Opinión

Costa Rica y el nuevo desarrollo global

Actualizado el 28 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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Costa Rica y el nuevo desarrollo global

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Hace unos meses, escribí sobre el proceso de construcción de una nueva agenda de desarrollo en el marco de la ONU. Hablaba entonces de lo complejo e importante de este emprendimiento. En semanas y días recientes, el esfuerzo colectivo se ha acelerado y se espera que culmine en setiembre del 2015 con la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Se espera que esta nueva agenda de desarrollo recoja lo pendiente de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM); que plantee metas más ambiciosas, como eliminar la pobreza extrema (y no solo reducirla a la mitad, como se planteó con los ODM); y que se potencie al incorporar nuevos desafíos globales, especialmente integrando los 3 pilares del Desarrollo Sostenible (social, económico y ambiental).

¡Qué maravilla que Gobiernos y sociedad civil en todo el mundo estemos trabajando enfocados en plantear compromisos y acciones para resolver los problemas más apremiantes de la sociedad y el planeta!

En los años cincuentas y sesentas del siglo XX, las estrategias de desarrollo consistían, fundamentalmente, en propuestas para acelerar el crecimiento económico, de contenido muy general (sustitución de importaciones, industrialización, crecimiento hacia afuera).

Se basaban en aportes y discusiones académicas o teóricas que, a partir del reconocimiento de características propias de los países subdesarrollados respecto del modelo capitalista industrial, proponían diversas políticas para superar su lento crecimiento y bajo nivel de vida promedio. También, lo hicieron para (en las versiones más críticas) desligarse del mercado mundial y acabar con la “dependencia” identificada como causa principal y determinante de esa situación del subdesarrollo.

Desarrollo. Las décadas siguientes vieron múltiples intentos de acometer la empresa del desarrollo, pero siempre con un sesgo economicista. Las experien-cias de Corea (del Sur), Singapur, Hong Kong y Taiwán, llevaron a China a dar un cambio drástico en su modelo económico, otorgando un mayor papel para “el mercado”; pero, sobre todo, promoviendo sus exportaciones aceleradamente. Otros países de Asia y varios de América Latina, también comenzaron a enfatizar más en el mercado exportador, que en el propio mercado interno. Nuestro país fue uno de los primeros en hacerlo de manera exitosa.

Nótese claramente que esto no es lo mismo que una liberalización pura, ni una apertura plena, sino que una base para lo que ha venido siendo luego (con altibajos) una “integración inteligente con el mundo”, cuya agenda aún no se ha completado.

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Pero, al cabo del tiempo, el acelerado crecimiento económico, sobre todo en ausencia de instituciones y de normas de desarrollo y protección social, reveló que el crecimiento económico (aún acelerado) no resulta suficiente para lo que suele denominarse desarrollo integral, con niveles de vida y oportunidades decentes para la mayoría de la población (Costa Rica es un caso particular pues, gracias a haber desarrollado esas instituciones, normas y programas, su índice de desarrollo humano ha correspondido a un nivel de ingreso per cápita superior al que ha alcanzado).

Sostenibilidad. Es en la “Cumbre del Milenio”, cuando los jefes de Estado de todo el mundo, adoptan por primera vez una agenda integral de desarrollo, mediante el establecimiento de un conjunto de objetivos, metas e indicadores, para orientar sus esfuerzos y recursos, de manera prioritaria. Nacen así los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” (ODM), con un horizonte temporal hasta el 2015.

Este esfuerzo concertado y sistemático, ha dejado buenos resultados en general, obviamente diferenciados por países, regiones y sectores sociales. Pero es insuficiente. Especialmente con el peligro que representa el cambio climático y otros fenómenos que reflejan cómo los humanos hemos venido destruyendo nuestro planeta (“la casa de todos”).

Se gesta, entonces, el “Desarrollo Sostenible”, como paradigma aún más integral, pues atiende además de lo económico y social, lo ambiental, y explicita la idea fundamental de que, conforme a los patrones de producción y consumo actuales, la calidad de vida de todos en el planeta empeorará, en pocas décadas. El desarrollo entendido integralmente, pasa a ocupar el centro del escenario y deja de ser visto como las ideas “radicales” de algunos pocos cientistas sociales y economistas heterodoxos.

El Sistema de Naciones Unidas trabaja intensamente en esta agenda, tanto en el área diplomática, en donde los países discuten y presionan por sus ideas, como en los fondos, programas y agencias (PNUD, Onumujeres, Unicef, Pnuma, Unfpa) en la Secretaría de la ONU (DESA, comisiones regionales) y con el trabajo de cientos de académicos y centros de investigación en el mundo entero.

Esto ha aportado útiles evaluaciones de políticas y programas en marcha, diagnósticos de situación de países y regiones, análisis de impacto, revisión de buenas prácticas, modelaje empírico de nuevas políticas y otros. Igualmente, se van integrando aportes críticos de autoridades con variados puntos de vista. Todo esto contribuye a gestar los documentos que se estudian y discuten con rigor y a veces con pasión.

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Para dar solo un ejemplo, en el PNUD se investiga actualmente por qué en América Latina la reducción de la pobreza en varios países (Costa Rica incluido) ha sido exitosa hasta llegar a un índice del 20% o 30%, pero luego, aún las mejores políticas aplicadas hasta ahora, comienzan a perder potencia rápidamente. La idea es no solo hacer el diagnóstico, sino ofrecer propuestas de acción robustas.

Esfuerzo nacional. Los ODS, a diferencia de los ODM, serán resultado de este amplio proceso participativo y no el producto de un grupo de profesionales solamente. Esto les añade apropiación (ownership) y, por tanto, legitimidad. Otra diferencia fundamental es que el cambio climático y sus consecuencias ya nos alcanzaron: solo los necios lo niegan. Se ha acordado, entonces, que lo ambiental ocupe igual importancia que lo económico y lo social, en una dinámica integrada, en la que “todo afecta a todo” y, por lo tanto, hay que abordar los 3 pilares simultáneamente.

Conviene recordar, eso sí, que el mayor esfuerzo es interno, de cada país.

No es fácil articular racionalmente tanta información y los varios procesos paralelos. El esfuerzo es a veces agotador y también ineficiente. Pero también fructífero, y sin duda, democrático y alentador, tanto como puede serlo el emprendimiento más ambiciosamente global que se haya intentado.

Sueño con que, en 15 o 20 años, nadie en el mundo sufrirá hambre ni pobreza extrema como hoy las sufren varios miles de millones de personas; que seremos suficientemente sensatos como para haber evitado un aumento de 2 grados centígrados en la temperatura promedio del planeta, impidiendo así la inundación de millones de kilómetros cuadrados de tierras y la desaparición de ciudades e islas estados. Flora y fauna maravillosa podrá conservarse y las futuras generaciones podrán seguir disfrutando del incomparable espectáculo de la naturaleza de nuestro mundo, la casa que todos debemos cuidar.

Costa Rica, está muy presente en este esfuerzo, para aportar y para recibir.

En ambas vías, si lo hacemos bien, hay mucho por ganar, para hoy y para el futuro.

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