Opinión

Chávez: candidato de la derecha

Actualizado el 24 de junio de 2012 a las 12:00 am

Todos los tópicosdel totalitarismoextremo definena Chávez

Opinión

Chávez: candidato de la derecha

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

“¿Quién es Henrique Capriles Radonski?”, pregunta el corresponsal extranjero. “Es el candidato de la derecha” es la respuesta corta que sabe dar el buen activista bolivariano.

También la gran prensa extranjera.

El habla chavista, cuyo léxico básico recopila y difunde desde hace casi quince años los escarnios, infamias, improperios, provocaciones, mentiras, blasfemias y cualquier despropósito proferido en un descuido de los alterados neurorreceptores de Hugo Chávez, no titubea a la hora de meter en el saco de lo que llama “ la derecha ” a todo opositor a la autocracia inconstitucional del paciente terminal de cáncer más sano del planeta.

Tal es la magnitud y musculatura del aparato difusor del chavismo que la oposición –la de a pie, sus voceros políticos y sus periodistas de opinión– ha terminado por hacer suyos muchos calculados disparates chavistas.

Clima demencial. Que la voz castellana “escuálido” haya dejado de significar entre nosotros lo que recoge el Diccionario de la Real Academia Española es un indicio de cómo, en un clima de demencial polarización, un neutro e inocuo vocablo del lenguaje coloquial que significa “ flaco, macilento”, puede ser desnaturalizado y subvertido por una mente obcecada por el odio y por su peor correlato viviente –una fanatizada pandilla de sicofantes –, en un dicterio definidor de convicciones e intenciones perversas.

Paradójicamente, demasiados adversarios del chavismo, al definirse políticamente, hacen suyo el vocablo, dándole la misma “acepción”. “Escuálido” ha devenido así en sinónimo de “derechista”, pero no en el sentido mitigadamente thatcheriano del término, sino en el “sentido Pinochet” que la hipócrita parla castrocomunista ha dado a la palabra. La señora que, exasperada por tanto atropello, se declara “escuálida” en alguna tertulia lo hace porque quiere ser inequívoca en su oposición a Chávez. Pero, al proferir esa palabra, no está pensando en una solución final a la calamidad chavista. Esa señora solamente desea ser gobernada por un presidente civil razonablemente eficiente, con poder limitado por los contrapesos de la separación de poderes y que esté dispuesto a dejar Miraflores sin pataleo si así lo decidiese la mayoría.

Los narcogenerales. Convengamos, sin embargo, en que esta chifladura de llamar “derechista” a todo opositor demócrata a los desafueros tiránicos de Chávez desafía los mejores cerebros que pueda uno conocer. La perplejidad y la rabia nos arrebata cuando leemos un despacho de prensa extranjera, en especial la europea, consignando una distinción tan falaz y descaminadora: Chávez y su coalición de narcogenerales manifiestamente dispuestos a desconocer resultados electorales adversos, de irregulares “ colectivos” armados hasta los dientes, de fósiles vivientes, verdaderos gliptodontes escapados de la llamada IV República, de reumáticos “routiers” de la izquierda insurreccional de los años 60 del siglo pasado, de avispados “hombres de negocios”, de interventores de banca nacionalizada, de “legisladores” que ni debaten ni mucho menos legislan y tan solo refrendan todo tipo de desafuero alzando la mano, de embusteros telepolitólogos, de palabreros telefilósofos, de oprobiosos telecomunicadores de ignominias; en fin, toda esa zahúrda impresentable son “la izquierda”. Todo lo demás –más del 52% del total de votantes en las últimas parlamentarias– somos “la derecha”.

PUBLICIDAD

Mientras observaba la marcha opositora del pasado 10 de junio, un buen amigo hizo ver a un corresponsal extranjero algunas verdades incontrovertibles que aquí comparto. Una es la de que todos los partidos venezolanos adscritos a la Internacional Socialista apoyan a Capriles y no a Chávez. El propio candidato opositor se ha definido como de “centro izquierda”. Su gestión como gobernador avala esa afirmación, pues ha privilegiado los planes sociales con tal eficiencia y ausencia de sectarismo que ha logrado neutralizar hasta al más cerril chavismo mirandino.

Moderación y diálogo social. Por otro lado, todos los tópicos de la derecha totalitaria –tan semejante a los de la izquierda totalitaria–, que arriman su ideario a las realidades cubana o norcoreana, definen cabalmente a Chávez: personalismo caudillista, culto a la personalidad, nacionalismo militarista, fulminación del adversario como enemigo del pueblo, extorsión del voto del empleado público, usurpación hegemonizante de todos los recursos de la nación, discurso guerrerista, la simpatía y acuerdos con regímenes como el de Irán y Siria, antisemitismo, vocación continuista, sujeción de los poderes a la voluntad del jefe, etc.

La policlasista marcha del pasado 10 de junio con su clamoroso mestizaje racial y político, acreditó claramente por qué en las elecciones primarias la mayoría se decantó por el candidato más moderado y propicio al diálogo social. Y me hizo recordar una frase cien veces escuchada de labios del insustituible José Ignacio Cabrujas: “Poeta, en este país la derecha desentona: Venezuela es de centroizquierda y está con Disneyworld”. Chávez es la derecha y Capriles está a su izquierda, bien ubicado en el centro demócrata.

¿Alguien quiere apostar?

  • Comparta este artículo
Opinión

Chávez: candidato de la derecha

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota