Opinión

Daniel Argüello: La formación de especialistas no debe improvisarse

Actualizado el 29 de mayo de 2015 a las 12:00 am

Formar especialistas involucra invertir altos recursos económicos, técnicos y humanos

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Daniel Argüello: La formación de especialistas no debe improvisarse

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Con gran preocupación y desconcierto, cientos de colegas nos enteramos del fallo de la Sala IV sobre la formación de especialistas en Medicina. Esta resolución obliga a la Caja Costarricense de Seguro Social a suscribir acuerdos con aquellas universidades privadas que sean capaces de ofrecer un posgrado en esa carrera, según el ordenamiento jurídico vigente y bajo los mismos términos del convenio que se mantiene con la Universidad de Costa Rica (UCR).

Lo anterior se haría sin imponer requisitos diferentes, aun cuando la UCR es una entidad estatal y está comprometida con otras del Gobierno en la formación de recurso humano para el servicio público, sin fines de lucro. Las empresas educativas de carácter privado estarían usando infraestructura pública para sus intereses.

La Medicina es una ciencia en constante evolución. El desafío de los actuales tutores formadores de especialistas y los médicos residentes –quienes se adiestran para acompañar y orientar los procesos de enseñanza y aprendizaje de forma integral– se basa en el perfeccionamiento y actualización permanente; en buscar espacios de crecimiento para evitar el estancamiento académico.

La práctica clínica supervisada por profesores experimentados, mediante tecnología moderna y con conocimiento de los avances en cada rama de la Medicina son pilares importantes en la construcción de un modelo de especialistas actualizados, capaces de enfrentar escenarios propio del ejercicio de su profesión.

Enseñanza actual. Durante los últimos años, el Sistema de Estudios de Posgrado de la UCR ha trabajado arduamente de la mano del Centro de Desarrollo Estratégico e Información en Salud y Seguridad Social (Cendeisss) y con la Caja para responder a la falta de especialistas.

Se han redoblado esfuerzos al aumentar gradualmente los cupos para la formación de especialidades –sobre todo en posgrados declarados como críticos, como es el caso de anestesiología y recuperación– bajo las posibilidades de espacio y recursos que ofrece la Caja, no la UCR.

Este esfuerzo debe contemplar muchas aristas que en ocasiones no son fáciles de subsanar. Hablamos de contar con responsables académicos acreditados; programas de formación actualizados, acceso a tecnología de punta, acceso a información científica y participación en congresos, simposios y cursos de actualización, así como con recursos económicos y administrativos que las instituciones comprometen en la formación de estos nuevos profesionales.

Exigencias contempladas. Para formar especialistas se requiere mucho más que generosidad y compromiso.

Se necesitan convenios docentes asistenciales de excelencia y exponer a los médicos en formación a la más alta complejidad diagnóstica y terapéutica. Así, una vez en el ejercicio de su profesión, su desenvolvimiento será óptimo y en beneficio de los asegurados.

En la actualidad esto solo es posible en los hospitales clase A del país –sin querer nunca menospreciar el encomiable trabajo que realizan nuestros especialistas en los hospitales y clínicas regionales, pero donde no existen en la actualidad todas las condiciones mencionadas–.

Por otra parte, se requiere infraestructura y equipo que facilite la idoneidad de la capacitación de los residentes en formación, algo que a todos luces es limitado en la institución.

Todos los aspectos anteriores hacen difícil creer que la apertura descontrolada en la formación de especialistas, bajo un sistema diferente al actual y con una capacidad instalada casi al tope en la formación de especialistas de primer nivel, mejore en algún grado el problema de la deficiencia en la prestación de servicios de salud de nuestra querida institución.

Es necesario hacer un diagnóstico preciso y objetivo de las causas reales de las listas de espera, que no pueden achacarse sola y específicamente al déficit aún no precisado de especialistas en el país.

(*) El autor es médico asistente especialista en Dermatología del Sistema de Estudios de Posgrado de la Universidad de Costa Rica, y docente del Posgrado de Dermatología de la misma institución.

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