Opinión

Carta de un educador a don Luis Guillermo Solís

Actualizado el 06 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Carta de un educador a don Luis Guillermo Solís

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Me dirijo a usted con la confianza que me dan sus afirmaciones, en el sentido de que será un presidente empeñado en mejorar lo que se ha venido haciendo en Costa Rica en todos los sectores.

Deseo pedirle, en primer lugar, que se refiera a lo que es la raíz de los graves problemas de nuestra educación: es urgente resucitar la idea de la responsabilidad individual. La idea de que cada uno de nosotros es responsable de nuestros errores y de lo que no nos sale bien.

La idea de que no iremos lejos como personas ni como país, si no ponemos fin a nuestra mala costumbre de inventar pretextos y justificaciones por lo que hacemos mal, o descuidadamente, o por lo que dejamos a medio hacer. ¿Qué puede hacer un buen maestro con un alumno convencido por su papá y su mamá de que su “pobrecito” niño está “muy chiquito” para ser responsable de cumplir con sus estudios y con sus deberes escolares?

En segundo lugar, pienso que el país debe oír de boca del presidente que el estudiar no es mortificación. Que el aprender la lengua nacional, la matemática, la historia, etc., es adentrarse en mundos bellos y cautivadores. Y, muy importante, según los franceses han descubierto no hace muchos años: el aprendizaje de la matemática y de las ciencias debe iniciarse a edades muy tempranas. Ojalá en el nivel preescolar.

En Francia, el programa de ciencias, que recibe gran atención de la presidencia de la República, está ideado y orientado por un premio nobel de física, Georges Charpak. Ojalá que nuestro presidente lea la breve e inspiradora obrita de Charpak titulada La Main a la Pate y converse con su ministro de Educación Pública acerca de las posibles adaptaciones a nuestro país.

En tercer lugar está el asunto de la importancia de dar “luz verde” a los voluntarios. El país podría tener, desde ahora mismo, alumnos de primaria y de secundaria tan bien preparados en matemática como los que se forman en Singapur, Finlandia, Corea, etc.

Bastaría con anunciar que cada escuela tiene permiso para permitir el funcionamiento de un club de 20 niños voluntarios, deseosos de estudiar mucho más allá de lo que exigen los programas oficiales de estudios. Deberán ser hijos de padres y madres voluntarios que estén de acuerdo con que sus hijos estudien la matemática, siguiendo los programas de alguno de los países mencionados.

En Costa Rica se han realizado ya programas de esta naturaleza. Dos docentes, por cierto, dos exalumnos de nuestra recordada profesora Doña Vivianne Rivera de Solís, tuvimos a nuestro cargo un club de voluntarios en una escuela pública : la Escuela Fernando Terán Valls, de Concepción de Tres Ríos. Tuvimos un “Club de matemática para niños esforzados”.

El club comenzó con niños de cuarto grado y terminó el sexto grado en el 2012, gracias al interés y la buena disposición de las autoridades de dicha escuela y, en particular, de la directora, Licda. Dorita Morún Méndez.

Puedo asegurarle que dar lecciones de matemática a niños que voluntariamente se proponen trabajar más que los otros, es un deleite para cualquier docente. Y que tener alumnos cuyos padres y madres desean que sus hijos trabajen más en vez de exigir que sus hijos trabajen lo menos posible, es una bendición.

Reduje mi lista a solamente tres ideas : la resurrección de la responsabilidad, el inicio del estudio de las ciencias exactas desde la temprana infancia y la idea de dar facilidades a los voluntarios. Ojalá que usted, don Luis Guillermo, decida atender estos tres principios.

El país comenzaría a ser otro desde el primer día en que fueran llevados a la práctica. Le deseo muchos éxitos en su gestión, y, en particular, muchos triunfos educativos, que son como sembrar en los corazones de todos.

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