Opinión

Costa Rica se enfrenta a un estadista

Actualizado el 02 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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A Ortega le gusta ejercer el poder. Ha aprendido que, en este mundo, la fuerza es un imperativo y ha aprendido a manejarla.

Durante la Guerra Fría, el entonces comandante Ortega estaba plegado a los intereses geopolíticos de la URSS y Cuba, que buscaban la conquista de Centroamérica.Para lograrlo, la tesis del comunismo era que se debía escalar el conflicto regional y la única forma de lograrlo era provocando un conflicto fronterizo con Costa Rica para justificar el ingreso del Ejército sandinista al territorio nacional.

En dos ocasiones, el Ejército sandinista estuvo al lado del río San Juan, por Peñas Blancas, listo para invadirnos. Ese y otro plan para agredir a Costa Rica fue considerado en una reunión secreta en 1988 por la Junta de los Comandantes Sandinistas, cuyas actas las firmó Daniel Ortega Saavedra.

Invasión de Calero. En noviembre del 2010, Ortega, por fin, apostó a la fuerza con su invasión militar de la isla de Calero. En esa ocasión me atreví a pronosticar que esa invasión fue un hecho premeditado y que formaba parte de futuros actos de agresión de mayor envergadura.

Me quedó claro que lo que buscó Ortega con la agresión a Calero fue probar las aguas y valorar la disposición de defenderse del pueblo costarricense, y se topó con una aceptación apática y desmotivada de nuestro país. Sacó conclusiones de esa debilidad.

Ortega anunció que fortalecería el Ejército nicaragüense con “más soldados, más salarios y más aviones”. ¿Fortalecer un ejército que contaba con 14.000 soldados? ¿Qué país representaba una amenaza militar para Nicaragua? Sorprendió a los ingenuos asegurando que “estamos en medio de una guerra que está recrudeciendo”. ¿Cuál era la guerra que está recrudeciendo?

En esa ocasión anunció, por primera vez, que Rusia había cooperado con Nicaragua para “avanzar en la técnica militar”, además de los $26,5 millones que Moscú acordó entregar en los próximos tres años para equipar “varias unidades”. No lo dijo entonces, pero, evidentemente, se refería a las lanchas artilladas que le está comprando a Rusia. ¿Para qué las lanchas artilladas?

Fino estratega. Ortega continuó su juego de fino estratega. En julio de este año, la Cancillería de Costa Rica denunció otra afrenta más seria de Ortega contra nuestro país. Involucraba no un humedal como Calero, sino miles de millones potenciales de petrodólares. La Cancillería costarricense anunció que 18 bloques de mar costarricenses en el Pacífico y 55 en el Caribe fueron ofertados por Managua, como si fueran suyos, violando así los límites marítimos de Costa Rica.

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Ya la Corte Internacional de Justicia de La Haya le había cedido a Nicaragua 75.000 kilómetros cuadrados de mar en el Caribe que Colombia reconocía como suyos. Desafiaba no solo a la indefensa Costa Rica, sino también a la potencia militar de Colombia.

En lo que concierne a Costa Rica, no sé si instancias internacionales puedan resolver a favor de Costa Rica, con base en mapitas, este conflicto marítimo con Nicaragua. Pero lo más probable es que se resolverá con la pérdida de otro pedazo del territorio nacional.

¿Cómo se prepara Ortega para defender los miles de kilómetros cuadrados que le otorgó La Haya y que Colombia reclama?

Un poderoso barco de guerra ruso se está paseando por el Caribe haciendo paradas en varios países, principalmente en Nicaragua. ¿Qué anda haciendo ese barco?

Ha sido un misterio, pero Ortega lo ha recibido en varias ocasiones. Su tripulación fue recibida con honores en Nicaragua e, incluso, Ortega condecoró a varios de sus marinos.

Navega por el Caribe para proporcionar la fuerza que hace posible la estrategia de Ortega de defender lo ganado en La Haya y para proteger los intereses económicos de su país. No escatima gastos en la compra de armamentos a Rusia para hacer valer sus fronteras marítimas.

Ortega ha forjado una alianza con Putin. Y, mientras Ortega recibe de Rusia sus seis lanchas artilladas, el poderoso barco soviético responde por los designios de Ortega. Colombia tiene con qué defenderse. Mientras tanto, la débil Costa Rica apelará a la Corte Internacional y, cuando venga su resolución, ya Ortega tendrá años de estar cosechando miles de millones de petrodólares para financiar su canal interoceánico, otro trofeo en su fino manejo del poder.

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