Opinión

Costa Rica espera una alianza patriótica

Actualizado el 16 de enero de 2015 a las 12:00 am

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Nuestro ambiente democrático rezuma libertades por donde se le apriete, y así nos gusta vivir: en este clima cívico vigorizante. Tal red de libertades debemos conservarla, y solo conviene añadirle más responsabilidad y depurar las libertades mediante una justicia social más expansiva y solidaria, no como hacen algunos países ricos con los países pobres: impedirles tener hijos, a fin de acrecentar ellos su bienestar e ignorar la pobreza de estos países tercermundistas, calificados como “despreciables”.

Un ejemplo: solo en Brasil, esterilizaron 7,5 millones de campesinas fértiles, y hubo más millones en África y Asia (Riccardo Cascioli, El complot demográfico) . En Perú hubo 400.000 campesinas esterilizadas en tiempo de Fujimori. Costa Rica estaba en la lista, pero esas esterilizaciones de campesinas fértiles las impidió el gobierno de Rodrigo Carazo. Ahora, este control demográfico lo maneja Naciones Unidas, llámese FIV, aborto… Este control antidemográfico fue impuesto por las administraciones de Johnson y de Clinton. De ahí surgió el comercio con el cuerpo de la mujer. El negocio del aborto, por ejemplo, lo inició en Estados Unidos el ginecólogo Bernard Nathanson, en 1970. Lo explica en su libro La mano de Dios . Poco tiempo después fue un reconocido defensor de la vida humana.

Es mejor establecer un nuevo sentido de previsión: crear una alianza patriótica acorde con el sentir de los costarricenses, que, por cierto, en las elecciones pasadas votaron de todos los partidos para darle el triunfo al actual presidente. La propuesta sería una alianza de Liberación, el PUSC, el PAC y el Libertario, más cercanos unos de otros, es decir, con varios intereses comunes. Algunos intermediarios podrían ser: Enrique Obregón Valverde, abogado, político y escritor; Fernando Araya, filósofo y escritor; Constantino Urcuyo, politólogo, y Sonia Marta Mora, exrectora de la Universidad Nacional y actual ministra de Educación. De efectuarse esa alianza, Costa Rica saldría robustecida: más orden, confianza y mayor seguridad jurídica; y el Gobierno administraría con mayor éxito un país amante de la justicia social, las libertades, el desarrollo y la prosperidad.

Si una alianza más difícil y compleja la han logrado Estados Unidos y Cuba, la de Costa Rica con Costa Rica sería más viable, pese a ciertos antagonismos partidistas; mas ninguna de estas agrupaciones está deseosa de pactar con el Gobierno la creación de un partido que abarque a toda la clase trabajadora bajo la guía sindical. Nuestro Estado de derecho y nuestra democracia no dan para más convenciones colectivas y sus concesiones de privilegio. Como se sabe, quien ejerce el mandato presidencial sufre un conflicto: lo atrapa el binomio incondicional-condicional, y la que pierde es la nación. Así lo dice el escritor Ken Follet: “Nuestra responsabilidad es que la política sea menos dura, más honesta, más racional, menos violenta. Si no lo hacemos, fracasaremos en nuestro deber patriótico” ( El invierno del mundo , pág.30 ) .

Ya se hizo una alianza con China: la gestionó Óscar Arias, la continuó Laura Chinchilla y, ahora, la afianza Luis Guillermo Solís. Pareciera iniciarse la época de las aperturas o las “relaciones”. China será siempre un interrogante.

Costa Rica merece una mayor estabilidad política y un mejor futuro, un mejor camino. El nuestro es un pueblo inclinado al bien y a la ética pública, y eso espera de sus gobernantes. Por ello, espera correspondencia. ¿La tendrá?

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