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Clubes de matemáticas

Actualizado el 02 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

Experiencias anteriores muestran la efectividad de la enseñanza cuando se focaliza

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En Costa Rica, la escuela primaria atiende a niños de varias clases. A algunos de ellos les cuesta estudiar matemática. Algunos no desean estudiar esta materia. El país dedica anualmente una considerable cantidad de recursos en personal y dinero para atender las necesidades de las dos clases de alumnos: los que no pueden y los que no quieren.

Pensemos por un momento en las llamadas “adecuaciones curriculares” para estudiantes que tienen algún tipo de problema para estudiar esta asignatura. Pero nuestras reflexiones no deben detenerse aquí. También deberíamos pensar en los niños que sí gustan del estudio de la matemática.

Porque aunque a usted le cueste creerlo, hay personas que desde una edad muy temprana sienten que la matemática es una disciplina bella, atractiva e interesante. Cuando esta clase de alumnos recibe atención oportuna y adecuada a su amor por la matemática, ocurren cosas extraordinarias en lo personal y a nivel nacional. Por ejemplo, se obtienen niños capaces de estudiar con éxito cualquier profesión relacionada con las ciencias duras.

Además de recibir beneficios variados, el país se va transformando en una nación con un número importante y creciente de patentes inscritas mundialmente a nombre de ciudadanos suyos. Digamos todo esto con menos palabras: no solamente deberíamos ayudar a los que no pueden o no quieren estudiar matemática sino, además, a los que gustan y participarían voluntariamente en programas de enriquecimiento de esta materia.

¿Cómo ayudarles? Mediante clubes. Según el DRAE, un club es una “sociedad fundada por un grupo de personas con intereses comunes y dedicada a actividades de distinta especie, principalmente recreativas, deportivas o culturales”.

Una escuela o colegio podría permitir que un grupo de padres de familia se unan voluntaria y libremente para obtener que sus hijos reciban, además de las horas regulares de matemática que se le imparte a la totalidad de los niños del país, un curso enriquecido.

Todo esto sin estorbar ni obstaculizar el desarrollo normal del programa de matemática oficial y con acatamiento a lo que disponga el Consejo Superior de Educación, y en acatamiento de la autoridad del director y de los docentes de la escuela o colegio.

En el caso que nos ocupa, los hijos de esos padres de familia constituirían un club de alumnos esforzados en el estudio de la matemática que, además del curso regular de matemática que se imparte en todas las escuelas, reciben otro, intensivo, fuera del horario normal de la institución.

Observemos que la idea de voluntariado es esencial. No solo los padres de familia constituirían libremente el club, sino que, además, al menos un docente pensionado podría decidir voluntariamente pertenecer al club en calidad de profesor.

Experiencias anteriores. En nuestro país, existió hace poco tiempo un club de esta naturaleza. En la escuela pública Fernando Terán Valls de La Unión de Tres Ríos, se inició el Club de Matemática para Niños Esforzados. Fue impartido por dos profesores de Matemática pensionados que no recibieron salario por estas labores, y bajo la autoridad de la directora de la escuela, la máster Dorita Morún Méndez, el CMEsf comenzó al inicio de la segunda mitad del curso lectivo del 2010 con 30 niños de cuarto grado.

El CMEsf se clausuró cuando los niños del club completaron el cuarto, el quinto y el sexto año de la educación general básica, a fines del 2012.

Actualmente hay profesionales de la educación matemática interesados en la puesta en marcha de clubes semejantes. La Asociación de Matemática Educativa (Asomed), que agrupa a profesores de Matemática activos y también retirados, aprobó en sesión de su Junta Directiva la participación en clubes de voluntarios como el mencionado.

Es interesante pensar y soñar qué habría ocurrido en Costa Rica si durante los últimos 20 años se hubiesen creado varios clubes de estudiantes de matemática. A estas fechas, ¿cuántos Franklines Chang, cuántos Jorges Manuel Dengo, cuántos Rafaeles Rodríguez Arguedas, cuántas Ileanas Aguilar habrían salido ya de nuestras escuelas públicas?

Dicho de otro modo: ¿Cuántos profesionales en potencia tendría ya Costa Rica o a punto de graduarse en las mejores universidades tecnológicas del mundo desarrollado? Todo esto sin olvidar un hecho importante: el país estaría cumpliendo los ideales y propósitos de la ICSU, organización a la cual pertenece la Academia Nacional de Ciencias de Costa Rica, http://www.icsu.org/about-icsu/about-us.

El autor es educador.

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