Opinión

Cultura juvenil universitaria

Actualizado el 26 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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Al conmemorarse diez años de la fundación de la Universidad de Costa Rica (UCR), y con vistas a la celebración de la semana universitaria, el periódico La Nación tuvo la feliz iniciativa de publicar el día 21 de agosto de 1950 una edición especial redactada y dirigida “exclusivamente por estudiantes”.

La profesora Teresita Cordero, al considerar tal experiencia en un libro reciente, concentró su atención en las críticas de que fue objeto la iniciativa de La Nación por parte de otros periódicos y de las autoridades gubernamentales y universitarias. En contraste con esa perspectiva, aquí se resalta que el material publicado por los estudiantes constituye una fuente muy valiosa para aproximarse a la cultura juvenil universitaria costarricense de inicios de la década de 1950.

Walter Sagot, Enrique Obregón y José Manuel Camacho, en su condición de editores responsables, declararon que ese número del periódico no tenía “otra finalidad que la de llevar la alegría juvenil más allá de los límites del ámbito de nuestras actividades –la Universidad– para colgarla en el espíritu de todos los costarricenses”.

Evidentemente, la edición fue muy influenciada por la composición del estudiantado universitario de esa época: predominantemente masculino, proveniente en su mayoría de familias de sectores medios y acomodados urbanos –en particular, de la ciudad de San José– y definidamente anticomunista.

Aunque el anticomunismo estuvo presente, no dominó la edición, cuyos contenidos, escritos “sin segundas intenciones”, se concentraron en cinco ejes principales: las bromas entre estudiantes, la política nacional, las especificidades de la cultura costarricense, las jóvenes universitarias y, por supuesto, los profesores.

Bromas y política. De los ejes indicados, las bromas entre estudiantes tuvieron como base experiencias relacionadas con las clases y los exámenes, los noviazgos, las reinas y los reyes feos de las distintas unidades académicas y, en general, con situaciones de la vida cotidiana en la UCR.

Sin embargo, el que concentró la atención estudiantil fue la política nacional, por lo que no sorprende que se burlaran del entonces presidente, Otilio Ulate Blanco, así como de algunos ministros y de figuras como Rafael Ángel Calderón Guardia, José Figueres Ferrer y Mario Echandi Jiménez.

Ulate fue presentado como un presidente de “andar pasitrotero”, que no perdía “turno ni bombeta”, que dirigía un Gobierno que no hacía “nada” y que adversaba las transformaciones impulsadas por la Junta de Gobierno presidida por Figueres después de la guerra civil de 1948.

Equiparado con unos “tacones”, el Figueres de los estudiantes se ufanaba de haber obtenido “varios millones en poco tiempo” y advertía que prefería no dar declaraciones políticas para “no echar sombras sobre el actual Gobierno”. Además, los jóvenes universitarios pronosticaron que el retorno de Figueres a la presidencia era “más difícil que hacer gárgaras boca abajo”.

Calderón Guardia, en la versión estudiantil, rechazaba que hubiera sido amigo de Manuel Mora, a quien solo había visto una vez en su vida (cuando ambos, junto con el arzobispo Víctor Manuel Sanabria, fueron fotografiados a bordo de un jeep ). De Echandi indicaron que su sonrisa era similar a la de la Mona Lisa y que insistía en afirmar que no era cierto “lo que todo el mundo sabe”: que quería ser presidente de Costa Rica.

Especificidades. Indudablemente, el artículo más elaborado sobre las especificidades nacionales fue el titulado “Costa Rica enjuiciada por el Dr. Karl Schufter”, y referido a un supuesto académico alemán que había dejado un manuscrito inédito llamado “Un país de gente rara”, “que es de lo más notable que se ha escrito en materia de psico-sociología costarricense”.

Schufter, según el artículo, vivió diez años en suelo costarricense, al cabo de los cuales llegó a la peligrosa y reveladora conclusión, basada en estadísticas y análisis cuidadosos, de que “los ticos no son serios”, ya que es un pueblo que vive al revés, “alegrándose en las ocasiones serias, y poniéndose triste cuando debe venir la alegría”.

El fundamento de tal contradicción era la timidez profunda de los costarricenses, a quienes –en palabras de Schufter– había que extraerles la alegría con cuchara, “y no con una cuchara vacía, sino llenita con ‘guaro’ de la Fábrica (guaro es una especie de licor que se destila en la región, de gran poder explosivo)”.

Sin la mediación del guaro, la alegría de los costarricenses se reducía al “choteo”, una “sanción satírica”, que “consiste en señalar con dureza al que se las da de original”. En fin, de acuerdo con Schufter (quien parece haber leído a Yolanda Oreamuno), “el choteo es una institución nacional en Costa Rica, más importante que el Teatro Nacional y que la política”.

Universitarias. En 1950, la UCR tenía apenas 1.539 estudiantes, de los cuales alrededor de un tercio eran mujeres. Poco sorprende, entonces, que las voces de la edición especial de La Nación fueran exclusivamente masculinas y que en los artículos relacionados con las jóvenes universitarias predominaran los estereotipos y prejuicios de género.

Los estudiantes, sin embargo, también aprovecharon la ocasión para, entre broma y broma, denunciar con nombres y apellidos a algunos de sus profesores, a quienes se les hacía “agua la boca” al ver a las alumnas. La exposición de este tema –más explosivo que el licor de la Fábrica– fue posible por el carácter carnavalesco que tuvo la edición del diario.

De las fuentes que conozco para este período, y que son públicamente accesibles, esta edición de La Nación es una de las que proporciona información más sistemática y precisa acerca de esa cultura académica que toleraba diversas formas de acoso de los profesores hacia sus alumnas, prácticas que únicamente empezaron a ser impugnadas de manera sistemática, tanto en las universidades como en la enseñanza preuniversitaria, en la década de 1980.

Profesores. Puesto que burlarse de sus profesores es un derecho inalienable de los estudiantes, quienes prepararon la edición especial de La Nación lo ejercieron ampliamente. Al elaborar la sección “El día histórico”, consignaron: “1203. Nació en esta fecha Indalecio Sáenz, el Papa de los feos y el príncipe de los gardeles… Se conserva en nuestros días, en los claustros universitarios, dando clases de química”.

Igualmente, en los “Avisos económicos” incluyeron estos dos imaginativos anuncios: “Para el insomnio. Vendemos discos de Rodrigo Soley dando una clase de Historia. Duerma como un ángel comprando uno. Se agotan!”; y “Me urge comprar diccionario para entender clases de Rodrigo Facio”.

El rápido ascenso de Facio en el medio universitario y en la política nacional fue debidamente captado por los estudiantes, quienes se refirieron a él como “abogado, economista y filósofo, es un nuevo misterio de la Santísima Trinidad”.

Alberto Martén tampoco se escapó de las burlas de los estudiantes, quienes señalaron que, “cuando lee a Adam Smith, llega en un Cadillac último modelo; y, cuando está estudiando a Marx, se viene a pie”; además, lo exaltaron por haber inventado la “Teoría Metafísica del Dinero, capaz de solucionar todas las crisis económicas del mundo”.

Invitación. Ya desaparecida, esa cultura estudiantil universitaria, que convirtió el periódico en un carnaval para desafiar las relaciones de poder y exponer tensiones y conflictos, dejó en las páginas de esa edición especial del diario La Nación una invitación permanente para conocerla e investigarla.

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