Opinión

Lo de Cuba es un problema moral

Actualizado el 06 de enero de 2015 a las 12:00 am

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Lo de Cuba es un problema moral

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En el mundo secular y de relativismo en que vivimos, “moral” es una palabra gastada. No se usa con frecuencia, a pesar de que su significado no es complejo: “Las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o la maldad”.

En la Iglesia temprana (después de los apóstoles), el mal no era una abstracción, sino que designaba a una persona, Satanás, el Malvado, que “se atraviesa” en el designio de Dios.

Pero, ya para la era de la Ilustración (siglo XVIII), hablar de algo (como Satanás) que trasciende la ciencia y lo tangible era mal visto en los círculos intelectuales. Los filósofos del racionalismo sostenían que solo por medio de la razón se podían descubrir verdades universales, como el mal, y que una revelación divina no era necesaria. Hablar de la maldad hoy en día se ha convertido en un pecado secular.

La maldad. Sin embargo, Hitler encarnó lo diabólico y rompió el “baluarte” del racionalismo que había desechado la maldad demoníaca como un pedazo de mitología pasada de moda. Pero muchos aceptaron que, durante su reino, se manifestó una fuerza diabólica trascendente.

Cuando recibió el Premio Nobel de la Paz, en diciembre del 2009, Barack Obama, refiriéndose a Hitler, lo confirmó. Dijo: “No se presten a error: la maldad existe en el mundo”. Esa frase dejó boquiabiertos a sus impíos colegas intelectuales de Harvard.

Carlos Alberto Montaner, un renacentista liberal, es un gran pensador. En un momento dado, sintió la necesidad de calificarse como “agnóstico” en público, conforme corresponde a un intelectual moderno. En un artículo reciente nos recuerda que el Che Guevara se autocalificó como “una fría máquina de matar”.

Sin embargo, no llegó a calificarlo de “agente del mal”, de la misma forma como Obama calificó a Hitler. Simplemente, dice que “él (el Che) era así”. Y continúa Montaner: “Lenin era así. Fidel y Raúl son así. Los nazis y los fascistas eran así. Los suicidas terroristas del mundo islámico son así”. No son agentes del mal. Simplemente, “son así”. “Convencidos de la santidad de la causa que defienden, no son malos, “son capaces de cualquier cosa”. Los llama “los matones patrióticos”. No dijo que eran agentes del mal. No encontró cómo arriesgar sus credenciales de intelectual moderno.

‘Preferencia reaccionaria’. Solzhenitsyn, el mártir de los derechos humanos en la era de Stalin, se arriesgó y pagó un alto precio. Fue torturado por años y, luego, expulsado de su país. En el extranjero advirtió sobre los peligros del debilitamiento de la fibra moral de Occidente. Inicialmente fue bien recibido en los círculos conservadores occidentales, pero sus opiniones piadosas comenzaron a ser cuestionadas por los círculos más liberales a causa de su “preferencia reaccionaria” hacia la religión. En 1994 escribió esto:

“He pasado más de 50 años trabajando en la historia de la revolución comunista; en el proceso he leído cientos de libros, colectado cientos de testimonios personales y he contribuido con ocho volúmenes de mi parte para tratar de aclarar los desechos que dejó la gran convulsión que ha sufrido Rusia. Y, si hoy se me pide que formule, en la forma más concisa que yo pueda, cuál es la causa principal de la ruinosa revolución que se tragó a 60 millones de nuestra gente, no lo podría hacer mejor que repetir: ‘Los hombres se han olvidado de Dios; esa es la razón por la cual todo esto ha sucedido’”. Murió a los 90 años de edad, alejado del mundo intelectual, de su patria y de Occidente.

La ciencia no ha logrado encuadrar el mal en un esquema científico que logre definir su naturaleza. Y, si la razón y la ciencia no logran explicar la sinrazón del mal, ¿qué queda? El gran filósofo Séneca opinaba que la mejor forma de expresión concreta de los más profundos conceptos filosóficos, como el de la maldad, es a través de los ejemplos.

He llegado a la convicción de que el problema del mal no se debe presentar en una forma abstracta. La esencia de la maldad trasciende las palabras, y las palabras no se acercan a la realidad. La maldad se reconoce mejor en toda su amplitud cuando es encarnada, experimentada concretamente y no en abstracto, contemplando el mal con ejemplos de impensables atrocidades.

En su editorial del 17 de diciembre del 2014, el editorial de uno de los periódicos liberales y seculares más prestigiosos del mundo, el Washington Post habla del “régimen comunista”, “de los dictadores Castro”, de “su influencia perjudicial sobre la región”, su violación de los derechos humanos, y predice que la decisión de Obama del reconocimiento diplomático de la Cuba de los Castro “permitirá al régimen mantener su sistema totalitario indefinidamente”. No se acerca a emitir un juicio moral.

¿Qué sentido moral tiene que Obama condene el mal de Hitler al recibir el Nobel en Oslo, si luego actúa para preservar el reino del mal de los Castro en Cuba?

Con su acción del 17 de diciembre, Obama consintió, de hecho, las acciones de los principales dirigentes de la revolución cubana. Ernesto Guevara era uno de ellos.

Máquina de matar. En su “Mensaje a la Tricontinental”, de abril de 1967, Guevara había prescrito la correcta actitud moral que debía acompañar a todos los verdaderos revolucionarios: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”.

En su diario escribió: “Siento que mi nariz se dilata saboreando el olor acre de la pólvora y la sangre del enemigo”. En una carta a su esposa, le escribió en 1957: “Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre".

En enero de 1957, Guevara mató a Eutimio Guerra porque sospechaba que estaba “pasando información”: “¡Acabé con la duda dándole un tiro con una pistola de calibre 32 en la sien derecha! Sus pertenencias pasaron a mi poder". Asesino y ladrón.

Inmediatamente después de la caída del régimen de Batista, Castro puso a Guevara a cargo de la cárcel de La Cabaña. Allí murieron 3.812 “en el paredón” según Alan Gross, de AP. Como jefe de La Cabaña, según Ramiro Valdés, le ordenaba a sus ejecutores: “Ante la duda, mátalo”.

El presidente Obama también dignificó a Raúl Castro, actual jefe de Estado de Cuba. En los días antes del triunfo de la revolución, se filtró en la opinión pública de la zona de la Sierra Cristal, donde Raúl era el comandante, que la alarmante intensificación de los fusilamientos sin juicio llevó a Fidel a enviarle un mensaje que decía: “Tienes que detener los fusilamientos”, y que Raúl, un monstruo sediento de sangre, le respondió: “Entonces, manda soga y cebo para ahorcar”.

Exiliados. Obama también olvidó el inhumano drama de los exiliados cubanos. Huyendo del infierno que los rodeaba, casi dos millones marcharon al exilio a riesgo de todo: muchos cruzando del estrecho de la Florida en embarcaciones de fabricación casera. Por cada tres de aquellos que alcanzaron las costas del Norte, uno pereció en la travesía. El 17% de la población cubana marchó al destierro.

La maldad del régimen comunista de Cuba no se ha llegado a apreciar en su verdadero extremo. Lo de Cuba en nuestros días, como lo de Lenin, Stalin, Hitler, Mao y otras luminarias de menor cuantía, deja claro que la radicalidad de la maldad en nuestro tiempo ha sido de una creciente intensidad y constancia. No se puede hablar de beneficios que pueden derivarse de la ayuda de Obama a la revolución cubana sin que conste que está preservando, por 50 años más, el reino del mal en Cuba.

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