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Crucitas y el agua

Actualizado el 07 de marzo de 2009 a las 12:00 am

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Crucitas y el agua  - 1
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Quisiera referirme a los puntos esbozados por el señor viceministro del Ambiente ( Foro , 27/2/ 2009) en su reacció n a un artículo mío sobre Crucitas.

Todos los hechos, documentos y citas que aporta el señor Viceministro se refieren al Estudio de Impacto Ambiental (EIA) presentado para el proyecto original en el 2002 y aprobado por la Setena (diciembre 2005). En ningún momento hace referencia alguna a estudios hechos con posterioridad a diciembre del 2007, cuando es presentada la “ampliación” del proyecto Crucitas. Recordemos que inicialmente el proyecto preveía una profundidad de 7 a 10 metros sobre unas 126 hectáreas; pero que en diciembre 2007, se decide en un “anexo” reducir la extensión de superficie, pero multiplicar por más de 6 la profundidad de extracción (hasta 75 metros).

Aún en el proyecto inicial, con un máximo de 15 metros de profundidad, geólogos de la UCR habían advertido que “un proyecto minero como el aquí analizado debe ser estudiado desde una perspectiva real del alcance de sus impactos, esto es, como mínimo, en el ámbito de la cuenca hidrográfica donde se localiza”.

Más llamativo aún, Senara nunca fue solicitada para realizar un estudio de campo y realizar un diagnóstico en la zona de Crucitas. Su oficio de enero del 2007 que consta en el expediente Crucitas en la Setena indicaba incluso la necesidad de contar con estudios hidrogeológicos inexistentes a la fecha. Si ya Senara consideró que eran necesarios estudios para una profundidad de hasta 15 metros, ¿no deberían serlo más aún para una de 75 metros?

Falta estudio. El nuevo proyecto presentado en diciembre del 2007 no ha dado lugar a un nuevo EIA integral, pese a modificar el patrón de impactos ambientales en esa húmeda zona fronteriza. El señor Viceministro se “sorprende” por permitirme yo escribir “que la Setena hizo caso omiso del factor hidrológico y de sus implicaciones para la cuenca del San Juan”. Debo confesar que no es el único sorprendido. Al menos, ya somos dos, incluso creo que somos más.

No desconozco “que, antes de la aprobación de EIA, se invitó a los nicaragüenses a la audiencia pública convocada por la Setena, también se contrató un equipo de profesionales, que con carácter de auditoria profesional, revisaron minuciosamente los documentos aportados por la empresa”. Sin embargo, si desconozco un ejercicio y una minuciosidad similares con posterioridad a diciembre del 2007 cuando se modifica totalmente el proyecto al duplicar el volumen de material extraído y multiplicar por 6 la profundidad de extracción.

El que la Setena no cuestionara un estudio hidrogeológico indicando que “el flujo de aguas de este acuífero no corre en dirección al Río San Juan” ya no resulta tan sorprendente, considerando otras sutiles extrañezas avaladas a veces por la Setena en otros EIA (por ejemplo, la existencia de pelícanos en Siquirres, especie desconocida en la zona, o la confusión entre pastizales y manglares en Parrita). Las afirmaciones de expertos citados por Setena sobre la inexistencia de riesgo recuerdan las que quedaron plasmadas en comparecencias ante la Sala IV en mayo del 2005 sobre un proyecto minero (Bellavista) que también la Setena consideró en su momento como “seguro y sin riesgos”: en octubre del 2007, la mina colapsó de una manera estrepitosa (sin que, por cierto, al día de hoy el MINAET haya realizado un estudio sobre el posible impacto de esta anunciada catástrofe ambiental).

En cuanto a “comprometer la soberanía”, este proyecto minero la compromete desde la perspectiva internacional, y muy gravemente, al exponer de semejante manera al país.

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