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Cohesión social: más allá del PIB

Actualizado el 21 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Debemos poneratención al tema más grande: ladesigualdad social

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Cohesión social: más allá del PIB

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Deberíamos comenzar cualquier comentario relacionado con los desafíos pendientes para una verdadera cohesión social diciendo que no hay una bala de plata. La exclusión social se presenta de maneras distintas alrededor del mundo. Algunas veces se da a través de la xenofobia o la intolerancia religiosa, mientras que otras veces se presenta por medio de disparidades de género o una distribución desigual del ingreso. El resultado es similar en todos los ámbitos, pero las causas no, por tanto las políticas que prentendan reducir desigualdades y aumentar la cohesión social deben ser diseñadas cuidadosamente con el fin de que sean eficaces.

Desde luego, hay buenas prácticas internacionales que cada país puede adoptar. Aquellos casos de éxito deben ser estudiados cuidadosamente para valorar cómo estos pueden ser replicados, pero debemos mantener en mente que hay muchos caminos para lograr la cohesión social, y no todos ellos están abiertos a todos los países. En vez de enfocarnos en una política específica o un grupo de ellas debemos poner atención al tema más grande: ladesigualdad social.

No hay esperanza para una verdadera cohesión social cuando hay brechas evidentes entre los niveles de vida, las oportunidades, y las expectativas de todos los miembros de una sociedad. Hay pruebas concluyentes de que un mayor crecimiento económico no lleva automáticamente a la disminución de la pobreza o de las disparidades sociales. Una sociedad más equitativa no va a surgir como un subproducto del crecimiento, al contrario, serían necesarias políticas explícitas o focalizadas que lleven los beneficios del desarrollo humano a los grupos excluidos o vulnerables. Los actores interesados tendrán que defender la equidad social per se y no solo como una consecuencia de otras metas públicas.

Muchos países han reconocido el riesgo que hay en perpetuar las injusticias de cara a un acelerado crecimiento mundial. Los peligros incluyen desde revueltas hasta el creciente gusto por la retórica mesiánica. La falta de confianza en las instituciones públicas, una menor adherencia a las normas sociales, la insatisfacción con el proceso democrático, todos ellos se ven afectados por nuestra capacidad (o incapacidad) para diseñar estructuras progresivas y redistribuir, no solo el ingreso, sino también el reconocimiento social.

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Si las diferentes manifestaciones sociales a nivel mundial de los últimos años nos han dejado algo, es precisamente que los Gobiernos pueden pagar un precio prohibitivo por ignorar la voz de grandes sectores de la sociedad. Los pobres, los jóvenes, las mujeres, los desempleados, deben ser considerados como una parte integral de cualquier agenda de desarrollo sostenible.

Las disparidades tienden a profundizarse y consolidarse. Conforme la desigualdad progresa, algunos grupos privilegiados tienden a renunciar a su participación en el proyecto colectivo. Después de pagar por servicios de salud privados, educación privada, transporte privado, hasta seguridad privada, pueden sentir que tienen poco en juego en cualquier empresa pública. ¿Cómo podemos esperar recaudar impuestos de la gente pobre que siente que no recibe nada del Estado y de la gente rica que siente que no necesita nada del Estado?

La reducción de la desigualdad requiere cambios estructurales en la manera en que se recaudan y gastan los recursos, así como en el diseño de las políticas públicas. Procesos más participativos, mejores consultas con la sociedad, y sobre todo, mejorar el monitoreo y seguimiento de políticas es esencial. Los Gobiernos deben empezar a anticipar la evaluación desde el principio y deben asignar consecuencias a los resultados de estas evaluaciones. La búsqueda para una sociedad más igualitaria es también la búsqueda de un Estado más eficiente que propicie servicios de calidad a sus ciudadanos. Debemos redefinir prioridades públicas, pero también debemos asegurarnos que estas prioridades son en efecto materializables y, para ello, todos los ciudadanos debemos entender que un Gobierno sin los recursos financieros suficientes no puede sostener el Estado de bienestar al que aspiramos.

Silvia Hernández Sánchez. Viceministra de Planificación Nacional y Política Económica

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