Opinión

Demagogia y carbono-neutralidad

Actualizado el 22 de julio de 2013 a las 12:00 am

Se necesitaincentivar el cambio tecnológico en el transporte público

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El tema del cambio climático en Costa Rica sufre de la contaminación global que lo afecta. Así como alrededor del mundo se gastan anualmente miles de millones de dólares en reuniones, simposios, conferencias, estudios, refritos investigativos, campañas, asesorías, viajes exploratorios, cenas y recepciones, así también, en nuestro país, lo poco que se hace ni siquiera trasciende los límites estructurales del Ministerio de Ambiente (Minae).

Cada vez que se realizan esas actividades de tinte turístico y diplomacia conservacionista, sobran los voluntarios dispuestos a entregar su ingenio. Con nuestros impuestos, cual caballeros cruzados, con lanza en ristre, se aventuran a tierras lejanas en su gesta por salvar al planeta.

Delegaciones. Las delegaciones costarricenses, equivalentes a tres equipos de fútbol, no dejan a ningún genio en suelo patrio, pues el mundo los espera para resolver el problema planetario. Así sucede con las Conferencias de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (las COP), como las realizadas en Copenhague 2009, Cancún 2010, Durban 2011, Catar 2012 y, las próximas, en Varsovia 2013 y Lima 2014.

Clasificados para que no se confundan en los aeropuertos y se distribuyan bien en los hoteles de esas ciudades, como “negociadores de alto nivel político”, “asesores de alto nivel político”, “asesores de nivel técnico” y “observadores”, son los encargados de levantar la voz a nombre de Costa Rica ante las otras 190 delegaciones que ansían, indudablemente, escuchar las soluciones a los problemas de cambio climático que se exportan desde nuestro verde país. Ello, en conferencias en las que “no están dadas las condiciones” para lograr un acuerdo global de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, tal como lo admitieron gobernantes mexicanos. Sigue, pues, dándose un acelerado proceso de cambio climático, causado en parte por el excesivo consumo de energía sucia, una agricultura altamente dependiente de plaguicidas y fertilizantes, una amenazada biodiversidad y una industria antiecológica cada vez más dependiente del consumo insensible de grandes cantidades de agua potable.

Mientras tanto, cada vez se aleja más el logro de un desarrollo sostenible, donde los programas de salud, educación y progreso socioeconómico han de ser trascendentales. En Costa Rica y el resto del mundo, el acceso al agua potable en cantidad y calidad suficientes es cada vez más un derecho humano de difícil cumplimiento, donde la ausencia de prioridades para la inversión gubernamental es la principal causa. Tenemos en el papel los llamados “ejes de acción” relacionados con la mitigación, vulnerabilidad, transferencia tecnológica, educación y sensibilización, sin que se vislumbren resultados concretos. No se rinden cuentas, y a pocos parece interesarles el camino seguido por los fondos nacionales e internacionales que sustentan la burocracia turística que parece funcionar en sentido contrario a sus deberes.

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País carbono-neutral para el 2021. Cuando se reflexiona acerca de la anunciada meta a la carbono-neutralidad dentro de unos siete años, hay que centrar la atención en el transporte público a nivel nacional. Esta es una actividad que consume, al menos, el 78% de los combustibles derivados de petróleo que distribuye Recope, por lo que cualquier estrategia dirigida a compensar la cantidad de CO2 que se fija vía fotosíntesis, respiración celular y oxidación violenta, demanda acciones razonables, viables y realistas, que, sin embargo, son escasas.

San José es recorrido cada hora por unos 800 autobuses y más de 2.000 vehículos particulares, quemando, todos, el único combustible ofrecido por Recope. Sin embargo, el cambio tecnológico en el sector de transporte público, ¡que sí sería impactante!, no es efectivamente incentivado, y, más bien, las iniciativas particulares de algunas empresas autobuseras no encuentran eco en las casi dormidas autoridades del MOPT. Y, para evidenciar más esa ausencia de visión, alguien tuvo la ocurrencia de declarar que había que impedir el ingreso de autobuses a la ciudad de San José, no renovar las concesiones y satisfacer las necesidades de transporte con un tranvía de solo seis kilómetros de recorrido, de La Sabana a la avenida de Las Damas. Un tranvía que el Gobierno construiría con un préstamo de $250 millones para, luego, darlo en concesión a una empresa privada que se encargaría de la supuestamente lucrativa operación. Se trata de una chambonada mayor, que, de realizarse, multiplicaría en muchas veces el caos vial que ha dejado el cierre del paseo de los Estudiantes y otras intervenciones viales ocurrentes.

Sustitución de buses. Por otro lado, especialistas serios en transporte proponen que, a medio plazo, los buses vayan siendo sustituidos por aquellos con tecnología Euro IV, que, según las estrictas normas europeas, reducirían sustancialmente las emisiones de gases con efecto invernadero.

Asimismo, se valora el uso creciente de motores híbridos de diésel-LPG, como etapa de transición hacia estándares más amigables con el ambiente, olvidándose de ocurrencias como la del costoso e inútil tranvía. Todo ello, acompañado de un sistema eficiente de trazado de rutas, con menores tiempos de espera y mayor cantidad de pasajeros por unidad, que ha demostrado sus bondades en otras ciudades eficientemente gobernadas.

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En fin, como para algunos lo importante es viajar y practicar el ocio con horario, mientras otros piensan en negocios raros, no se ven las acciones efectivas dirigidas a cumplir realmente la meta de ser neutrales en carbono para el año del bicentenario de la independencia de España.

Por tanto, no podemos más que concluir que se trata de una propuesta demagógica de los que han calculado que, para entonces, no deberán rendir cuentas desde sus puestos alejados del ámbito gubernamental.

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