Opinión

Crecimiento improductivo

Actualizado el 11 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

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Crecimiento improductivo

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Según investigadores y estudiosos como Norcote Parkinson, Charles Debbach, Henry Mintzberg y los premios Nobel como Albert Simon y James Buchanan y muchos otros científicos, las administraciones públicas tienden a crecer de manera desproporcionada en sus áreas llamadas administrativas, en detrimento de las áreas sustantivas, lo cual genera un crecimiento improductivo.

Si tomamos como ejemplo un ministerio, un hospital, una universidad, una fábrica, un banco, etc., todos han sido creados para cumplir una misión.

Para ello se crean las estructuras organizativas y se les dota del personal necesario. En un ministerio de educación serían los maestros; en seguridad, los policías; agrónomos y técnicos, en agricultura; en un hospital, el personal médico y auxiliar; en una universidad, el personal académico; en una fábrica, los trabajadores a cargo de la producción; en un banco, los ejecutivos de cuenta y cajeros, etc.

A este aparato encargado de producir directamente los bienes o los servicios para los cuales la entidad ha sido creada se le llama área productiva, núcleo operativo o área sustantiva ( core business en inglés)

El personal encargado de las labores sustantivas requiere otras unidades de apoyo o de servicios generales, y las altas autoridades necesitan establecer controles.

Para ello se crean los mandos medios, encargados de brindar servicios y apoyo al núcleo sustantivo, como proveedurías, seguridad, limpieza, transportes etc., y otras unidades se encargarán de establecer controles, como auditorías, recursos humanos, asesoría legal, finanzas, contabilidad, planificación.

Ninguna de estas áreas realiza labores sustantivas, pero son necesarias para que la organización funcione.

El personal del núcleo operativo o sustantivo produce los bienes y servicios que recibe la sociedad. Por esta razón, este personal está más expuesto a los controles, demandas, exigencias, críticas y quejas de los clientes, usuarios o beneficiarios.

Este personal es el que está sometido, además, a los controles internos de la organización.

Como los salarios los establecen los técnicos de recursos humanos siempre, este personal y los de finanzas, planificación, auditoría, suministros, mandos medios, etc., son los que tienen relativamente las mejores remuneraciones.

Para justificar esos niveles salariales, por lo general, se establecen requisitos superiores a los que el puesto realmente requiere. La paradoja es que al personal que realiza el trabajo sustantivo, y por lo tanto al que tiene mayores responsabilidades, se le asignan los salarios relativamente más bajos.

Esto crea una situación en la que el personal sustantivo –maestros, policías, médicos, profesores, cajeros, es decir, todos aquellos que atienden al público, en una aula, un mostrador, ventanilla, oficina, teléfono, correspondencia o tecnología de la información– procuran, por todos los medios, pasar a ser parte del personal administrativo o de control, léase director, jefe, supervisor, decano, contralor, asesor legal, contable o miembro del área de finanzas, recursos humanos, planificación, evaluación, etc. Con esto lograrán mayores ingresos y estarán sometido a menores controles.

Planilla innecesaria. Debido a este fenómeno, se crean numerosas plazas innecesarias en las áreas no sustantivas, multiplicándose las jefaturas de cuanta especialidad aparece en la jerga administrativa o técnica de que se trate.

Esto produce además, entrabamiento burocrático y crecimiento desproporcionado de personal, sin relación directa con los objetivos de la organización.

Esto se constata fácilmente comparando una organización pública con una privada, que hacen lo mismo, como un hospital, un colegio, una compañía de seguros, una refinería o una universidad.

Paradójicamente, la regla es la siguiente: entre más se alejen los funcionarios de los ciudadanos a los cuales les brindan el servicio, recibirán mejores salarios y están sujetos a menos controles.

Esta regla no necesariamente se cumple en los casos de encargados de otorgar beneficios o sanciones, como serían los inspectores, ya sean, municipales, de salud, de aduanas, de tránsito o similares.

Otro efecto importante es que los productos, o sea, el número de alumnos, de graduados, de pacientes, de casos atendidos o servicios prestados, crecen a un ritmo menor que el presupuesto y la cantidad de funcionarios administrativos.

Además, los mejores espacios, los nuevos edificios, los salones de atención de pacientes o de público, las aulas, las zonas verdes, etc. se convierten en oficinas y los espacios para la recreación de los escolares se convierten en estacionamientos.

Por esta razón, cuando los gobiernos dicen que están asignando mayores recursos en una institución, no significa que se estén aumentando o mejorando los servicios.

Es comprensible, mas no ético, que las autoridades políticas, así como las universidades o entes descentralizados, no muestren ningún interés en hacer evaluaciones, porque lógicamente, los resultados atentarían contra sus beneficios personales.

Luis Lorenzo Rodríguez es profesor de la UCR.

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