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Daño ambientaly prescripción

Actualizado el 28 de junio de 2013 a las 12:00 am

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Daño ambientaly prescripción

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El daño ambiental, por sus características, requiere de un tratamiento distinto en materia de responsabilidad y prescripción, ya que la incerteza es inherente a la cuestión ambiental.

Los daños ocasionados al ambiente, en muchas ocasiones, no son consecuencia de una única acción, sino producto de todo un proceso extendido en el tiempo y en el espacio, sin respetar límites o fronteras políticas ni geográficas.

Estas peculiaridades distintivas tienen especial importancia en el tema prescriptivo, ya que los efectos de la contaminación suelen exteriorizarse muy lentamente, terminando por favorecer a quienes cometen un daño ambiental, porque el paso del tiempo les permite insolventarse, ausentarse o desaparecer física o jurídicamente, con lo cual puede consolidarse jurídicamente una denegatoria de justicia, situación a todas luces irracional, desproporcionada y, por tanto, inconstitucional.

Por eso se debe partir de la tesis de que son imprescriptibles las acciones administrativas y judiciales instauradas por los particulares o la Administración Pública, tendientes a prevenir, hacer cesar y reparar el daño ambiental, sea aquel que recae sobre bienes ambientales de naturaleza común, parte del patrimonio natural del Estado, o que hayan sido declarados, al menos, como de interés público por el ordenamiento jurídico.

Contrario a lo anterior, las acciones tendientes a reclamar los daños y perjuicios causados a derechos subjetivos legítimos como consecuencia de la contaminación o degradación ambiental y que recaen sobre bienes ambientales susceptibles de apropiación privada, así como los daños a la salud, sí son prescriptibles dada la patrimonialidad y disponibilidad por parte de sus titulares.

El cómputo del plazo para las acciones ambientales prescriptibles, tratándose de daños ambientales cuyos efectos negativos son perceptibles a la fecha de ocurrir la acción u omisión contaminadora o degradante del ambiente, empieza a correr desde el mismo momento en que aconteció el hecho dañoso o desde su primera manifestación. Mientras tanto, el reclamo de los daños ambientales cuyos efectos negativos son perceptibles con posterioridad al hecho dañoso, el plazo se inicia a partir de que los damnificados conocen el daño sufrido, o debieron conocerlo mediante una razonable posibilidad de información, actuando con la debida diligencia, pues es hasta ese instante que el interesado se encuentra en posibilidad jurídica de ejercer su acción.

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En el caso del daño ambiental continuado, el cómputo de la prescripción se inicia a partir del último acto de violación repetitiva, continua e ininterrumpida.

En este último caso, en el tanto la conducta se siga desarrollando, la prescripción queda interrumpida. Por tanto, el plazo de prescripción vuelve a correr una y otra vez, lo que lleva a concluir que mientras la acción se siga generando, la prescripción no corre.

Interpretar y aplicar el instituto de la prescripción de la forma aquí planteada evitaría que tanto la incertidumbre inherente a la cuestión ambiental como el transcurso del tiempo se conviertan en aliados del degradador ambiental, haciéndolo, así, inmune a la obligación de recomponer el ambiente e indemnizar los daños y los perjuicios causados.

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