China: el nuevo modelo de crecimiento

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A finales del año pasado, el Congreso del Comité Central del Partido Comunista de China marcó el lanzamiento de un nuevo modelo de crecimiento. En un extenso documento, sus líderes describieron las políticas económicas para los próximos diez años.

La última vez que ocurrió una situación tan radical en esa nación fue en 1978, cuando China se abrió al mundo. Al igual que la última vez, se espera que los cambios sean lentos y graduales, pero profundos. Entre los principales puntos tratados que se incluyen en este nuevo modelo de crecimiento destacan:

La liberalización de los tipos de interés. Actualmente, en China las tasas de interés están controladas y se mantienen a un nivel artificialmente bajo. Para evitar el problema de la inflación, los Bancos Centrales obligan a los bancos a no prestar, restringiendo el volumen de crédito a la fuerza. Por supuesto, esto no funciona bien y hace que algunas empresas, las elegidas, tengan acceso a dinero barato, y por eso terminan invirtiendo demasiado.

Las historias de los pueblos fantasmas (con construcciones inhabitadas) sobre todo en pueblos alejados y pequeños, se hacen cada vez más comunes. Con el cambio, este problema disminuirá. Además, con el aumento de las tasas de interés, los hogares tendrán mejores rendimientos de sus ahorros financieros. Por lo tanto, el crecimiento de China será más equilibrado: menos exportaciones y más consumo interno e inversión.

La liberalización de los flujos de capital. Para un extranjero, en la actualidad, está prohibido invertir en la mayoría de los activos financieros en China. Del mismo modo, la mayoría de los ciudadanos chinos no pueden comprar libremente activos en el exterior. Esta limitación permite al Gobierno a mantener el tipo de cambio en el nivel artificial, lo que distorsiona la asignación de producción. Para corregir el problema, el plan es crear una zona de libre comercio financiero con propiedades similares a las que actualmente está presentes en Hong Kong.

Dentro de estas zonas, el renminbi será totalmente convertible al dólar. Las empresas podrán tener cuentas en dólares y simétricamente, los extranjeros podrán comprar acciones de estas empresas. Poco a poco, estas áreas se harán más grandes y, eventualmente, abarcarán todo el país.

El nuevo sistema de evaluación de políticas. Actualmente, la evaluación de los gobernantes de las provincias se basa, casi por completo, en el crecimiento económico. Esto los lleva a obtener incentivos para invertir en grandes obras: creación de grandes empresas, megaciudades en las que no se contempla demanda (no por falta de población sino por falta de ingreso), contaminan a su antojo, e ignoran el bienestar de la población.

En el nuevo sistema, la evaluación incluirá elementos tales como la salud y la educación de la población, el endeudamiento del Estado, la destrucción de los recursos naturales, etc.

La libertad de migración. En el sistema de registro actual (conocido como hukou) los chinos no pueden abandonar libremente el campo e ir a las ciudades. Cuando lo hacen, pierden el derecho a la educación, a la seguridad social y, además, reciben salarios mucho más bajos pues se convierten en “ilegales“. El sistema se ha venido flexibilizando paulatinamente, pero su eliminación implicaría que la libertad de la migración llevará a salarios y consumo más altos, lo que ayuda al reequilibrio económico.

Transformación del Estado. Varias de las poderosas empresas estatales chinas tienen altos beneficios que no pueden ser distribuidos, y terminan siendo invertidos de forma menos eficiente. Es común, por ejemplo, que se usen en la compra de edificios que alimenta la burbuja inmobiliaria en las grandes ciudades o en los pueblos fantasmas. Con las reformas, un alto porcentaje de las ganancias del Estado serán transferidas al Gobierno Central. Estos recursos se utilizan en el financiamiento del nuevo sistema de seguridad social, más generoso e incluyente.

Mantenimiento del sistema de Estado como principal pilar económico. El Estado seguirá controlando actividades consideradas estratégicas, la provisión de bienes y servicios a través de sus empresas, y decidiendo el futuro de los proyectos de infraestructura.

Estas medidas marcan el camino que tomará el desarrollo de China en la próxima década, detallado en lo que el presidente Xi Jinping llamó recientemente “un plan maestro para la reforma” que aboga por una mayor apertura económica.

Sin duda, es una decisión histórica e insta al análisis del nuevo rumbo del país asiático que, se espera, inyecte cierto dinamismo a la economía mundial.

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