Coincidencias mortales de Mora y Lincoln

Lincoln y Mora coincidieron en luchar contra el mismo enemigo

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La vida pública y las coincidencias en ideales y destino de Abraham Lincoln y Juan Rafael Mora, serán tratadas próximamente en un suntuoso evento denominado “Cena Morista”, realizado anualmente en el Club Unión de San José.

Lincoln, apodado “el viejo leñador de Kentucky”, con tesón, capacidad, valor y carisma llegó a ocupar un sitial de honor en la Historia Americana como el mejor gobernante que la ocupado la silla presidencial de los Estados Unidos. Habiendo ganado la elección presidencial de 1860, tuvo que llegar hasta las últimas consecuencias, emprendiendo una sangrienta guerra civil, precipitada por la intención secesionista de los demócratas sureños esclavistas, perdedores de la justa electoral, quienes se negaban a perder su añorada “patria sureña”.

Pocos años antes del triunfo republicano abolicionista, el destino político de los Estados Unidos se debatía en la lejana pero codiciada América Central. Los esclavistas se jugaban la última carta para mantenerse en la WhiteHouse, ejecutando un tenebroso y secreto plan conocido como “Federación Caribe”, dirigido por un astuto médico, abogado y filibustero William Walker, cuyo objetivo fundamental era anexar la región a la Confederación de Estados Sureños. Si Walker y su proyecto anexionista triunfaba, la adición del nuevo territorio le permitiría al sistema electoral de segundo grado practicado en los Estados Unidos, mantener una mayoría sureña en el Colegio Electoral, resultando ganador Jefferson Davis y no Abraham Lincoln.

Con una brillante estrategia militar y diplomática, el “predestinado” se apoderaba de Nicaragua mientras compraba conciencias de políticos y empresarios en los países vecinos, ofreciendo un tratado comercial para excedentes de producción en el mercado norteamericano, logrando que algunos apoyaran sus acciones sin importarles las consecuencias en términos de soberanía y valores patrios.

Como Lincoln, en Costa Rica su presidente Juan Rafael Mora tomó la crucial decisión de no aceptar los falaces y peligrosos ofrecimientos del filibusterismo, enfrentando por todos los medios a los poderosos ideólogos del Destino Manifiesto y la dominación esclavista, debiendo afrontar una terrible pero necesaria ofensiva militar o Campaña Nacional, convertida después en guerra centroamericana. Al cabo de catorce meses de guerra, los aliados finalmente derrotaron a Walker y lo que quedaba de su Falange Americana.

Lincoln y Mora coincidieron en luchar en contra del mismo enemigo. Pero lo más triste es que hasta en la muerte coincidieron los dos mártires. Abraham Lincoln cayó víctima de un gran complot ejecutado de forma apresurada por el actor y fanático sureño, junto con otros partidarios, ingenuamente enrolados en un plan para crear un caos en el gobierno norteño al asesinar al presidente, abriendo así una posibilidad de alzamiento generalizado de las fuerzas sureñas, ya vencidas militarmente por el Ejército de la Unión. Meses antes de su asesinato, Lincoln fue advertido por el servicio secreto de la Casa Blanca, señalando como principal instigador a uno de sus propios ministros de Estado: Edwin Stanton, secretario de Guerra. Sin prestarle la atención que los informes tenían, el mandatario se limitó a decirle al jefe de su seguridad privada que ya tenía sospechas, pero que era absolutamente necesario mantener el asunto en secreto, dado que recién había terminado la guerra y se requería dar una imagen monolítica de su gobierno.

Para encubrir su participación en el complot, el mismo Stanton dio órdenes de que se formara un tribunal militar presidido por él, con plenos poderes para juzgar civiles, lo cual violaba todas las enmiendas constitucionales, negando a los implicados el derecho a declarar, a tener abogado defensor y permanecer en confinamiento absoluto hasta el momento de ser ejecutados. De esta forma se aseguró que ninguno de sus cómplices lo delataría. El asesino Wilkes Booth, mientras tanto, huía rumbo al sur mostrando en los retenes del camino un salvoconducto especial firmado por el secretario de Guerra.

Lincoln perdonó a su cercano y traidor funcionario, lo que fue de hecho el mayor error de su carrera. Mora también tuvo conocimiento de un complot en su contra, teniendo como ejecutor visible a Francisco María Iglesias pero orquestado en la oscuridad del poder económico por sus enemigos pro filibusterismo. Hallado culpable y condenado por un tribunal militar, Iglesias fue liberado sin cargos por el propio mandatario. Sabiendo que también había militares y uno de sus ministros más cercanos involucrados, igual que Lincoln, tampoco hizo nada por abortar a tiempo el complot, dando pie para que el plan subterráneo madurara y finalmente se ejecutara el 14 de agosto de 1859.

Curiosas e incomprensible, por decir lo menos, son las mortales coincidencias de Mora y Lincoln.

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Noticia La Nación: Coincidencias mortales de Mora y Lincoln