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Dama de Hierro, política sensible

Actualizado el 10 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Dama de Hierro, política sensible - 1
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Dama de Hierro, política sensible - 1

Muchas personas en nuestra era de las comunicaciones encarnan una visión social con la que están profundamente comprometidas, y tienen la voluntad de llevarlas a regir sus comunidades. Muy pocas, poquísimas, logran convertir sus ideales en realidades. Margaret Thatcher es una de las personas más exitosas en lograrlo en el siglo XX, y pudo hacerlo en circunstancias muy difíciles.

Vale la pena recordar que Winston Churchill, héroe de la gesta inglesa de la II Guerra Mundial, pierde las elecciones muy pocas semanas después de la victoria aliada en Europa. A pesar de la admiración a Churchill como el líder en la cruenta guerra, los deseos de transformar su país mueven al electorado a formar el primer Gobierno laborista en busca de una profundización del Estado de bienestar que, a la larga, llevó a un muy afianzado poder de los sindicatos y a una frecuente situación de huelga. Y desde entonces, la importancia industrial del Reino Unido y su eficiencia productiva aceleran su pérdida de importancia a nivel mundial.

En la ola de esas adversas condiciones, la primera ministra Thatcher se lanza de frente para reactivar la economía de mercado, mejorar la productividad de la indus- tria, desregular las transacciones y los precios, liberalizar el comercio y el mercado laboral, privatizar empresas del sector productivo y ordenar las finanzas públicas y la política monetaria. Y tuvo éxito revitalizando al Reino Unido.

Internacionalmente fue una fuerte y directa opositora del comunismo. Su participación personal contribuyó al final de la Guerra Fría. Junto con Ronald Reagan, Helmut Kohl, Jacques Chirac, George Bush, padre, Franz-Josef Strauss, Manuel Fraga y otros dirigentes de 29 partidos políticos, fundó en 1983 la Unión Demócrata Internacional (UDI) como una organización de partidos de centro y de centro derecha para defender la democracia, la libertad, una sociedad abierta y la economía de mercado, los derechos humanos, la familia, la responsabilidad social de las personas y el esfuerzo propio.

Tuve la suerte de conocer a la primera ministra Thatcher en actividades de la UDI en Berlín y en Washington. En Berlín, un par de años antes de la caída del Muro, me impactó la Dama de Hierro por su fuerza en la lucha contra el autoritarismo, especialmente por sus palabras de fe en el triunfo de la libertad, dichas a la sombra del ominoso y entonces aparentemente imbatible Muro de Berlín.

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En una recepción en el Departamento de Estado en Washington, en 1987, me conmovió la sensible política Thatcher al comentarnos su preocupación de que, en los pequeños Estados caribeños, la reducida población no permitía a los equipos de fútbol contar con “barras” para desahogar las pasiones, por lo que las centraban en las confrontaciones políticas. Que en medio de sus agobiantes tareas Margaret Thatcher hubiese reflexionado sobre este lejano tema y elabo- rado conclusiones, me convenció de su sensibilidad política.

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