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Daria Suárez Rehaag: Adultos mayores en el olvido

Actualizado el 16 de mayo de 2015 a las 12:00 am

Las personas LGBT de la tercera edad requieren compañía, apoyo y atención a su salud

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Daria Suárez Rehaag: Adultos mayores en el olvido

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¡Restos humanos… suena, se ve y se siente horrible! Desde hace varios años se informa sobre la práctica de abandonar por semanas o meses a las personas adultas mayores en hospitales nacionales mientras sus familias se van de vacaciones.

También se publican noticias de adultos mayores víctimas de maltrato físico, robos, privación de servicios de transporte, cuido, atención y trabajo, entre otros.

La situación de la población adulta mayor en un país es reflejo del grado de solidaridad y el respeto por la vida y aportes de estas personas.

Algunas culturas las veneran, les dan lugares especiales en su sociedad, las cuidan con cariño y respetan su opinión. En nuestro país, en cambio, se les percibe como estorbos, posibles fuentes de ingreso (si cuentan con pensión), un peso para la familia, un riesgo si están enfermas y de poca ayuda en la educación y cuidado de los niños.

El Centro de Investigación y Promoción para América Central de Derechos Humanos (Cipac) recientemente extrajo y divulgó los principales resultados de una investigación sobre la situación de la población adulta mayor lésbica, gay, bisexual y trans (LGBT). Resulta obvio que su panorama es más triste que el de sus coetáneos heterosexuales.

Su orientación sexual los pone en una situación de mayor vulnerabilidad, los obliga a “volver al clóset” como mínimo, para que sus familias les brinden algo de apoyo, posiblemente encontrándose en soledad y sin un patrimonio construido.

Las personas gais, lesbianas y trans viven ansiosas con respecto a su tercera edad a partir de los cuarenta o cincuenta años, pues, como la mayoría no tiene hijos y muy posiblemente están en conflicto con sus familias por la no aceptación de su orientación sexual o identidad de sexo o género, se enrumban hacia una época solitaria, de pocos ingresos y sin nadie que se encargue de sus necesidades de salud, compañía y socialización, con respeto a lo que son y a quiénes son.

Panorama sombrío. Seguir cargando los estereotipos asignados de que son enfermos mentales, perversos sexuales, promiscuos, consumidores de drogas y alcohol, personas problemáticas, y encima de ello adultos mayores, hace que su futuro no se perfile nada bien.

Actualmente, las soluciones posibles son: gritar a los cuatro vientos que “se curaron”, y hacer las paces con su familia para que les hagan un campito en el cuarto trasero de sus casas; ingeniar una manera de hacerse de mucho dinero para poder pagar acompañamiento profesional permanente o un hogar de primerísima clase, donde la plata cubra cualquier duda sobre su orientación e identidad sexual o de género; o morir tempranamente.

Quedó claro en la investigación que las personas de la población LGBT no buscan servicios especiales, únicos y exclusivos, solo una vida digna: ser acompañados respetuosamente, que se atienda su salud, y puedan seguir siendo lo que son, sin ocultarse, sin ansiedades ni miedos diferentes a los que posee el resto de la población adulta mayor.

En una época cuando el valor de las cosas o personas se asigna en función de conectividad, valor económico y ubicación –no por su experiencia, aportes y capacidades pasadas o actuales, vínculo afectivo o familiar– lamento decir que Costa Rica no está cumpliendo la tarea con sus ciudadanos. Todos llegaremos a esas edades y todas las personas deberíamos tener la tranquilidad de que, si nos esforzamos e hicimos todo lo posible para contribuir al desarrollo del país, este nos brindará algún grado de apoyo cuando lo necesitemos.

(*) La autora es directora ejecutiva del Centro de investigación y Promoción para América Central de Derechos Humanos

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