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Actualizado el 26 de marzo de 2017 a las 12:00 am

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En aquel simposio, cuyo tema era la paz, se hablaba abundantemente de la guerra. Fue ahí donde me presentaron a un militar en retiro de alto rango, de nacionalidad india. Como me ocurría frecuentemente a causa de mi apariencia, lo primero que me preguntó el entorchado fue: By any chance, are you from India? (Por casualidad, ¿es usted de la India?). Recuperé, de entre los fósiles de mi memoria, una norma disciplinaria de cuartel aprendida cuando fui estudiante en una escuela politécnica, para responderle: “No, señor, soy de América Central; de Costa Rica, para ser más preciso”.

“Entiendo, por supuesto; eso es normal dado que nosotros nos hemos diseminado por todo el mundo”, es la traducción de lo que dijo acto seguido el oficial indio, quien pasó a contarme que había visitado todos los países del continente americano y no se detuvo antes de hablarme –era mayor que yo– sobre su gloriosa participación en la II Guerra Mundial, como miembro de un contingente colonial de las fuerzas armadas británicas. Dijo sentirse muy orgulloso de haber luchado en 1944 en las batallas de Monte Casino, en Italia. We fought fiercely, against the nazis, afirmó y el brillo de sus ojos me condujo a una siniestra composición de lugar: “Valiente cipayo fue usted, en aquellos días en los que la India padecía bajo la bota británica y el Imperio provocaba en su virreinato asiático grandes hambrunas con tal de alimentar bien a una soldadesca de la que usted, amigo valeroso, formaba parte”.

A decir verdad, eso solo lo pensé y me limité a decirle: “Sí, señor, ustedes pelearon fieramente por la gloria del rey alemán de Inglaterra”. Los lectores opinarán que no fui demasiado gentil, pero el problema es que ya mucho antes de aquel encuentro, cuando aún era joven y veía películas en las que valientes soldados australianos y canadienses combatían a los malos auténticos en la guerra europea, no cesaba de pensar en que los abuelos de esos heroicos vengadores de los crímenes nazis habían cometido crímenes de la misma naturaleza contra los pueblos aborígenes de Oceanía y América del Norte.

En todo caso, sigo dudando que en 1944 los jóvenes indostánicos como mi interlocutor estuvieran seguros de que la propuesta pacifista de Gandhi en torno a la lucha contra el Imperio estaba destinada a alcanzar la gloria a la que ellos renunciaron al pelear por la libertad de Europa y no por la independencia de la India.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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