Opinión

Confusiones y sesgos del editorialista

Actualizado el 18 de febrero de 2016 a las 12:00 am

Estamos a tiempo para enmendar errores. De no hacerlo hoy, vamos a arrepentirnos mañana

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Confusiones y sesgos del editorialista

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En el primer artículo que me publicó La Nación, el 11 de enero, comenté que el editorialista se quedaba corto en sus apreciaciones sobre la situación económica de este año.

En el siguiente artículo, publicado el 24 de enero, comenté que si no se hace una corrección en la tasa cambiaria, evidentemente distorsionada por el endeudamiento público externo, no habrá una reactivación significativa en la producción y en el empleo de la mano de obra.

Me siento satisfecho con este intercambio de puntos de vista. Creo que los lectores del periódico han tenido la oportunidad de apreciar una visión diferente a la expresada en varios editoriales.

Eso, sin duda alguna, enriquece el régimen de opinión pública. Ya veremos a final de año quién tiene la razón, si el editorialista o este servidor.

He insistido en que el tipo de cambio está desalineado y apreciado como consecuencia del endeudamiento externo del Gobierno y de otras instituciones públicas.

La tasa de cambio no ha sido fijada por fuerzas de mercado, sino por factores exógenos que tienden peligrosamente a apreciar nuestra moneda.

He mencionado también que esta apreciación real del colón ha conducido a debilitar el crecimiento de la producción nacional y las exportaciones de bienes. Creo que muy pronto ocurrirá lo mismo con las exportaciones de servicios.

Esto ha conducido a un nivel de desempleo sumamente preocupante. Las implicaciones económicas y sociales, que tiene este fenómeno, todos las conocemos.

Divergencias. El editorialista comete un serio error cuando dice que “ya la producción se está activando sin ningún ajuste, pues la tasa de crecimiento del PIB pasó de un 2,8% real en el 2015 a un 4,2% calculado por el Banco Central para este año”.

El editorialista toma un pronóstico del Banco Central como si fuera cierto. Un serio error y un sesgo de transparencia en la información periodística.

Incluso si el Banco Central acertara en su pronóstico respecto al crecimiento del 2016, tendríamos por cuarto año consecutivo una tasa de crecimiento de la producción interna por debajo de la tendencia histórica a mediano plazo.

Igual error comete el editorialista cuando habla de un crecimiento del 7,1% de las exportaciones, cifra incierta, pues es un pronóstico, y la verdad es que observamos en el año 2015 una contracción del 0,3% en las ventas externas cuando se eliminan las exportaciones de Intel.

No es correcto, y puede conducir a interpretaciones equivocadas, usar proyecciones inciertas cuando la realidad es otra.

Falta a la verdad el editorialista cuando dice que yo insisto en forzar al Banco Central a devaluar. En ningún momento lo he mencionado, ni creo que esa sea la solución a los problemas económicos.

Señalé que no puede reactivarse la producción interna sin un ajuste cambiario por las distorsiones que hoy existen. He reiterado que la debilidad que muestra la producción y las exportaciones se debe, en parte, a la apreciación real que nuestra moneda ha tenido en los últimos años, consecuencia del endeudamiento público externo del Gobierno Central, principalmente, y que el Banco Central expresamente reconoce.

Me parece poco ético poner en mi boca lo que en ningún momento he dicho. Eso no es hacer periodismo objetivo.

Mi opinión. Cuando decidí escribir el primer artículo, lo hice motivado por la responsabilidad como profesional en economía. En mi opinión, no se estaba informando correctamente sobre la verdadera situación económica del 2016.

Consideré que mi obligación profesional era llamar la atención para corregir un problema importante para nuestro país. Si no buscamos una solución pronto respecto a la apreciación real de nuestra moneda, las consecuencias serán dolorosas y mucho más severas.

Mi experiencia como analista económico me indica que cuando las correcciones se hacen en el debido momento, las consecuencias negativas son menores. Posponer ajustes solo conduce a agrandar las consecuencias negativas de las decisiones tardías. El país no debe mantener un tipo de cambio sobrevaluado artificialmente. Sería un error muy lamentable.

La estabilidad cambiaria a ultranza fue desterrada por la gran mayoría de los países en el mundo desde hace ya más de 30 años. Hoy, prácticamente ninguna nación mantiene tipos de cambio fijos. Eso pertenece al pasado y es la política económica más conservadora y arcaica que uno pueda imaginar. Hoy, así lo entienden la gran mayoría de los economistas en el mundo.

A mí me llama mucho la atención el empeño del editorialista en aferrarse y defender un régimen cambiario arcaico y conservador, que no obedece a la realidad económica de un país, con un sistema económico en constante evolución y cambio.

También he insistido en que el tipo de cambio que tenemos no se ha fijado por condiciones de un mercado libre. Incluso, en el Programa Monetario y Crediticio, el Banco Central afirma que el nivel de tasa de cambio de hoy está en el límite inferior que la institución considera una tasa de equilibrio.

Con la misma razón, y siguiendo la misma metodología del Banco Central, el tipo de cambio podría estar en ¢600 y estar también en un precio de equilibrio. ¿Cuál es el empeño en defender el valor de la tasa cambiaria en el límite inferior? Realmente no encuentro argumentos sólidos.

Pérdida de reservas. Curiosamente, el editorialista no comenta que el Banco Central ha venido perdiendo reservas monetarias internacionales en los últimos meses. No se ha ajustado el tipo de cambio, como debió haberse hecho en un régimen de flotación “administrada”.

Según las cifras oficiales, durante los últimos cuatro meses, el Banco Central ha perdido reservas internacionales por $53 millones. Un año atrás, en cambio, había acumulado reservas internacionales por $202 millones en el mismo periodo.

Incluso las cifras del instituto emisor señalan que durante diciembre y enero, el Banco perdió $168 millones en reservas internacionales, a partir de un monto máximo de $8.444 millones en abril del 2015.

Las cifras son preocupantes y, sin embargo, el tipo de cambio no ha sido ajustado al alza cuando eso es lo que correctamente debió haberse hecho. Imagino que el editorialista coincidirá conmigo en que se está introduciendo una nueva distorsión en la tasa cambiaria.

Me llama la atención que el editorialista no comentara mi observación de que si el Banco Central en su Programa Monetario y Crediticio estableció un tope para la acumulación de reservas internacionales, de la misma manera debió haber establecido un límite a la pérdida de reservas internacionales.

Pienso que en el transcurso del 2016, sí se insiste equivocadamente en mantener un tipo de cambio fijo, el Banco Central continuará perdiendo reservas internacionales tal como ha ocurrido en los últimos meses. Esto puede afectar, de modo importante, la percepción externa de riesgo de nuestro país.

Termino este comentario reiterando que todavía estamos a tiempo a enmendar errores. De no hacerlo hoy vamos a arrepentirnos en el futuro. Mi propósito era llamar la atención de la importancia de informar con objetividad lo que está ocurriendo con la economía costarricense en el 2016, sin sesgos de ninguna naturaleza.

El autor es economista.

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