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Corrupción, marca registrada

Actualizado el 03 de junio de 2013 a las 12:00 am

La mafia china se exporta como una expresión más de la cultura china

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Corrupción, marca registrada - 1

La célebre tríada, crimen organizado, corrupción e impunidad, no es precisamente una novedad. No obstante, la atención que concita si es algo nuevo. Antes, el reto era taparla. Hoy, más bien descubrirla. Antes, no pasaba nada por una corruptela o un caso de lavado. Hoy, empieza a pasar algo. No siempre, pero a veces, al menos cuando la prensa “pega color”, sí se mueven las instancias públicas de control de legalidad.

Fincándonos en el caso de Costa Rica, cualquier repaso somero a la historia que rodea la Guerra Civil del 48, obliga a reparar en la corrupción rampante que empató a ambos bandos al menos en eso. Igualados y en franca competencia hacia la baja. Compitiendo en el mal ejemplo del prebendalismo y la impunidad, solo asegurada por el abuso de poder más extremado.

Hubo que esperar a finales de los ochenta y con más acento aún al inaugurarse la década del noventa, a que el narcotráfico se convirtiera en la causa célebre, más por un cálculo de los norteamericanos, que resintiendo el boquete abierto por los narcos, se ocuparon de la fuga de capitales como principal efecto del crimen organizado, sin interesarse mucho en el problema de seguridad y aún menos en el de salud pública que hoy les empieza a preocupar.

Hoy, con el problema algo crecidito y más encima que garañón prendado, el Estado costarricense se viene dando cuenta, apenas, del poder paralelo que subvierte la lógica del régimen de derecho democrático. Aquí mandan el dinero o las balas, no el orden ni la legalidad.

Y aquel que se atreva a sugerir que exagero, le pido asomar la cabeza a la realidad del ingeniero municipal al que le mandaron tres sicarios para ultimarlo por negar un pinche permiso de construcción, o precisar en los “dueños” de equipos de fútbol –no uno sino varios– procesados por lavado y a los respectivos futbolistas, entrenadores y otras faunas que no acataron más que a poner la mano para recibir los billetotes impresos con tinta de sangre, o bien, recordar las historias de un Vesco o un Caro Quintero como huéspedes de honor de las autoridades políticas costarricenses. Así que tampoco es desmedido pensar que los viajes en jet privado de la presidenta Chinchilla, descubren un rompecabezas que apenas se empieza a armar. ¿O alguien aquí todavía cree en la buena fe de “nuestros” políticos?

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Pero igual, con todo y todo, estamos claros que no es aquel triunvirato nocivo (crimen organizado, corrupción e impunidad), una invención autóctona o una expresión cultural endémica. Nuestra impronta histórica, como nación, no llega a tanto.

La mafia china. Ciertamente, es a los chinos a los que se atribuye la sacralización de la corrupción como sistema, es decir, su generalización como forma de administración del poder. Y ello, a partir de la primera manifestación moderna del crimen organizado: las Triadas Chinas.

La mafia china es sin duda la más antigua de todas las organizaciones criminales que no se conformaron con sumar delitos comunes a su prontuario. Trascendieron hasta sustituir al Estado en territorios que terminaban reclamando para sí, como extraterritorialidades donde la autoridad pública no llegaba, sino solo, y quede claro, solo, la fuerza despótica de los criminales, que primero expoliaban a los comerciantes por protección ante las agresiones de otros grupos e incluso el propio imperio corrupto, que así mostraba las primeras grietas que signaban su decadencia.

El negocio mafioso en China se fue sofisticando al punto que hoy quiebra ciertos monopolios derivados del régimen de partido único que rige a la gran potencia. En cuenta, el sistema financiero. Sirva de muestra que aproximadamente el 10 por ciento del PIB chino, según reputadas estimaciones, se coloca con usura para financiar la fundación de negocios que no solo quedan conminados a pagar intereses hasta del 70%, sino también, una cuota vitalicia, todo, asegurado con un sistema cobratorio basado en la tortura, el secuestro y hasta el homicidio.

Igualmente, se ha determinado que no hay un negocio con el Estado en China que no haya sido “aceitado” por las coimas y otros símiles que aquí los políticos criollos rebautizaron a su modo, justificando “comisiones”.

Las fortunas de los funcionarios clave en China, son simplemente exorbitantes. Imposibles por decir lo menos, si se escarba un poco en su origen o extracción.

Expresión cultural. Hoy, y eso es lo que más interesa destacar, la mafia china se exporta como una expresión más de la cultura china. Y a eso es a lo que hay que tenerle cuidado.

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¿Habrán mediado “maletas” o transacciones indeclaradas al adoptarse la decisión de romper relaciones con Taiwán, país democrático y progresista, para amarrar con China mucho más que un estadio, un bulevar y unas cuantas patrullas? Difícilmente lo sabremos. ¿Habrá algo detrás del proyecto de refinería que pretende enlazar a Recope con la empresa estatal china de petróleo? Probablemente tampoco lo sepamos. Como tampoco sabremos si detrás de tanto restaurante chino que aparece por aquí o por allá hay historias de esclavitud, trata de personas, lavado de dinero y otras desgracias inhumanas que preferimos como país pasar por alto.

Lo cierto es que vale la pena estar atentos. Pues si algo está claro es que, aunque algunos creían que la creatividad corrupta y criminógena del tico no conoce par, en materia de corrupción los chinos pueden impartir cátedra. No solo la inventaron, sino que la organizaron y elevaron a niveles desconocidos en este Estado que algunos queremos siga siendo de derecho y no estamos dispuestos a permitir que se venda por un pírrico estadio, unas míseras patrullas o una pinche refinería.

El Estado de derecho bien vale una misa, muchos artículos como este y todo lo que el propio ordenamiento jurídico permita en su defensa.

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