Opinión

Creo en mi país

Actualizado el 19 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Estas cosas colman mi vida. Recibo un mensaje de un lector que comparte conmigo su entusiasmo por el Quijote. Luego, de uno de los lugares más remotos del país me llega la carta de un campesino que se describe como tal, y me pregunta: “Don Jacques: yo quisiera ser un hombre culto. ¿Podría decirme qué libros tengo que leer para salir de mi ignorancia?”. Y hace unos días: “Señor Sagot: a mí me gustaría escribir tan lindo como usted. ¿Me podría explicar cómo se redacta un ensayo?”. La sed de conocimiento de nuestro pueblo. Esas gentes que no han renunciado a la cultura. Que, desde su sencillez, aspiran a la excelencia.

¡Ah, vida, y otros a los que les son dadas tantas oportunidades, y optan conscientemente por el pachuquismo y la vulgaridad! La ignorancia que se enorgullece, soberbia, de sí misma. Por un lado, me siento tan conmovido; por el otro, iracundo… Se me pega el nudo en la garganta, cada vez que intento contestar estas cartas… ¿cómo pueden creer que yo tenga las respuestas a sus inquietudes? “Sed cultos para ser libres” –decía Martí–. Gracias, amigos: son ustedes los más puro y noble de nuestro país. Su apetito de belleza nos salvará a todos.

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