Opinión

Corrupción según el PAC

Actualizado el 18 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

El rigor técnico convirtió al PAC en una formidable fuerza política desde su nacimiento

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El PAC se concibió para: 1. promover un estilo de desarrollo inclusivo y solidario, 2. impulsar la competitividad estructural y el crecimiento económico acelerado, 3. garantizar la sostenibilidad ambiental y 4. auspiciar el respeto a todos los derechos humanos.

De acuerdo con nuestro paradigma, para que esas tareas se materialicen el Estado debe jugar un importante papel, el cual no podrá cristalizar sin un mejoramiento sustancial en su capacidad para tomar y ejecutar decisiones. De ahí surgió nuestra cuasi obsesión con la productividad, la eficiencia y la eficacia del aparato público.

Con esta visión en la mira y con el aporte de muchas personas expertas –por formación o experiencia–, se detallaron con rigor y sustento técnico propuestas específicas en cada campo. Ese rigor técnico –y no las formas, el carisma o la gracia de los fundadores– fue lo que convirtió al PAC en una formidable fuerza política desde su nacimiento.

Apelamos a la razón de la ciudadanía y no al corazón, al sustento lógico de nuestra visión y no a las emociones. Así, nos abocamos a responder preguntas en encuentros ciudadanos y no a “lavar el coco” con tarimas y espectáculos.

Dentro de la construcción lógica que caracterizó nuestra propuesta (la cual denominamos “Convocatoria”), era evidente que, para mejorar la eficiencia y productividad del sector público, la jerarquía política, como requisito mínimo, debía tener autoridad moral.

Es prácticamente imposible pedir compromiso a los empleados públicos que no cumplen, eliminar duplicidades, estabilizar la masiva absorción de recursos por excesos en el empleo público y por el desperdicio, simplificar trámites, mejorar la disposición de los empresarios a pagar impuestos y a no prestarse para actos corruptos, si las personas que intentan liderar estos cambios abusan, nombran por amiguismo y no por capacidad, se sirven con cuchara grande, utilizan el poder para el clientelismo, desperdician recursos o se los roban y se tapan con la misma cobija para encubrir sus fechorías.

Ética. Es en este marco que dentro de nuestra propuesta adquirió una relevancia especial el tema de la ética de la clase política. Lo conceptualizamos, lo definimos y le dimos operatividad por medio de códigos concretos y tangibles para cada cargo específico (presidente, ministros, diputados, alcaldes, regidores, síndicos).

La idea era eliminar excusas, institucionalizar el control de la ética no por medio de caprichos sino de documentos escritos y no dejar espacio para que el corrupto se escabullera en un lenguaje generalista e impreciso.

Las definiciones de corrupción contenidas en la legislación no cumplían con los rigores que el PAC deseaba poner en práctica. Esa legislación había sido construida por la política tradicional, la que precisamente queríamos cambiar.

Era permisiva y estaba llena de vacíos. Por ello, de acuerdo con nuestros estándares, se hizo necesario elaborar los códigos y exigir su acatamiento obligatorio por parte de las personas que ascendieran a posiciones de poder por medio del PAC.

El PAC –de acuerdo con numerosos documentos– define como corrupción los siguientes cuatro comportamientos:

1. Utilizar recursos públicos para beneficio personal o familiar. Esta es la definición clásica de corrupción, excepto que en el PAC ampliamos los usos de recursos que dentro de esta categoría consideramos patológicos. Por ejemplo, excesos en viajes, consultorías, asesores, gastos en anunciar obras o logros, nombrar subalternos de acuerdo con amiguismos o intereses personales, comer o tomar licor a costa del Estado, etc.

2. Politizar decisiones de naturaleza técnica. Nos referimos a actuar guiados por la búsqueda de popularidad y no de acuerdo con criterios técnicos, practicar el clientelismo, asignar recursos a barrios o zonas con el fin de premiar o castigar resultados electorales, nombrar subalternos basados en lealtades políticas y no por sus capacidades, etc.

3. Mentirle a la población. Por ejemplo, no cumplir promesas, no explicitar todas las consecuencias de las políticas, utilizar un lenguaje que no informe a la población de los contenidos de una propuesta. Esto ocurre cuando, verbigracia, se intenta cerrar una institución pero se utilizan expresiones positivas (ej. racionalizar el sector público) y vagas para anunciarlo.

4. Proteger con impunidad a quienes incurran en los comportamientos descritos en los tres puntos anteriores.

Comunicación. Los costarricenses –seguidores y no seguidores del PAC– y la prensa nacional escucharon con insistencia nuestros ataques al abuso con los recursos públicos, a la politización de decisiones técnicas, a las mentiras a la población y a la impunidad de quienes incurrieran en esas prácticas.

Los códigos en que se especifican y desglosan los comportamientos que deseábamos exterminar han sido circulados y distribuidos profusamente desde nuestra fundación y han estado en nuestra página web desde que esta se construyó.

La propuesta ética del PAC debe ser respetada y asumida por toda persona cuyo poder se derive de la existencia del partido. Esto, porque a pesar de que nuestros compromisos en temas de desarrollo (educación, agro, materia fiscal, etc.) también se derivaron de mucho estudio y consulta, fue nuestra propuesta ética y nuestra guerra contra la corrupción lo que más atención captó de la ciudadanía.

Fingir que no se conoce esa propuesta o que debe construirse o, peor aún, ya en el poder considerarla extremista, radical o ridícula, solo cabe en personas, no solo antidemocráticas e irrespetuosas del electorado, sino totalmente cínicas y éticamente deplorables.

Había propuestas. Para ganar, al PAC no le faltaban propuestas de desarrollo o definiciones éticas, lo que le faltaba era un candidato agraciado y carismático. Desde nuestra primera participación –gracias a esas propuestas y a esas definiciones éticas– fuimos grandes, a pesar de la falta de habilidades políticas de su candidato.

Cuando a la calidad de nuestras propuestas sustantivas y de nuestras especificaciones sobre la ética se le agregaron la gracia y el carisma, ganamos arrolladoramente.

Espero que en el tiempo que le queda al gobierno y a los diputados elegidos por el PAC, recordemos y reestudiemos nuestros documentos.

No comencemos a esta hora a construir la definición de corrupción, lo cual, en todo caso, solo sería excusa para posponer y obviar el cumplimiento de los rigores éticos que prometimos.

No le demos el gusto a la política tradicional de seguir afirmando que engañamos a Costa Rica, que nuestra visión de la ética no existe o que es imposible de ejecutar. No hagamos el daño a Costa Rica de perpetuar lo que tanto criticamos.

El autor es diputado del PAC.

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