Opinión

China y su adicción a la inversión

Actualizado el 24 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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China y su adicción a la inversión

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PEKÍN – La economía de China se desaceleró inesperadamente en el segundo trimestre de este año. Igualmente inesperado fue el hecho de que la mayoría de los datos publicados desde julio sugieran que el crecimiento de China se ha estabilizado. No es una gran sorpresa que los mercados lanzaran un suspiro colectivo de alivio. Sin embargo, ¿todavía deberían estar nerviosos los inversores?

En la actualidad, el problema más grave que enfrentan las autoridades chinas es un exceso de capacidad. Por ejemplo, la capacidad de producción anual de acero crudo de China es de 1.000 millones de toneladas; no obstante, la producción total en el año 2012 fue de 720 millones de toneladas, lo cual representa una tasa de utilización de la capacidad del 72%. Más notablemente, la rentabilidad de la industria del acero fue solamente del 0,04% en el año 2012. En efecto, la ganancia en dos toneladas de acero alcanzó una cifra que casi es suficiente para comprar una piruleta o caramelo. En lo que va de este año, la rentabilidad promedio de las 500 principales empresas de China es del 4,34%, un nivel que está 33 puntos básicos por debajo del nivel alcanzado en el 2012.

Algunos dicen que la sobrecapacidad que China tiene hoy en día es el resultado de su exceso de inversión en el pasado. Otros atribuyen este exceso a la falta de demanda efectiva. El Gobierno parece encontrarse en un punto intermedio entre estas opiniones.

Por un lado, las autoridades han ordenado reducir su capacidad a miles de empresas. Por otro lado, el Gobierno ha introducido algunas medidas para proporcionar “miniestímulos"; estas medidas van desde el otorgamiento de exenciones de impuestos empresariales y sobre ventas para las “microempresas” hasta el ejercicio de presión sobre los bancos para que aumenten sus préstamos a los exportadores.

La opinión oficial de las autoridades es que el modelo de crecimiento de China requiere menos inversión y más consumo. No obstante, no todos los economistas chinos están de acuerdo. Ellos argumentan que el capital social es el factor clave para el crecimiento, y que el capital social per cápita de China continúa siendo bajo en comparación con el de los países desarrollados, lo que implica un amplio margen para la realización de mayores inversiones.

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Sin duda, la acumulación de capital es una fuerza motriz para el crecimiento económico, y alcanzar los niveles de ingreso de los países desarrollados implica que China debe aumentar su capital social a largo plazo. Sin embargo, el problema no es el tamaño del capital social, y ni siquiera lo es el nivel de inversión, el problema es la tasa de crecimiento de la inversión, que durante décadas ha sido significativamente superior a la tasa de crecimiento del PIB.

Según las estadísticas oficiales, la tasa de inversión de China está acercándose a un nivel del 50% del PIB. Debido a las limitaciones de absorción, la rentabilidad del capital ha ido disminuyendo de manera constante en medio de un aumento de la capacidad ociosa. Si se tomara en cuenta el daño ambiental causado por el vertiginoso crecimiento de la inversión, la eficiencia del capital de China sería aún menor.

El capital humano y el progreso tecnológico son tan importantes para el crecimiento económico como lo son el capital físico y el trabajo, e incluso estos últimos pueden ser aún más importantes. Si la asignación de recursos está sesgada hacia el capital físico a expensas de la acumulación de capital humano –para el cual es indispensable que exista un consumo adecuado–, será más probable que el crecimiento económico se reduzca en vez de aumentar. Por lo tanto, China debe reducir la tasa de crecimiento de la inversión e incrementar la tasa del consumo, permitiendo de esta forma que la tasa de inversión se establezca en un nivel más sostenible.

Por supuesto que no es completamente falso que el exceso de capacidad de China refleja una insuficiencia de la demanda efectiva. Sin embargo, ¿de dónde puede provenir esta demanda efectiva?

Una vez más, la industria siderúrgica de China proporciona un ejemplo revelador. A pesar de la falta de una ventaja comparativa para la producción de acero de China, se han construido alrededor de 1.000 fábricas, cuya producción da cuenta de aproximadamente la mitad del total mundial. Ya en el 2004, el Gobierno chino trató de frenar la sobreinversión, y, sin embargo, la capacidad de producción ha aumentado dramáticamente: de 300 millones de toneladas en el mencionado 2004 a 1.000 millones de toneladas en el 2012; esto, debido a la fuerte demanda generada por la inversión en los sectores de infraestructura y de bienes raíces.

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La inversión de China se distribuye, principalmente, en tres categorías amplias: la industria manufacturera, el sector de infraestructura y el sector inmobiliario. A finales del 2008 y durante el 2009, es decir, durante el apogeo de la crisis financiera mundial, las inversiones en infraestructura impulsadas por estímulos sostuvieron el crecimiento de la producción. En el 2010, la inversión en el desarrollo inmobiliario sustituyó a la inversión en infraestructura como el principal motor del crecimiento. Hoy en día, tanto el sector de infraestructura como el sector inmobiliario son importantes motores para impulsar el crecimiento de China.

China sí necesita más inversión en infraestructura, en especial necesita inversión en servicios públicos de energía y agua, como también en transporte y comunicaciones. Sin embargo, el ritmo de inversión debe tomar plenamente en consideración las limitaciones financieras. Más importante aún: China puede y debe invertir más en infraestructura social, como, por ejemplo, en escuelas, hospitales, residencias para adultos mayores, etc.

Sin embargo, la inversión inmobiliaria es otra historia. Es difícil calcular cuál es la gravedad que reviste la burbuja inmobiliaria de China y cuándo podría estallar. No obstante, una cosa es cierta: China ha invertido demasiado en desarrollo inmobiliario.

Con un ingreso per cápita de menos de $6.000, el porcentaje de propiedad de vivienda en China es de aproximadamente 90%, en comparación con menos del 70% en los Estados Unidos. El espacio de piso promedio per cápita es de 32,9 metros cuadrados, mientras que el espacio medio por familia en Hong Kong es de solamente 48 metros cuadrados. China cuenta con 696 hoteles de cinco estrellas, y otros 500 se encuentran en camino. Cinco de los diez rascacielos en construcción más altos en todo el mundo se encuentran en China. En mi opinión, todo esto es una locura.

La economía de China se encuentra como rehén de la inversión inmobiliaria. Por un lado, China no debería tratar de eliminar el exceso de capacidad mediante el mantenimiento de una elevada tasa de crecimiento de la inversión inmobiliaria. Si bien la inversión en vivienda social debe ser bienvenida, la inversión inmobiliaria, que actualmente representa entre un 10% y un 13% del PIB, es ya demasiado alta. Por otro lado, si el crecimiento de la inversión inmobiliaria se cae, el exceso de capacidad será difícil de eliminar. Este dilema pone de relieve el desafío que representa el ajuste estructural que China enfrenta, y que da razones para que los inversionistas se mantengan en vilo.

Dicho esto, hay dos advertencias. En primer lugar, a diferencia de otras categorías de inversión, la inversión inmobiliaria no aumenta el capital social productivo. No hay una diferencia fundamental entre una casa y un costoso bien de consumo durable. En segundo lugar, en las estadísticas de China, la tasa de crecimiento de la inversión bruta en activos fijos es mucho más alta que la inversión en formación bruta de capital. Esto indica que los datos sobre la tasa de crecimiento de la inversión en activos fijos pueden haber exagerado el ritmo de acumulación del capital social. Por lo tanto, si bien el Gobierno chino debe ponerse firme en la reducción de la dependencia del crecimiento de la inversión, debe ejercer sumo cuidado al hacerlo.

Yu Yongding ha sido presidente de la Sociedad China de Economía Mundial y director del Instituto de Economía y Política Mundial en la Academia China de Ciencias Sociales, y también fue miembro del Comité de Política Monetaria del Banco Popular de China. © Project Syndicate.

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