Opinión

La DIS no debe desaparecer

Actualizado el 28 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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La DIS no debe desaparecer

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En los últimos días, y a raíz del nombramiento de Mariano Figueres Olsen como director de la DIS, se ha venido hablando mucho sobre esta entidad y, nuevamente, aparecen las voces que desean su desaparición.

Primeramente, quiero dejar constancia de que comparto plenamente lo expresado por el señor presidente y por don Mariano Figueres. La DIS no debe desaparecer. Es posible hacer cambios orientados a su mejoramiento porque toda obra humana es perfectible y lo que se haga en ese sentido será siempre bienvenido.

Orígenes. Como se han dicho muchas cosas sobre esta unidad de inteligencia, me parece oportuno hacer una muy breve reseña de su historia y su evolución. En primer lugar, es importante saber qué fue lo que se llamó la Agencia de Seguridad Nacional.

Cuando el presidente John F. Kennedy iba a venir a Costa Rica, en marzo de 1963, como es costumbre, el Gobierno norteamericano envío una avanzada de sus agentes de seguridad para evaluar las condiciones en Costa Rica y se sorprendieron cuando constataron que no teníamos una unidad de seguridad o servicio secreto. El Gobierno costarricense, al mando de don Francisco Orlich, ante la situación, creó un cuerpo que pudiese cumplir y coordinar con las autoridades norteamericanas todo lo referente a la seguridad del presidente Kennedy. Ese cuerpo contó, inclusive, con la colaboración de muchos que éramos, en ese momento, estudiantes universitarios para brindar colaboración cuando él visitó la Universidad de Costa Rica y evitar el ingreso de policías uniformados.

Posteriormente, a finales de ese año, dentro del marco de Condeca, se le dio permanencia a la Agencia de Seguridad Nacional, vía decreto. Esta pertenecía al Ministerio de Seguridad Pública y así se mantuvo hasta que, en el año 1986, se trasladó, también vía decreto, al Ministerio de la Presidencia. Finalmente, con la Ley General de Policía de 1994, se le dio estatus legal y se cambió su nombre: Dirección de Inteligencia y Seguridad.

Es cierto que durante muchos años y muchas administraciones la DIS fue un obsecuente servidor sobre todo de la CIA y recibió ayudas, según mi criterio, inadecuadas e ilegales del Gobierno estadounidense. Puedo garantizar que mientras estuvo bajo mi mando eso nunca ocurrió. Sin embargo, los pecados cometidos, que pueden ser enmendados, no son razón para su cierre.

Amenazas de hoy. Todo país necesita de un cuerpo de inteligencia que trabaje discretamente y suministre a las autoridades correspondientes toda la información pertinente a la seguridad de la nación, sus dirigentes y visitantes extranjeros y debe existir una coordinación con cuerpos semejantes de los países amigos para compartir esa información.

Hoy día, no son las guerras centroamericanas las que atentan contra nuestra seguridad, pero el narcotráfico y las maras sin lugar a duda sí lo hacen.

Finalmente, aunque los costarricenses nos jactamos de que somos muy civilizados y pacíficos, nuestra historia demuestra que en muchísimas ocasiones se ha recurrido a las vías de hecho para resolver problemas políticos. Muchos de esos intentos provocaron, inclusive, enfrentamientos con muertes de nuestros ciudadanos y, aunque no han trascendido al gran público, los intentos o maquinaciones para dar golpes de estado son una realidad, y no se crea que eso fue hace muchos años.

Durante el conflicto de la revolución nicaragüense, la Agencia de Seguridad Nacional dio un apoyo inconmensurable realizando labores de inteligencia aún en los campos de batalla, y dentro de Nicaragua propiamente. Los intentos frustrados de Somoza por invadir Costa Rica fueron, muchas veces, detenidos gracias a la información de la Agencia.

Hay muchas más cosas que podrían decirse, pero no deseo abusar del espacio. Estoy a la orden para conversar sobre el tema con cualquier persona interesada.

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