Opinión

Contar con todos

Actualizado el 21 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

La política del todo o nada, del ahora o nunca, del amigo-enemigo, es la negación de la política

Opinión

Contar con todos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Luego de su derrota en el congreso de Vistalegre, Ìñigo Errejón, segunda figura en importancia del partido español Podemos, ha sido relegado a las sombras. Osó disentir de la visión programática de su amigo Pablo Iglesias, quien, aunque su liderazgo no estaba en discusión, advirtió que si sus tesis perdían frente a las de Errejón, dejaría la dirección del partido. Un órdago riesgosísimo, pero ganó y con la victoria le quitó sus cargos a Errejón para entregárselos a Irene Montero, su pareja.

Semanas después, de las muchas tertulias en las que participaba, a Errejón solo le quedaba una: Hora 25, de la Cadena Ser, hasta que hace unos días la dirección del partido comunicó al medio que, en adelante, en su lugar iría Montero. Los periodistas respondieron al partido que eran ellos quienes decidían a quién invitaban. Podemos prefirió quedarse sin voz en ese espacio, antes que autorizar a Errejón.

Iglesias, uno de cuyos libros sobre política se llama Ganar o morir, prodiga ese trato a uno de sus correligionarios, a quien con él concibió Podemos en los pasillos de la Universidad Complutense de Madrid.

Errejón no es el “antipueblo” al que hay que “echar de las instituciones” cuando Podemos “asalte los cielos”, pero cuando uno tiene esa comprensión necrófila de la competencia electoral, acaba por hacérsele difícil recordar incluso quiénes eran sus amigos.

Cuando uno entiende la política como una lucha en la que polarizar, crear un enemigo y tensar las contradicciones sociales, es el camino hacia la conquista del poder, es difícil asumir la descafeinada alternancia de mandatos y la tranquila normalidad de irse un tiempito a la oposición para que gobiernen los otros.

Los chavistas, por ejemplo, que hoy podrían ser un vigoroso partido de oposición, protector de las conquistas sociales alcanzadas y con claras perspectivas de retornar al poder, están cognitivamente inhabilitados para permitirse algo tan natural como eso, hacerse a un lado y reconocer el derecho de los otros a conducir temporalmente los asuntos públicos.

Es todo o nada. Imponerse o morir. Los que así entienden la política, sean del signo ideológico que sean, suelen cosechar espectaculares victorias tácticas (la estrategia, como el mañana, no es lo suyo), a la vez que abonan a su derrota a largo plazo y a la de la sociedad en su conjunto. ¿Por qué? Porque su dominio no es sostenible en el tiempo y porque su voracidad socava las bases de la convivencia (la estabilidad tampoco es lo suyo).

Fue el “descubrimiento” del éxito de ventas del 2012 Por qué fracasan los países, de Daron Acemoglu y James Robinson: las instituciones políticas funcionan cuando son inclusivas, cuando quienes gobiernan tienen buenas razones para tomar en cuenta lo que los demás quieren. Sociedades en las que, sencillamente, los bandos rivales han llegado a la conclusión de que les conviene ir turnándose en el poder para alcanzar sus objetivos paulatina y negociadamente.

Estos profesores (del MIT y de Harvard respectivamente) “descubrieron” que pretender aprovechar la coyuntura favorable de los que piensan como yo para reconfigurar el mundo común a nuestra manera, sin tomar en cuenta a los otros, requiere tanta astucia y audacia como escasa prudencia y cortedad de miras.

Traduzco su argumento lo más simple que puedo: ningún grupo en la sociedad va a resignarse a ser borrado del mapa. Gane todo hoy, y mañana tendrá enfrente a un enemigo sin nada qué perder. En suma, nada que no hubiera señalado, muchos años antes, Elias Canetti en Masa y poder : lo que diferencia los enfrentamientos entre los parlamentarios y entre los ejércitos, es la supresión de la muerte para los derrotados.

Perder una votación en el Congreso es solo eso: perder una votación. El que pierde una votación legislativa hoy sabe que mañana habrá otras batallas y que podría ganarlas. Eso lo hace combatir de una forma muy diferente a como lo haría si supiera que en ello se le va la vida.

Tensión permanente. La política del todo o nada, del ahora o nunca, del amigo-enemigo, es, paradójicamente, la negación de la política, que en esencia resulta de conservar, en tensión permanente, sin eliminar ninguna, las dos polaridades de las sociedades libres y plurales: la polis y el pólemos, la voluntad de seguir viviendo juntos manteniendo (y enfrentando en la esfera pública) nuestras diferencias.

Pienso, por eso, que uno de los principales rasgos humanos que afloran en nuestros arrebatos antipolítica es el de que a las personas no nos agrada que nuestro parecer (sean criterios técnicos, sean convicciones ideológicas, sean intereses, sean valores o sean ideales), se posterguen, negocien o cedan frente a los de otros.

Por eso, dice Ortega y Gasset en España invertebrada, “se odia al político más que como gobernante como parlamentario. El Parlamento es el órgano de la convivencia nacional demostrativo de trato y acuerdo entre iguales (…) esto es lo que en el secreto de las conciencias gremiales y de clase produce hoy irritación y frenesí: tener que contar con los demás, a quienes en el fondo se desprecia o se odia. La única forma de actividad pública que al presente, por debajo de palabras convencionales, satisface a cada clase, es la imposición inmediata de su señera voluntad; en suma, la acción directa” (que para él era el pretender imponer la propia voluntad sin pasarla por el tamiz de las voluntades de los otros grupos a través de las instituciones).

Poco eco encontraron entonces sus advertencias. Y como, contrario a lo que dice la sabiduría popular, siempre se puede “ir a peor”, en apenas 15 años la España invertebrada de 1922 devino en la España desmembrada del Guernica de Picasso de 1937. Dolorosísima lección.

Para Pablo Iglesias y para el PSOE (que por estos días se descarna a dentelladas), para los demócratas de Sanders que no votaron por Hillary y para todos los impolutos defensores de esencias que, a la espera del reino de los cielos, abren las puertas del infierno. Para todos. Porque en su célebre y desesperado discurso de diciembre de 1931, Rectificación de la República, Ortega y Gasset nos habló también a nosotros, combatientes tribalizados de las redes sociales del siglo XXI: “En la actualidad, gobernar es contar con todos”.

El autor es abogado.

  • Comparta este artículo
Opinión

Contar con todos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota