Opinión

Carta al presidente: entre el fútbol y la gobernabilidad

Actualizado el 18 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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Carta al presidente: entre el fútbol y la gobernabilidad

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Señor presidente, esta es la segunda carta pública que le envío. La primera la escribí antes de que la Selección Nacional de Fútbol diera la lección de trabajo y determinación que acaba de darnos en Brasil 2014. Hoy estamos embelesados de felicidad por los logros del “equipo de todos”. Una vez más, alguien nos da ejemplo de que los costarricenses y Costa Rica somos capaces de grandes gestas.

Este es un momento de inflexión que nos debe servir de estímulo para repensarnos como sociedad. El discurso común es que este equipo nos ha demostrado que con “fe” se puede vencer la adversidad; que con “corazón, determinación y amor por la camiseta” se puede triunfar hasta en el grupo de la muerte.

Comparto plenamente estos sentimientos, pero me parece que en esta gesta, como en todo, no basta con la fe y el amor por la camiseta para alcanzar el triunfo. A la par de la fe y el amor debe estar el “trabajo”. Estas condiciones se necesitan mutuamente. La fe y el amor sin trabajo no conducen a nada: resultan igualmente inútiles que el genio sin disciplina.

Esfuerzo y convicción. En consecuencia, es importante analizar cuál ha sido la clave de este éxito. Los mismos seleccionados destacan, antes que nada, el liderazgo inspirador de su entrenador, Jorge Luis Pinto; además, el trabajo, la disciplina, la determinación y la repetición, cientos de veces, de la estrategia establecida y las tácticas para llevarla a cabo.

Presidente, la gran lección de la Selección es que el éxito es producto del esfuerzo y la convicción, del espíritu emprendedor y de mucho pero mucho trabajo. Eso es lo que como sociedad debemos aprender de estos deportistas.

Por eso le escribo esta carta. Aproveche los vientos que están a su favor. Usted le ganó a un candidato que renunció a luchar, y la Selección de Fútbol le regala un estado de optimismo nacional. Usted es un hombre con suerte, no la desperdicie en asuntos intrascendentes. Esta es una gran oportunidad para emprender las reformas que este país tanto requiere.

Venimos de una situación de incertidumbre y pesimismo nacional, provocada por el falaz discurso con el que se ha intentado hacernos creer que Costa Rica es ingobernable, que aquí no se pueden hacer obras y otro sin fin de justificaciones para disimular la vagabundería, la falta de convicción y la ausencia de liderazgo para acometer con éxito la solución de los problemas que agobian al país.

Para seguir el paralelismo entre fútbol y gobernabilidad, puedo decir que muchos en la política y la función pública renunciaron a jugar antes de que se diera el pitazo inicial. No lo haga usted, Costa Rica no merece más renuncias de aquellos que han sido llamados, como usted lo ha sido, a ejercer un liderazgo transformador.

Presidente, usted como académico sabe que Costa Rica, más que ingobernable, ha sido mal gobernada. Esta no es una sociedad que está en un caos sistemático ni un país en el que las instituciones han colapsado y los gobernantes han perdido legitimidad. Si se piensa bien, los problemas que tenemos son normales en el devenir de una sociedad, y para liderar las soluciones están los gobernantes y los empleados públicos, usted el primero de ellos. No se trata de “bailar bien con la muchacha”, sino trabajar en serio para gobernar bien un país.

Así, pues, presidente, inspírese en el pasado glorioso de Costa Rica y aproveche el momentum provocado por el éxito de la Selección Nacional para corregir lo que se ha venido haciendo mal y hacer las reformas que nuestro aparato político-institucional requiere. Cuatro años en el gobierno es poco tiempo; las oportunidades, escasas y las energías, limitadas. Para bien de nuestro país, aproveche esta enorme bonanza política. Tenga en cuenta que la suerte no es eterna.

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