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Cubaniches rebencúos (1)

Actualizado el 14 de julio de 2013 a las 12:01 am

Un nuevoaniversariodel gloriosodisparate…

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Cubaniches rebencúos (1)

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El 26 de julio de 2012 Raúl Castro dijo que Cuba era una isla chiquitica y del mamey, de gente pacífica que se comía del mango la semilla y a la que le gustaba bailar y cantar y amistarse con todos, incluidos los Estados Unidos, pero a la vez un pueblo un poco rebencúo .Parece que para este nuevo aniversario del glorioso disparate no ha cambiado las metáforas, a juzgar por su discurso el 7 de julio en esa reunión de payasos que allá llaman asamblea nacional del poder popular.

Y es que los cubaniches siguen siendo esa legión de holgazanes, desaprensivos y pillos que le chupan la sangre a una revolución generosa que lleva más de medio siglo sacrificándose para servir al pueblo. Oigámoslo:

Robo al Estado. Así, una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado. Se propagaron con impunidad las construcciones ilegales, la ocupación de viviendas, la comercialización ilícita de bienes y servicios, el incumplimiento de horarios laborales, el hurto y sacrificio ilegal de ganado, la captura de especies marinas en peligro de extinción, el uso de artes masivas de pesca, la tala de recursos forestales, el acaparamiento de productos deficitarios y su reventa, la participación en juegos al margen de la ley, las violaciones de precios, la aceptación de sobornos y prebendas, el asedio al turismo y la infracción en materia informática.

Señores, Fidel no merece eso, aunque ya no se dé cuenta, porque mientras tuvo lucidez la empleó entera en mejorar las condiciones de vida de la población. Ni Raúl, que en todo momento ha estado a la vera de su hermano y guía, luchando por lo mismo. Ni el resto de los históricos y los pinos nuevos que han venido después.

Y es que los cubanos son un hatajo de buscones malagradecidos incapaces de aquilatar el cúmulo de bienaventuranzas que les ha dado la revolución. Con razón Raúl está dolido.

Casos de marginalidad. Conductas propias de la marginalidad, como gritar en plena calle, el uso de palabras obscenas y la chabacanería con independencia de nivel educacional o edad. Se tolera botar desechos en la vía; hacer necesidades fisiológicas en calles y parques; afear paredes de edificios o áreas urbanas; ingerir bebidas alcohólicas en lugares inapropiados y conducir en estado de embriaguez; florece la música alta que perjudica el descanso; prolifera la cría de cerdos en las ciudades, se convive con la destrucción de parques, monumentos, árboles, jardines y áreas verdes; se vandaliza la telefonía pública, el tendido eléctrico y telefónico, alcantarillas, las señales del tránsito y las defensas metálicas de las carreteras. Cerdos, es que los cubanos se han convertido en una piara! ¡Pensar que tanto revolucionario se haya sacrificado para esto!

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Fraudes y evasiones. Se evade el pago del pasaje en el transporte o se lo apropian algunos trabajadores; grupos de muchachos lanzan piedras a trenes y vehículos automotores; se ignoran las más elementales normas de caballerosidad y respeto hacia los ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños pequeños e impedidos físicos. Lo mismo pasa con los uniformes escolares, se transforman al punto de no parecerlo, algunos profesores imparten clases incorrectamente vestidos y existen casos de maestros y familiares que participan en hechos de fraude académico. Lo real, terminó diciendo Raúl, “es que se ha abusado de la nobleza de la revolución, de no acudir al uso de la fuerza de la ley, privilegiando el convencimiento y el trabajo político, lo cual debemos reconocer que no siempre ha resultado”.

En momentos como estos recuerda uno a Bolívar, al final de su existencia: “He arado en el mar”.

Los techos. Sin embargo, algo nos conforta y es que en esta temporada de ciclones cuando Cuba sufra uno, y tanto da que sea natural o de los que mandan los yanquis a la Isla para sabotear el progreso revolucionario y minar la moral de los nativos, no se llevará los techos de las viviendas. Porque los techos se los llevó hace un año el huracán Sandy y todavía los rebencúos no los han vuelto a poner.

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