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Contribuyendo a ‘El gran debate’

Actualizado el 28 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Contribuyendo a ‘El gran debate’

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Voy a matizar en las próximas líneas el artículo de mi buen amigo Carlos Alberto Montaner, intitulado “El gran debate” (a raíz de los 70 años de publicación de Hayek, Camino de servidumbre ), en La Nación del pasado 18 de mayo.

Ciertamente, la planificación centralizada es estratégicamente ineficiente al asignar los recursos productivos y decidir cómo distribuye los servicios y productos generados por la Economía. Desprecia el papel de los costos para determinar la oferta y demanda de bienes y servicios, cosa que le queda cómoda a los marxistas que valoran los bienes y servicios en función a las unidades de trabajo invertidas, partiendo del supuesto de que el valor del trabajo es igual para todas las unidades.

Sin embargo, en el corto plazo, la planificación centralizada logra dirigir la producción hacia donde el gobernante quiere, lo que puede ser a altísimas tasas de acumulación y a un considerable costo social. Stalin así lo hizo (llegó a acumular hasta un 40% del PIB anual) y logró levantar el aparato productivo a niveles que le permitieron a la antigua Unión Soviética (URSS) enfrentar el asedio alemán en la Segunda Guerra, pero a un gran costo social. Mi profesor de Economía Soviética en Harvard (1976), Dr. Evsey Domar (el del modelo de acumulación Harrod y Domar) decía que la URSS no llegaría al año 2000 por la inefectividad, productiva y distributiva, de la planificación centralizada. Se equivocó por 10 años.

Avance tecnológico. Aunque teóricamente concuerdo con Hayek y Carlos (Montaner), en la práctica, el mercado ha probado que sin regulación no es tan efectivo, ni para lograr que el individuo consiga su libertad, ni para generar bienes y servicios efectivamente, con eficacia. La tesis de Hayek vale en aquella economía donde la competencia perfecta es la norma; o sea, donde ningún vendedor y ningún comprador son tan fuertes en términos relativos a los otros y entre sí, como para manipular los precios y hasta ciertas características de los bienes y servicios, si se les deja sin regulación.

El avance tecnológico, vertiginoso en los últimos años por el desarrollo cibernético y con la revolución de la robótica en ciernes, fomenta el monopolio, el oligopolio, el monopsonio y el oligopsonio. Ejemplarizo: cuando como estudiante universitario, en los años setentas, realicé un análisis de la industria de transporte aéreo en Estado Unidos, creo que había 24 aerolíneas de peso, las llamadas trunk airlines . Vino la desregulación promovida por el entonces presidente Carter, paradójicamente, y ahora, si hay media docena es mucho. Ergo, la economía regulada funciona mejor y agrego, es necesario algo de planificación estratégica, para crearle un marco funcional al mercado regulado.

Pero ojo, no se debe caer en el error, bien elaborado por Carlos en su artículo, de que un burócrata decida por los actores económicos, compradores y vendedores de bienes y servicios. En primer lugar, porque lo va a hacer mal, pues quien más que cada individuo para saber qué es lo quiere y cómo quiere proceder. Aceptar esa función burocrática es aceptar una absoluta negación de la libertad.

Hay una salida que parte del concepto con el que me identifico: la libertad es tanto individual como social. En una sociedad donde los individuos no pueden actuar libremente dentro de parámetro limitantes “benitojuarense” (el respeto al derecho ajeno es la paz), la libertad como derecho está mancillada. Pero, por otro lado, una sociedad en la que prevalece la idea de que el más fuerte, capaz o trabajador, acapara todo lo que pueda, como si fueran animales en la selva, denigra al ser humano.

Estructura piramidal. No es posible, ética y moralmente, en una sociedad moderna, que ha de ser solidaria y sostenible a largo plazo, pretender ejercer derechos libertarios mientras muchos derechos fundamentales terminan mancillados por el mismo Estado, que parece no darles cabida. Ejemplos prácticos de esta afirmación son muy evidentes como para citarlos. Ergo, la libertad es un conjunto de derechos que deben ser visualizados integralmente, dentro de una dimensión individual y otra social.

No hay soluciones perfectas, más en una realidad cósmica, cambiante momento a momento. Pero hay caminos y propongo uno para Costa Rica: el de la economía planificada de mercado, con un sistema fuerte como el que propuso la ley 5525 (de planificación), hoy día totalmente diluida.

Un sistema de participación, por la vía de la estructura piramidal que constituyen los consejos de Desarrollo Regional. En ellos, la sociedad civil organizada (sector empresarial incluido) y el apartado estatal ejecutivo, conjuntamente, aprueban los planes de desarrollo estratégicos y tácticos que sirven de base para la elaboración presupuestaria y, posteriormente, vigilan su cumplimiento al implementarse. El plan de desarrollo estratégico ha de trascender en su visión en el tiempo a los planes electorales, que deben plasmarse en el plan nacional de desarrollo, congruente a su vez con la visión estratégica de Estado.

Nada es perfecto ni fácil en la gestión pública, pero lo descrito es a juicio de quien suscribe. Pero, para favorecer la libertad individual y social como derecho, compensada también por obligación hacia la sociedad, así como para que esta sea más eficiente. Ese es un camino posible, más efectivo, todavía, si se desarrolla el mercado accionario popular, de tal manera que individuos y “colectivos” puedan ser socios empresariales, actores más activos en el imperfecto mercado.

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