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Cartas a la Columna

Actualizado el 30 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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Aumento de póliza

Prima por seguro de vida del INS

Tengo dos pólizas de seguro de vida tradicional colectiva en colones con el Instituto Nacional de Seguros (INS). En el 2014 la prima aumentó cinco veces y ahora, como regalo de Navidad, la doblan. Según me explicaron unos funcionarios, varios participantes de la póliza colectiva murieron, entonces me pregunto: si todos los demás fallecen y quedo solo yo con vida, ¿me tocará pagar el 100% del capital asegurado?

Roberto Sisti

San José

Adiós al maestro

El maestro Julio Escamez Carrasco partió fugazmente el pasado 23 de diciembre; empero, su obra artística como pintor, muralista y grabador resistirá al inextinguible fuego del tiempo, del que solo sobreviven las grandes obras.

Escamez consagró su vida a la enseñanza en la Universidad Nacional de Heredia (UNA), institución que le otorgó el pasado 15 de noviembre, el título de doctor honoris causa , precisamente el mismo día que coronaba los 90 años.

Don Julio arribó a suelo costarricense en la década de los setenta. Es un gigante de la plástica latinoamericana e intelectual universal.

Su vida pareciera que la incrustó en el poema de Pablo Neruda: “Muere lentamente quien no viaja, no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia a la vida...”. La inspiración del poeta suramericano es como espejo en la vida de Escamez, convertido en empedernido caminante por tierras lejanas, lector infatigable y apasionado por las melodías clásicas.

En su natal Chile, lo incluyen en la lista dorada de la intelectualidad del siglo XX, donde se registran Fernando Alegría, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Violeta Parra, Gabriela Mistral y Víctor Jara entre otros.

La invaluable colección personal, donada a la UNA, engalanará las paredes de este centro universitario mientras otras piezas enriquecen colecciones privadas dispersas en el planeta.

Julio Escamez Carrasco amaba la soledad, pero nunca estuvo solo, siempre vivió rodeado de muchos libros de poesía, tubos de pintura, lienzos, pinceles y de su inseparable y un tanto mugroso delantal de trabajo.

Sergio Espinoza Alfaro

Montes de Oca

Mala memoria

Algunos se sorprendieron cuando el presidente Solís visitó Cuba y no fue recibido en el aeropuerto por ningún alto funcionario o el propio Raúl Castro, como indica el protocolo. Esto me desagradó porque, aunque soy cubano de nacimiento, amo con todo mi corazón a Costa Rica y trajo a mi memoria lo sucedido en la tercera semana de marzo de 1959, cuando don Pepe Figueres visitó la Isla.

Recuerdo cuando, en el acto celebrado ante miles de ciudadanos cubanos y diplomáticos invitados, transmitido en directo a toda la nación, habló el presidente Figueres.

Don Pepe comenzó diciendo que de las dos grandes potencias mundiales “ninguna es nuestra amiga, pero con los gringos se puede dialogar y negociar, con los rusos solo se puede obedecer”. No pudo terminar el discurso porque David Salvador, jefe de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) le arrebató el micrófono. Luego Fidel Castro tomó la palabra y discrepó con el ilustre visitante, diciéndole a Figueres “que no sabíamos que tenía las piernas flojas”.

Y agregó algo más sobre las cachuchas que simbolizaban la revolución costarricense, menoscabando el simbolismo de esa prenda.

Al despedirse, don Pepe Figueres le dijo a su guía Ricardo Curbelo: “La revolución tica es genuina, es nuestra, está basada en la libertad. Sin libertad nada es bueno. Las cachuchas son ticas. Las boinas negras que hay acá no son cubanas”.

Quizás en aquel momento no se comprendieron esas palabras, pero eran para la historia. Por eso no deben sorprendernos las actitudes de los funcionarios cubanos.

El gran corazón de los costarricenses está demostrado con el trato a los cubanos que están en la frontera.

Víctor Martell

Miami

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