usted, presidente, tome el timón de un país a la deriva. Su triunfo fue arrollador y la derrota del otro, apabullante.

Algunos han dicho que nos encontramos ante el cambio político más importante que experimenta la sociedad costarricense desde 1948. Es cuestión de criterios. El cambio está por verse, y este depende de lo que usted y su equipo de gobierno hagan durante los próximos cuatro años. Su primera meta, llegar al poder, ya se cumplió; ahora sigue la más difícil: que usted realice una buena gestión para los costarricenses. ¡Apenas está en el punto de salida!

Las pasadas elecciones dieron un mensaje que resuena por encima de los números, las celebraciones y la alegría: la necesidad de cambio. Necesidad que surge como instinto de supervivencia de un pueblo que se siente cansado del cobarde y mentiroso discurso de la ingobernabilidad, así como de la concentración de la riqueza, del incremento de la pobreza, del déficit fiscal, de la corrupción y de la degradación y mal servicio de las instituciones.

Tras los ecos y la retórica de la campaña electoral, los costarricenses esperan que su gobierno elimine las interminables filas en los hospitales públicos y que se acaben los “tontos errores” en la construcción de trochas, puentes, carreteras, platinas y, en general, en cuanta obra pública se emprende. ¡Tanta equivocación es sospechosa!

Presidente, a usted se le percibe como un hombre inteligente, serio y con buenas intenciones. Usted cuenta con un inmenso respaldo popular que lo legitima para realizar los cambios prometidos. No se deje obnubilar por el resultado electoral, ni por la prensa complaciente, ni por el análisis de comentaristas amigos. Sabemos que el espíritu de las personas sucumbe, muchas veces, ante el poder.

Cuestiones importantes. ¿Puede usted gobernar, ahora que está en el poder, con claridad y fiel a sus objetivos y a su norte? ¿Se siente cómodo y tranquilo en compañía de quienes usted ha nombrado para que le ayuden en su gestión? ¿Ha logrado motivar a sus elegidos en los mandos superiores para que fluya la comunicación entre ellos, los mandos medios y demás servidores públicos? ¿Ya estableció, después de asumir la presidencia, los mecanismos de fiscalización para hacer una gestión eficaz, transparente y honesta?

Señor presidente, no malgaste su capital político en esfuerzos vanos e intrascendentes. La tarea que tiene por delante es muy compleja y, en algunos casos, urgente. Ocúpese de las cuestiones importantes. Piense que, a pesar de su amplio apoyo electoral y de que solo ha dado los primeros pasos del largo andar que le espera, ya algunos, irrespetando la cortesía de los primeros cien días, de manera imprudente, han comenzado a criticarlo. Usted tendrá que gobernar con las redes sociales, y estas son implacables.

No se deje amedrentar por las críticas, presidente. Su gobierno recién se inicia, y, si tuviese que rectificar algo, está a tiempo.

A los costarricenses, mediante esta carta abierta, los llamo a reflexionar, sin distingos políticos, sobre la necesidad de apoyar al presidente, pues a todos nos conviene un buen gobierno. Les hago un llamado a la calma, a la paciencia y a la comprensión. Demos tiempo al Gobierno. Hoy, más que criticar, busquemos la forma de ayudar a sacar este barco encallado en las arenas del abandono, la desesperanza y la desilusión.

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