Opinión

Crisis del Medio Oriente y riesgos globales

Actualizado el 12 de octubre de 2015 a las 12:00 am

En el pasado, la inestabilidad geopolítica en la región generó tres recesiones mundiales

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NUEVA YORK – Entre los riesgos geopolíticos de la actualidad, ninguno es mayor que el arco largo de inestabilidad que se extiende desde el Magreb hasta la frontera entre Afganistán y Pakistán.

Ahora que la Primavera Árabe se torna en un recuerdo cada vez más distante, la inestabilidad a lo largo de este arco se profundiza. De hecho, de entre los tres países donde inicialmente surgió la Primavera Árabe, Libia se convirtió en un Estado fallido, Egipto regresó a un régimen autoritario y Túnez está siendo desestabilizado económica y políticamente por ataques terroristas.

La violencia y la inestabilidad del norte de África se extienden hacia el África subsahariana: ahora el Sahel – una de las regiones más pobres y con el medioambiente más dañado del mundo– está bajo el control del yihadismo, que se infiltra también en el oriente del Cuerno de África. Y, al igual que en Libia, las guerras civiles están en su apogeo en Irak, Siria, Yemen y Somalia, todos estos países que, paulatinamente, se muestran como Estados fallidos.

La agitación en la región (que Estados Unidos y sus aliados ayudaron a impulsar, en su búsqueda de un cambio de régimen en Irak, Libia, Siria, Egipto y otros países más) también está menoscabando Estados que anteriormente eran seguros.

La afluencia de refugiados de Siria e Irak está desestabilizando a Jordania, Líbano y ahora incluso a Turquía, que se torna, gradualmente, en un país más autoritario bajo el régimen del presidente Recep Tayyip Erdogan. Simultáneamente, debido al conflicto no resuelto entre Israel y los palestinos, Hamás en Gaza y Hezbolá en el Líbano representan una amenaza crónica de violentos enfrentamientos con Israel.

En este agitado entorno regional, se desarrolla de manera violenta una gran lucha de poder entre la Arabia Saudita sunita y el Irán chiita, esta lucha por delegación a partidarios se desarrolla dentro de Irak, Siria, Yemen, Bahréin y Líbano. Y, si bien el reciente acuerdo nuclear con Irán puede reducir el riesgo de proliferación de dichos conflictos, el levantamiento de las sanciones económicas contra Irán proporcionará a los líderes de este país más recursos financieros para apoyar a sus partidarios chiitas.

Más al oriente, Afganistán (donde los talibanes que resurgen podrían retornar al poder) y Pakistán (donde los islamistas locales representan una continua amenaza a la seguridad) están en riesgo de convertirse en Estados semifracasados.

Y, sin embargo, de manera notable, incluso mientras la mayor parte de la región comenzó a arder, los precios del petróleo se derrumbaron.

En el pasado, la inestabilidad geopolítica en la región generó tres recesiones mundiales. En 1973 la Guerra de Yom Kipur entre Israel y los Estados árabes produjo un embargo del petróleo que triplicó los precios y llevó a la estanflación (alta tasa de desempleo más inflación) del período 1974-1975.

La revolución iraní de 1979 llevó a otro embargo y a otro impacto en el precio que provocó la estanflación mundial del período 1980-1982. Y, la invasión iraquí de Kuwait en el año 1990 condujo a la otra alza en los precios del petróleo que desencadenó la recesión de 1990-1991 en EE. UU. y a nivel mundial.

Esta vez, la inestabilidad en el Medio Oriente es mucho más grave y generalizada. Pero parece que no hubiese una “prima de miedo” que eleve los precios del petróleo; por el contrario, los precios del petróleo han disminuido considerablemente desde el año 2014. ¿Por qué?

Tal vez la razón más importante es que, a diferencia del pasado, la crisis en el Medio Oriente no ha causado conmoción en el suministro.

Incluso en las partes de Irak ahora controladas por el Estado Islámico, la producción de petróleo continúa, sale vía contrabando y se vende en mercados extranjeros. Además, la perspectiva de que se eliminarán gradualmente las sanciones a las exportaciones de petróleo de Irán implica el ingreso de importantes flujos de inversión extranjera directa destinados a aumentar la capacidad de producción y exportación.

De hecho, existe un exceso de oferta mundial de petróleo. En América del Norte, la revolución de la energía del esquisto en las arenas de petróleo de EE. UU. y Canadá y la perspectiva de mayor producción petrolífera en tierra firme y altamar en México (ahora que su sector energético está abierto a la inversión privada y extranjera) han hecho que el continente sea menos dependiente de suministros del Oriente Medio.

Por otra parte, América del Sur tiene enormes reservas de hidrocarburos, desde Colombia hasta Argentina, al igual que el oriente de África, desde Kenia hasta Mozambique.

Ya que EE. UU. está en camino a conseguir la independencia energética, existe el riesgo de que Estados Unidos y sus aliados occidentales lleguen a considerar al Medio Oriente como un lugar con una menor importancia estratégica. Esa creencia es una ilusión: un Medio Oriente ardiendo en llamas puede desestabilizar al mundo de muchas maneras.

En primer lugar, algunos de estos conflictos todavía pueden dar lugar a una verdadera interrupción del suministro, tal como ocurrió en los años 1973, 1979 y 1990.

En segundo lugar, las guerras civiles que convierten a millones de personas en refugiados desestabilizarán a Europa económica y socialmente, lo que con seguridad golpeará duramente a la economía mundial. Y, en las economías y sociedades de los Estados de primera línea, como el Líbano, Jordania y Turquía, que ya están bajo tensiones graves por absorber a millones de esos refugiados, se confrontan riesgos aún mayores.

En tercer lugar, la miseria y desesperanza prolongadas que sufren millones de jóvenes árabes crearán una nueva generación de yihadistas exacerbados que culpan a Occidente por su desesperación. Algunos, sin lugar a duda, van a encontrar vías para llegar a Europa y EE. UU. para luego lanzar ataques terroristas.

Así que, si Occidente ignora al Medio Oriente o aborda los problemas de la región únicamente a través de medios militares (EE. UU., ha gastado millones de millones de dólares en sus guerras de Afganistán e Irak, solo para crear más inestabilidad), en lugar de apoyarse en recursos diplomáticos y financieros para apuntalar el crecimiento y el empleo, la inestabilidad de la región solo empeorará. Una decisión de ese tipo sería una sombra que persiga a EE. UU. y Europa –y por lo tanto a la economía global – durante las próximas décadas.

Nouriel Roubini es presidente de Roubini Global Economics y profesor de Economía en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York. © Project Syndicate 1995–2015

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